miércoles, abril 30

XXXV. Crónicas de un promotor comunitario IV

En 2003 no había político mas sonado que el buen Peje, que desde su irrupción en la palestra se apañó de la agenda y definió los temas a tratar. La operación de sus programas sociales corrió a cargo de la DGPC, integrada principalmente por la estructura operativa de las Brigadas del Sol. El esquema de contratación fue por honorarios, y la principal tarea de los exbrigadistas fue operar en territorio los programas sociales “del Peje”. Además de sus funciones institucionales, los promotores intervenían en acciones emergentes o “bomberazos”. Casi tres años después, los compañeros no superaban el trauma de haber repartido placas, nomás por cumplir con el compromiso hecho por el Jefe de Gobierno ¡eso es motivación chingao! Yo caí en blandito tres años después de aquella terrorífica experiencia, que ya pa 2003 se había convertido en mito. Estrenábamos programa nuevo, el PPDC, o programa de participación y desarrollo comunitario. A partir de ahí, los promos nos coordinamos también por especialidad.

Las líneas de trabajo del PPDC se dividían en subprogramas como deporte, cultura, protección civil, seguridad pública, y no recuerdo que otra mamada, el caso es que, en papel, el planteamiento se veía chido, porque servía pa involucrar a los interesados en la gestión comunitaria, el gran pedo fue que, por aquel entonces, la DGPC no tenía atribuciones para gestionar más que ni madres, bueno, digamos que gestionaban lo elemental: espacios, lonas, sillas, tablones, sonido, piñatas, balones, medallas, trofeos, los despojos del tristemente célebre programa “libroclub”, cosas así. La vida se nos iba en operar putos programas y repetir choros, como en la pinche televisión. Recuerdo que mi entrañable Elos, que había entrado a trabajar junto conmigo, la armó de pedo porque la habían integrado al equipo de deporte. Siguiendo los consejos de Yara, la valedora que nos recomendó con la Celis, fue a Coyoacán a buscar al mísmisimo Cervantes pa decirle que la pusieran el equipo de cultura ya que era historiadora y actriz. El pedo es que nunca pudo hablar con Cervantes, aunque, según me contó después, pasó frente a sus narices mientras preguntaba a su asistente por él, pero lo que si logró fue hacerlo encabornar y quemar a Celis con toda la estructura de la DGPC. Elos no duró ni dos semanas, y le agarró gran resentimiento a Rufo, quien iba a ser su zonal, ya que pensábamos que había ido de chiva con Celis acusando a Elos de indisciplinada y rejega. En realidad, nunca supimos lo que realmente sucedió.

XXXIV. Crónicas de un promotor comunitario III

A todos nos gusta el chisme, generarlo y comunicarlo, pero yo me incluyo dentro del selecto grupo de quienes disfrutan escuchar el chisme nomás por el puro morbo de poseer información “privilegiada” sobre fulana o sutano, digamos que soy un vouyerista, pero auditivo. Me encantaría exponer a mis diacrónicos lectores mi tipología del chisme, pero de acuerdo al título de entrada, me ciño a dar continuidad a mis lastimeras crónicas, cuyo estilo da saltos de la verdad a la ficción, nomas para advertirles que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, y nomás porque aquí en este blog no se quiere quemar a nadie…

Mención hice a la tipología del chisme por dos causas: 1) existen muchos tipos de chisme, inofensivos y divertidos, pero los hay también atroces, venenosos. El chisme puede ser también operativamente destructivo, tanto en forma coercitiva como instrumental, ya se use para chantajear o para “quemar”; 2) desde una perspectiva ontológica, la condición de posibilidad que da origen al chisme es el “nombre”, de ahí que si no existe el “nombre”, de plano no hay “chisme”: para que el chisme divierta, exhiba o coercione es necesario que haya un sujeto, es decir, necesario es que haya de quien burlarse o emitir juicios desfavorables.

La estructura organizativa de la DGPC, elevada por la actual administración a nivel de subsecretaria, era piramidal. En Álvaro Obregón éramos como 100 promotores divididos en siete zonas. Cada semana los diferentes coordinadores zonales reunían a su equipo en juntas de “Planeación y Participación”, que entre chorcha, camorra y lavadero servía para organizar la chamba, exhibir cínicas güevas, y por supuesto, echar chiles al desentendido y cebollas al jefe y al cumplido. Nada es en verdad más jodido. ¡Ja, Ja!

Por supuesto que a todos nos gustaba el chisme y voluntaria como voluntariamente nos encargábamos de hacerlo circular. Veris, la promotora más cumplida de Jovito, una vez me dijo que el chisme no era chisme: “hey, hey, hey compañero, cual chisme, comunicación popular mi chavo, comunicación popular”. El vampiro no pudo mas que cagarse de la risa, en aquel entonces se encontraba leyendo a Mattelart: “ja, ja, ja, ja, ja… no chingues, que cagado, comunicación popular… no mi Veris, tu si te vuelas la barda”. Veris era nuera de Malulis, y cuando yo ingresé a las filas de la DGPC, allá por 2003, me tocó la mala suerte de formar parte de su equipo, el coordinador era, por supuesto, Jovito.

