-Licenciado, vengo a decirle que ya me voy.
-¡No inventes!, ¡cómo que ya te vas!, ¿a dónde?, ¿cuándo?, ¡por qué!
-Si Licenciado, ya me voy a la inmobiliaria, porque lo que sea de cada quién las notarias ya me aburrieron: tengo como siete años en esto y nomás no veo claro.
-Ya te aburriste de la Notaria, ¡pero si haces lo que quieres!, que no estas a gusto con Fulana, te cambio de abogado, que con Sutano, lo mismo; con todo lo que haz hecho y deshecho me has costado cómo veinticinco mil pesos y acuérdate que no te bajé el sueldo…
-Hay Licenciado, no me salga con eso que yo tengo muchos chiles que contar, fíjese nomás todas las tonterías que hace Bernardo: ¡es un inútil!, hay que decirle a cada rato como hacer las cosas y nomás no da una el pobre.
-Fíjate nada más, ¡ahora resulta que tú llevas la oficina! Pero al rato que venga Bernardo se lo dices en su cara eh…
-Claro que si Licenciado, con todo gusto.
-Mira Virgen, tu has visto cuanta gente he corrido por pequeños detalles y sabes la madre que le pago a la gran mayoría ¿sabes por qué te tengo aquí?, sólo porqué me caes muy bien, nada más por eso, y aún así me eres desleal, te vas dónde tengo relaciones, conocidos, perdóname pero qué poca madre…
-Ya estuvo bueno Licenciado, yo nomás le vine a avisar que ya mero ma voy pa que vaya viendo como hacerle.
-No Virgen, es que la verdad no se vale. Además, ya te caché: inflas los gastos, te tomas tu tiempo cuando vas de firma, y si no andas diciendo groserías y vulgaridades estás albureando con tus compañeros y el chofer…
-Por eso en cuatro ocasiones me ha llamado la atención y lo pongo al tanto que en rato chico me pasa a despedir Licenciado.
-Ni el gusto de correrte me diste Virgencita…
viernes, junio 6
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