Recuerdo cuando conocí a Jovito. Llegué con mis papeles al pinchurriento changarro de San Angel, después de haber ido a las putas oficinas de hacienda pa tramitar mi cédula fiscal, hasta chingado Xochimilco (perdona, Xochimilco querido, que desde que viví un año frente a la Iglesia de Santa María Tepepan me enamoré de ti). Las paredes del changarro estaban decoradas con carteles enmarcados que aludían a “La Ciudad de la Esperanza” y los programas sociales del buen Peje, había un par de sillones exageradamente mugrosos, dos archiveros grandes e igual número de escritorios uno puesto frente al otro, ocupando las esquinas al fondo del espacio. Inmediatamente el vampiro se preguntó en voz baja de que chingado mercado de pulgas habían sacado su pinche su infeliz mobiliario. Jovito usaba la computadora mientras escuchaba al príncipe de la canción, de repente el desgraciado cantaba valiendo madre el horripilante timbre de su voz. Tuve que soplarme dos o tres rolas del maldito mientras esperaba a Bera, la asistente operativa de, Celis, la coordinadora delegacional. Arriba de nuestro changarro estaba Roque Gandallita, coordinador de la región poniente, que comprendía las delegaciones Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Cuajimalpa y Contreras; un par de años después la Rata Mágica y yo nos burlábamos del buen Gandallita diciéndole el “zar de la poniente”. De repente cruzaron la puerta Bera con una chica de acento norteño, gordita, mofletuda y sonrosada, supongo que volvían de comer, venían echando chisme. “Hola SJ, como estás. ¿Ya traes tus papeles completos? ¿Fuiste a ver lo de tu cédula? ¿Ya fuiste a Coyoacán?”. Bera saludo amistosamente a Jovito, que respondía inmediatamente al saludo, quitó al príncipe en la parte más emotiva de El Triste, cedió el asiento a Bera y se escabulló por una puerta que se encontraba frente a él con la seguridad y parsimonia de un oso panda. En ese momento se apareció una muchacha nueva, igual que yo, que fue instruida rápidamente por Bera, nomás se fue la chica comenzó a vivorear con la gordita sonrosada: “esa muchacha está rete chistosita, parece que la dibujaron para el show de porky,…”, ¡ja¡, yo estuve a punto de cagarme de la risa con el pendejo comnentario: la gordita de plano que estaba ni mandada hacer pa inspirar a quien rotula un puesto de carnitas, y la Bera, pus asi que digas muy esbelta y menuda, pus nada que ver, más bien estaba como para servir de modelo a Rubens. Pero el que de plano se volaba la pinche barda era el Jovito, que era gordo y oscuro como la sombra emitida por la botarga del Doctor Simi.

viernes, abril 25

XXXIII. Crónicas de un promotor comunitario II

Eran puras estupideces, recuerdo que se armaba gran alboroto víspera los periodos de asambleas vecinales. Todo mundo se quejaba de la chinga, y aquí traigo a colación, únicamente para información de mis escasísimos lectores, que sus putas dizque asambleas consistían en montar sillitas, pasar lista y leer la información de un pendejo volantito que daba cuenta de los programas sociales: que tantas tarjetas pa los ruquitos, que tantos vales de Leche Liconsa, que tantas becas pa madres solteras, que pa desempleados, que pa “jóvenes”, que la chingada… Acto seguido, el choro del representante la tira, del operador territorial del delegado, de la “educadora de la salud”, del bueno de Participación Ciudadana, puro cábula que, a nivel de gestión, operación o toma de decisión, eran nomás puro balín. Recuerdo que dimos un tallercito allá por Torres de Potrero, corría ya el año 2005. El espacio lo prestó el buen Pablo Velarde, luchador social y experto en medicina alternativa. Recuerdo las compañeras promotoras de la zona veían con tirria al buen Pablo. “Ni modo Sabis (mis compañeras me decían así, a sabiendas que me emputaba) vamos a tener que darle espacio al pinchi viejo, es que fíjate que es medio panista”.

-(No mames ) ¿Panista? A ver, ¿cómo dices que se llama su organización? CORSAR, Coordinadora Regional del Sur. Cámara. Organización que participa en la creación de la CONAMUP, Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular. ¡Panista! ¡Ja! ¿De dónde sacan tales pendejadas caras niñas mías? No todo aquel que tira mierda del GDF es panista o priista, aún existe en el mundo gente decente, ¿qué lengua tan venenosa, oh señoras mías de párvula alma, las ha inducido a tan abominable letargo ideológico … tales pendejadas yo decía a mis compañeras mientras Pablo charlaba con los asistentes al taller sobre los proyectos de su organización. El espacio albergaba un estante con libros, una vitrina que la hacía de sex shop dónde expendía, entre otras cosas, condones de sabor marca Prudence (aguas por que se rompen), una cafetería que daba precios de risa y una especie de café-internet financiado por una ONG brasileira.


En La Ideología Alemana Carlitos Marx define la ideología como falsa conciencia, o lo que es lo mismo, como una imagen de la realidad pero patas arriba, y cuando hablamos de ideología en sentido sociológico o antropológico nos referimos, para que mis escasísimos lectores se den una idea, a todo aquel choro, texto, pretexto, mito o imagen que sirva pa legitimar el status quo, osease, el orden social. El pedo es que el atmosfera en la DGPC era muy densa ideológicamente hablando. El bueno se llamaba Eduardo Cervantes, un cábula que fue líder estudiantil del 68 y que se las daba de muy buen orador. A mi, lo que sea de cada quién, siempre me ha cagado el tono charro que usan los políticos de vieja guardia pa tirar rollo. El caso es que el buen Cervantes era todo un éxito entre el grueso de las compañeras promotoras amas de casa, que constituían cerca del 75% de la falange operativa de la DGPC; algunas señoras hasta guapo lo veían al cabrón; a mi la neta su rollo me daba rete harta güeva. Cuando me integré a sus filas, me citaron a una inducción en sus oficinas centrales, calle de Cuauhtémoc, mero centro de Coyoacán. El impacto fue brutal. Ahí tenían al pinche viejo tirando choro anticuado y mareador, invocando a la tolerancia sin dejar de sentenciar

-Aquí somos tolerantes, pero si por ahí se coló algún panista o algún priísta (sic) le digo de una buena vez que las puertas están muy abiertas. Aquí queremos compromiso con el gobierno de izquierda y con el proyecto histórico, ¡histoooriiicooo!, así gritaba enardecido Eduardo Cervantes mirando directamente a los ojos de alguna cuarentona guapa que entre el auditorio humedecía su pantaleta al compás del In crecendo. Eduardo manoteaba y se ponía rojo, al cábula le gustaba mucho armar su pancho. El tono perentorio y el énfasis empleado daban al discurso un carácter autoritario: le encantaba lanzar preguntas al auditorio que el mismo contestaba... estilo más tiránico, imposible. El vampiro horrorizado no encontraba forma de escapar a tal tortura: tuvo por desgracia que soplarse todo el choro, porque la propuesta laboral era bastante tentadora. De repente el buen Eduardo hizo una pausa, respiro profundamente y advirtió:

-Y para aquellos que estudian de una vez les digo, aquí no damos becas, aquí se viene a trabajar, por eso vuelvo a recordarles que si están aquí, es porque se comprobó que tienen compromiso con el proyecto de izquierda, que por si no lo saben, ha costado mucha sangre, me entienden, ¡saaaangreeee!, chillaba Eduardo Cervantes mientras agitaba la mano izquierda frente a su mirada vidriosa y desorbitada, guardo por medio minuto silencio, respiró profundamente y continuó: sí, en efecto, ese mismo proyecto por el que Morelos e Hidalgo ofrendaron su vida. El proyecto de Zapata, de Villa, de Cárdenas, ese mismo proyecto es el que encarna Lóóóópeeez Obrador… y fue desde aquel día que caí supe de que pie cojeaba la izquierda institucional, y le agarré muchísima tirria a la generación sesentayochera, pero no al grueso de los compañeros caídos, sino aquellos que se jactan de lidercitos y actualmente chupan sangre del gobierno o del partido. Lo que mas que caga es el carácter exclusivista que le dan al 68 como acontecimiento histórico en si: “por hacen vandalismo con pretexto del 2 de octubre”, dicen mientras rasgan sus vestiduras los herederos sesentauocheros del “pedorrismo”… ¡pinches patrimonialistas de mierda!

jueves, abril 24

XXXII. Crónicas de un promotor comunitario I

Oficialmente, yo era promotor vecinal. Fue un poco extraño. Caí por pura casualidad. Unos amigos recomendaron a mi entrañable Elos. A mi también me llamaron. Me cayó de perlas porque andaba, para variar, otra vez buscando chamba. Corría el año 2003. La propuesta sonaba tentadora. No hay horario, tu solito te organizas, es de campo, queda a 15 minutos caminando desde Filos. Nombre, pus suena chingón.

Nos organizábamos por zonas. Un coordinador zonal a cargo de quince promotores. La división territorial, por obvias razones, seguía la pauta prescrita por el IFE, y su lenguaje burocrático fue moneda de cambio entre los cuadros administrativos de la Dirección General de Participación Ciudadana. En resumen nos desperdigamos en colonias que, a mi precario entender, cumplían con dos condiciones: marginación y votos a favor de la izquierda institucional. Tiempo después me di cuenta que muchas de las organizaciones afines sólo habían cambiado de color, ya que mis camaradas “pedorristas” se montaron sobre los restos de la estructura que dejó la operación territorial del tristemente célebre PRONASOL (Programa Nacional de Solidaridad, quien no recuerda aquellos jodidos comerciales, “don Chema, don Chema, ya tenemos carretera”… ¿era don Chema?, ya ni me acuerdo tu). Cierta vez tuve que ir a parlar con una tal doña Lupe, antaño operadora del PRI y en ese entonces desencantada del efervescente pejismo. “No joven, yo no quiero que me vengan a chingar, a mi denme dinero, me vale madre la comunidá. Mire joven, años que me chingué pal puto partido, ¿y qué me dejo?, pura de aire jóven, pura de aire, si me perdona usté la expresión. Mire, ya tiene un rato que vino otro joven con chingo de carteles y putería y media que me dijo, con otras palabras, las mismas pendejadas que me acaba de decir usté, por supuesto le contesté igual que a usté: a mi denme varo, lana, dinero, billete. Si no trais dinero no me estés chingando”. Con todo y todo, la ruca tenía su personalidad, hagan de cuenta Isela Vega tal como luce hoy día y hablando como si fuera la Marquesa del la Rivera del Puto Río Guadalupe de Ampliación las Águilas Colindas Pasadas con San Clemente.

Después conocí a don Rafa (¿era don Rafa, o habrá sido don Felix o don Beto?, la mera verdad no recuerdo muy bien a cual nombre respondía aquel cábula). La misma finta, mismo choro, pero en lugar de la cantaleta sobre el varo aquí preponderaba la relevancia dentro de la política del barrio. “Yo no fui cualquier baba de perico joven, yo fui coordinador distrital del partido- me iba diciendo mientras sacaba de su cartera una credencial amarillenta con el membrete del puto PRI- mire nomás joven, pa que vea que no le miento, aquí mero dice: “Co-or-dinador, Dis-tri-tal”- me dijo mientras sostenía la credencial frente a mis ojos y señalaba con su mugrienta uña el triste título que lo acreditaba como operador social del salinismo. En la foto lucía bigote y canas al estilo J.J. Jason, pero como tirándole a un Mauricio Garcés ya muy dado a la chingada. Pa no hacer el cuento largo, digamos que las mismas mamadas que me había dicho doña Lupe me las dijo, con otras palabras, el chingao don Rafa…

XXXI. Ayer por la mañana me despertó la vecina

Me asomé por la ventana. -Buenos días. Me dijo con tamaña sonrisota.

-Buenos días, respondió el vampiro todavía medio en vigilia. Acto seguido, se estiró pegando tremendo bostezo. Después cerró los puños y restregó sus ojos retirando así la chinguina acumulada durante el sueño.

-Ay, perdona que te moleste, pero afuera está el carro de la basura. Digo, por si quieres tirarla. Me encanta la diplomacia chilanga. Es maravilloso vivir en un pueblito como mi ya entrañable Santa Lucía Xantepec (aprovecho, a colación, pa saludar a mi queridísima Lucy, que también tiene un blog. Lucy: soy tu fan número uno, no hay nadie en el jaifais que escriba tan bonito como tu). La basura llevaba semanas acumulándose. Recuerdo haber tirado hace ya varios días unos tacos de chicharrón prensado y cuero que hasta bajaban las ánimas al purgatorio. Imagino que a esas alturas ya se había incubado larva.

-Nombre, no es ninguna, ¿bonito día no? Así dijo el vampiro mientras sonreía. Sus amarillentos colmillos reflejaban por encima de la comisura de sus labios color violeta los rayos del indolente sol. El vampiro entrecerró los ojos. Muchas gracias por avisarme, voy corriendo, contestó. El vampiro traía puesta su capa, una cobija de fieltro color rosa mexicano. Tomo unos jeans que no han visto jabón en semanas. Dejó la capa y salió. La basura rebosaba alegremente de dos botes, pero eso nomas era la micha. La otra parte se desperdigaba por doquier: botellas, envases, latas, colillas. El vampiro tomó lo que pudo entre sus manos, cruzó el jardincito y después la cochera del casero. De repente se escuchó un “ahí ya viene”. A lo lejos apenas se alcanzaba a distinguir una respuesta, al parecer era una ruca de una 50 o 55 años, seguramente la vecina se estaría quejando, ya imagino: “nombre, si viera usté, son un par de muchachos que viven bajo mi casa. Se me hace que organizan misas negras o adoran al chamuco porque en las noches ponen una música como que diabólica, otras veces medio tenebrosa. Uno de ellos de repente se pone a cantar: el muy infelíz pega unos berridos que dan rete harto miedo. La mera verdá yo reconozco que hago mi licuado a las 6 de la mañana y de repente mi viejo se pone briago los domingos y canta rancheras, pero digamos que unos respeta los horarios de la gente, no que mis vecinitos, ¡jijos!, valiendo madre lunes, miércoles, jueves, cuatro, cinco o seis de la mañana.” Me imagino que ahí fue cuando dijo “ahí viene”. Di gracias nuevamente a mi vecina. La ruca del carrito, efectivamente, tenía como 55 años, portaba un chaleco naranja poca madre. Péreme tantito, orita traigo más, le dije mientras le corría una moneda de cinco varos que saqué de mi bolsillo. “¿Más, a chingá?, pus tonses va ser mas dinero”. Pinche vieja, masculló el vampiro mientras aflojaba otros cuatro varos. Volvió corriendo por la otra tanda y colmo pudo abarco toda la basura restante con sus brazos, al cruzar nuevamente la reja el vampiro vio como la chingada vieja se alejaba con talante cínico y parsimonioso. Empujaba su carrito la muy jija. Aceleré el paso y le entregué mis restos.

-Muchas gracias encanto de mujer, nunca cambies, bonito chaleco. No le tiraba la onda, sólo tenía ganas de chingar, la sangre rancia no me gusta.

-Chingue usté a su madre…

-Indudablemente eres un encanto.

miércoles, abril 23

XXX. Cosas que aborrezco de los libros

Las ediciones rústicas que no están cosidas y se deshojan con la primera leída.

Leer chingaderas a doble columna.

La colección “Sepan Tontos” de editorial Porrúa.

La literatura de superación personal y las putas autobiografías.

Las traducciones de Anagrama (¡Joder!).

Que todo puto mundo piense que leer, lo que es leer, nomás se hace en libros (¡la realidad es un texto chinago!).

De ahí que aborrezca también su jodida sacralización (por no decir fetichización).

Que haya tan poquitos buenos y que estén tan dispersos.

Por pura definición, los Best-Sellers.

Aquellos editados por McGraw Hill, Prentice Hall, Pearson o Wiley.

No se por qué, pero le traigo tirria a las novelas de Alfaguara.

jueves, abril 17

XXIX. Virgencita y Los Toquines

Fue poco antes de entrar a trabajar aquí en la Biblio del Tec. Andaba de baquetón desde enero del 2006, oscilando entre chambas deprimentes y explotadas en periodos que iban de los quince días a los casi tres meses. A pesar de estar casi tres años en el gobierno del DF nunca me acoplé, sólo nos toleramos mutuamente: ellos mi güeva, mi indolencia y mi cinismo; yo su falta de profesionalismo, su mezquindad y a su miopía electorera. Digamos que fue una relación simbiótica tirándole a parasitaría, donde ellos jugaban el papel de tiburón y yo el de rémora. El pedo es que, sumando ires y venires, duré sin trabajo como año y medio; fue una época de perros, todo mundo me hacía jetas, menos Virgencita. De repente un día me habló por fon:

-¿Quieres ir a ver a Depeche Mode?

-¡No mames! ¡Muero por ello!

-Tengo dos boletos, te veo en metro aeropuerto a las seis de la tarde.

Eran como las cuatro. Recuerdo que hasta me bañé. De camino a la cita pasé por dónde estaba pisteando La Banda. Me di tiempo de saludar y presumir: “cámara, ahí se ven, yo voy a ver a Depeche Mode”. Por ahí se oyó un “ahí güey, ¿pus de donde?”, seguido de una contundente y jactanciosa respuesta: “pus ya ven putos”.

Las entradas se las había vendido a Virgencita un cábula que de repente no pudo ir al toquín. Yo desde nenantes le había dicho que moría por verlos, cuando ví anunciado el concierto en la sección cultural de El Universal. Las entradas eran en la sección B del foro Sol, digamos que en plena cancha. El pedo es que Virgencita es demasiado pequeña, por no decir chaparra (por otro lado, yo soy bastante ñango, y así como que la pudiera cargar en los hombros, pus la neta no). Abrió el concierto una banda que la neta me cuadró, She Wants Revenge, muy a la onda Interpol, que es lo mismo que decir que se inspiran en el estilo primigenio de Joy Division (mismo que yo denomino arbitrariamente “punk estilizado”).

Depeche estuvo poca madre; traían una especie de esfera que proyectaba frases deprimentes, la mas chida fue “pain and suffering arround the world”. Azotado, techno, cyberpunk, ochentero, escuelota, underground y mainstream: Sin lugar a dudas Depeche Mode es de las bandas fundamentales del siglo XX. Virgencita todavía me invitó sendos vasos de chela casi hasta el punto de ponerme pedo, yo cantaba como un loco las rolas mas quemadas

Por ahí de octubre del mismo año tocó Morrissey, y ya tenía chamba pa invitarla. Compré boletos en lugar intermedio, no por macana, sino porque mi Virgencita está muy chaparrita y hasta delante de plano no iba a ver ni madres. Al fondo del escenario había una fotografía enorme de célebre cineasta italiano en blanco y negro. ¿Quién es ese? El vampiro se sacó de onda con la pregunta, Pier Paolo Passolini, contestó. Mi Virgencita no tenía puta idea de quien se trataba, fue un poeta que por casualidad hizo cine, yo lo nombro “el gran provocador”. ¿Oye, Morrissey es gay? Futa, jotísimo, en sus tocadas de antes los gays se trepaban al escenario y lo agarraban a besos, poco después, según él, le dio por el celibato, pero ve tu a saber. Morrissey y sus músicos abandonaron el escenariomientras la banda pedía a gritos “Irish Blood”, tanto que volvió a salir, supongo que fue plan con maña. Por cierto que muchas “locas” se quedaron con las ganas de cantar “Suedehead”. Yo por mi parte, quedé totalmente satisfecho con la selección de rolas y agradecido de escuchar en vivo “There Is a Light That Never Goes Out”. Cuando salimos del Palacio de los Rebotes, Virgencita me confesó que había sido el concierto que más había disfrutado, porque conocía todas las rolas (y como no, si había escuchado hasta el cansancio conmigo). Me dio gusto por ella, y también por mi.

lunes, abril 14

XXVIII.Entre el ocio y la rumba nos cae la penumbra

Estoy hasta la madre de…

El pinche video del emo cosquillas.

Los putos mensajes en cadena incluyendo el jaifais y demás comunidades de ociosos.

Aceptar en mis contactos del chat a supuestos lectores de mi blog que resultan ser chamacos y chamacas entre 13 y 16 años que, ni tienen puta idea que es un blog, y tampoco se de donde chingaos sacaron mi dirección de correo electrónico.

Que las chicas lindas que tengo en mis contactos del chat nomás me busquen pa cuestiones de carácter profesional.

De recibir sinnúmero de correos cargados de opiniones políticas de Juan Pitas que a nadie interesan y que si tuviera tiempo me tardaría en dar replica.

De leer vía listas de distribución a Julio Hernández López siendo que antes me tomaba el tiempo de revisarlo en un símil de amigable papel revolución.

De sentirme abrumado con la infame cantidad de resultados que arrojan los catálogos de bibliotecas universitarias gringas.

De buscar información en Internet que de plano no existe.

De los videos con más rating en Youtube.

De no tener entre mis amigos del maiespeis o el jaifais a Sergio Andrade.

Esto no entra en el ámbito cyber, pero estoy hasta la madre de la tira

Por supuesto que estoy hasta la madre del espionaje cibernético.

…y a pesar de todo sigo siendo fan del cyberpunk.

jueves, abril 10

XXVII. Virgencita.

Bertho daba un recital de vigüela en la ENAH. Fue poquito antes que estallara la huelga. No recuerdo si a fines del 98 o principios de 99. En aquel entonces salía con Naye, mi entrañable carita sonriente del Tajín. Nos topamos al Oaxaco en CU y nos corrió la voz: “cáiganle, va a estar chido, de ahí nos vamos pal chante y echamos desmadre”. Nos pareció buena idea y jalamos pa Cuicuilco, que como ustedes bien saben, queda en cortito de CU. Recuerdo que la participación de mi valedor quedaba establecida dentro de la agenda de actividades de un colectivo de cábulas que recaudaban fondos para financiar la gira de unos delegados del mismísimo EZLN. En esos ayeres Bertho, Oaxaco, Hernando, Erne y Charlo formaban una banda de rocanrol que pretendía pegarle al estilo metalero progesivo de Cinic, nomás por aquel entonces les salía medio chapucero, pero eso si, prendía bien chingón a la banda podrida del CCH Vallejo: a mí, recién salidito de Prepa 9, la neta me apantallaba y gustaba un chingo… pero volvamos a lo que nos truje, eso que ni siquiera hemos comenzado.

Resulta que Bertho daba un recital de vigüela, que es como la abuelita de la guitarra. Se aventó unas piezas barrocas, ¿o fueron renacentistas? La neta no recuerdo, pero el pedo es que tocaba y tenía el auditorio para el solito. Pero aun estamos en el momento que apenas llegaban algunos despistados a llenar las butacas, cuando escuché que llamaban de lejos al Oaxaco por su nombre de pila: “Iujuuu, aquí andamos”, dos grupis bastante simpáticas. Recuerdo que desde aquel entonces, cuando por primera vez sentí gran envidia por los músicos, fue que surgió en mi corazón aquel trauma insuperable: ¡soy una estrella de rock condenada por el destino a ser bibliotecario de consulta!

Terminó el pancho y salimos de la escuela directamente a los pulques ubicados en la acera de enfrente (que bonita la ENAH, siempre tan folclórica). Después jalamos pa la casa del buen Oaxaco la Naye, las grouppies, Bertho y algunos anexas, allá por el rumbo de La Raza. Mientras Naye platicaba con no se quien putas de la banda yo me topaba a una de las grupis:

-¿Qué tranza, de qué la rolas?

-Estudio Derecho en céu.

-Cámara, que interesante (abogadas, ¡ja!, qué mentalidad mas cuadrada ha de tener la morra… ora que recuerdo, compartimos el mismo edificio, nomás que nos separa un saludable muro, aunque la leyenda cuenta que una ves no había tal, y se podía transitar libremente de una a otra facultad, y supongo que los alumnos podían intercambiar puntos de vista, y uno que otro madrazo, ¿si no, pa qué chingaos poner un muro?), fíjate que yo voy en Filos, estudio Historia, toy en primer semestre.

-¿A si? Pues yo voy en cuarto, y estoy haciendo mi servicio social en la Revista de la Facultad de Derecho.

-¿Cómo te llamas?

-Virgen.

-(¡Ja! No mames) ¿…?

-Sí, me llamo Virgen. Es que mi papá es muy católico, y no me deja salir, y no me deja tener novio.

-¿Tons qué chingaos haces aquí, con esta bola de locos?

-Pus ya ves, me las ingenio para darme mis escapadas. ¿Oye, en Filos dan Teología?

-No, bueno fuera, fíjate que siempre me interesó esa mamada, pero aquí en México pa estudiarla sólo hay dos opciones, o ser cura, o tener el varísimo pa pagar una escuela confesional; por mi lado no tengo un puto quinto, y eso de ser cura… ¡ni madres! (aunque debo confesar que de morro, pero de muy morro, me imaginaba de misionero evangelizando aborígenes en la selva, era asiduo visitante de la iglesia, por propia voluntad, aunque fui a tres cursos de catecismo y ninguno terminé, por eso nunca hice la primera comunión. Lo mas cagado del asunto es que mi familia no es practicante, posiblemente los Segura seamos arquetípicamente reacios a la institución, porque a la iglesia nomás nos vamos todos a bautizar y unos escasísimos a casar).

-¡Ja! Mi papá no sale de la iglesia. A mi también me hubiera gustado estudiar Teología. Pero elegí Derecho. Yo fui en desde la secundaria en Prepa 2, mi papá es Bibliotecario y trabaja en Facultad de Ciencias

-Órale, que chido, Ciencias. (¡Cieen-ciaaas, Cieen-ciaaas, chicharrón con pelos chicharrón con pelos, Cieen-ciaaas ¡hueevoooos!, ¡hueevoooos!, ¡hueevooos!... No hay porra más bonita, ni gente más combativa, loca y chida que la de Facultad de Ciencias.)

De repente interrumpimos la plática, Naye se tenía que ir, a mi encantadora belleza totonaca aun la regañaba y ya pasaban de las diez de la noche; ella vivía en Coyoacán, a unas cuadras del Exconvento de Churubusco, la acompañé al metro, de regreso me topé con Virgencita.

-¿Qué onda con tu amiga, ya se fue?

-Simón, ¿tu pa dónde vas?

-Atizapán de Zaragoza.

-(No mames…)

-¿Qué, esa cara qué?

-No, pus suene rete lejos, porqué no te quedas, no hay pedo con el Oax, yo creo que la fiesta da pa largo.

-No, no inventes, mi papá me mata, ya me voy, cuídate mucho, nos vemos en céu.

-Espero que si.

Virgencita y yo nos volvimos a topar en algunas ocasiones camino al metro Copilco, afortunada casualidad; el trayecto lo aprovechábamos pa darnos sendos fajadones valiendo madre la hora pico. Irremediablemente la topaba con unos esquites en la mano, y a pesar que nos íbamos “metiendo mano”, no los mostraba, derramaba ni probaba mientras llegábamos a Hidalgo, que era dónde ella bajaba pa transbordar a Cuatro Caminos. Por azares del destino nos dejamos de ver como cinco años, pero yo creo que para bien, porque nos volvimos a encontrar y ahora estamos juntos, no se si para mal de ella y para bien mío, porque en mis mocedades yo fui compañerito de banca del mismísmo chamuco.

jueves, abril 3

XXVI. Hitos de mi formación académica.

Fueron en verdad pocos. Digamos que mi formación básica sólo sirvió para distraer a mi diletante e inquieto corazón. Me gustaban las matemáticas por si mismas, me entretenía resolviendo los ejercicios del Baldor. En la secu tuve un profe de física de gran prurito ético, que distrajo mi atención de dicha ciencia porque, según él, su misión se limitaba a lo puramente “formativo”: que las hojas del cuaderno contaran con su respectivo margen, número de folio y fecha. Que nuestras transcripciones íntegras del libro de texto se acompañaran con sendas ilustraciones, eso si, dibujadas a puro pulso. Fue hasta que llegue a Prepa 9 que me enteré que la física era lo mismo que las matemáticas, y que las matemáticas son pura lógica, y que la lógica es una rama de la filosofía, por supuesto que eso no me lo dijeron en clases. Nada de eso me fue útil, y hoy día ya se me olvidó. Pero estábamos en la secu. Él único profe que me enseñó algo útil fue Carlitos, “el oso”, cómo todo mundo le decía. El pinche osito era profe del taller de fotografía y con él hicimos una caja de contactos y aprendimos a revelar películas. Cuando había partido del León le valía madre la clase y quienes querían ver el pambo se quedaban en el laboratorio y los demás salíamos al patio a echar desmadre. En la Prepa sólo aprendí maldades, muy útiles, pero no encajan dentro de lo estrictamente académico.

Después de la chorcha preparatoriana llegué a CU. Recuerdo que la profesora adjunta de la maestra Villegas me enseñó a escribir reseñas; era el primer semestre y mas de la mitad del grupo no teníamos puta idea de cómo escribir una. Me da pena no recordar su nombre porque es una buenaza que en ese entonces estudiaba la maestría y supongo que sigue investigando. Ya había pasado la época de la indolencia y el “copipeist”, y me di cuenta que no había lugar más cálido para un diletante que el tristemente célebre Colegio de Historia en Filos. La biblioteca de Filos es horrorosa, pero ahí me encontré a otro maestro, don José Ortega y Gasset, que de forma indirecta me enseñó a leer filosofía. No puedo olvidar a mi queridísima maestra Teresa Poncelis, que me nos quiso enseñar a ser profes y desató mis inquietudes metacognitivas, que sin ella aún permanecerían ocultas. Alejandra es inolvidable porque me enseñó a escribir: era mi maestra de latín y juntos tradujimos fragmentos de La Guerra de las Galias de César. Si algo me enseñó la escuela en su conjunto fue la técnica: aprendí a citar, a plagiar y a investigar, que digamos son competencias básicas en la llamada “era de la información”.

¿Cómo ver la utilidad desde la perspectiva de un vampiro de tendencias diletantes, qué se regocija precisamente en aquellas cosas inútiles que a nadie interesan? ¿Será una respuesta evasiva al proceso de racionalización capitalista? ¿Será una forma inocua de sublimar pulsiones utópicas que de otra forma resultarían escandalosamente subversivas? Nel, se me hace que nuestro enfoque se ubica más cerca del onanismo dialéctico que del materialismo histórico. Pero lo que si es un hecho es que los diletantes no cabemos en ningún sitio, por no encajar dentro de los “perfiles de puesto”… nuestro futuro laboral es por demás incierto. Afortunadamente soy Bibliotecario y estoy feliz con ello.

(Paréntesis)

Elis es capaz de recitar diálogos íntegros de Don Gato y su Pandilla. Recuerdo que nos divertíamos haciendo trivias, por supuesto ella preguntaba:

-¿Quién dice así?: “a ver espiga, métete a la cama”.

-¿A chinga? No pus no me acuerdo.

-Ja Ja Ja, la enfermera que atiende a don Gato cuando supuestamente está moribundo.

-Cámara, a güevo, tienes razón.

-A ver esta otra: ¿quién canta “oh madre de blancos cabellooos”?

-Ésa si me la sé: todos se la cantan a la mamá de Benito cuando llega de visita y se la chorean con que es el alcalde de la ciudad.

-Ja Ja Ja, perfectamente bien contestado.

-Otsss, a güevo, si hasta las llaves de la ciudad le dan a la doña.

-Huy huy huy, no muy chingón. A ver: ¿quién dice: “soy un ma-ma-aní, soy un ma-ma-aní”.

-Ñiaaa, esa está re fácil, el pinche Demóstenes que estaba disfrazado de cacahuate. Es un capítulo bien cagado donde Benito se encuentra un caballo que sale echo la chingada cuando oye una campana.

-Nombre, tu si estas cabrón… mmm, a ver: ¿de quién chingaos es el disco que suena mientras Benito hace el pancho de que toca el violín?

-Nombre, de quien más sino del mismísimo Lazlo Lozla.

-¡Ja! Me dejas sin palabras tortuga.

-Quiubo, y eso que tiene un chingo que no los veo.

Nos tendimos en la cama y reímos a rabiar. Hoy día, a pesar que cada quien anda por su lado, creo que nos sigue vinculando el gusto por las mismas idioteces.

miércoles, abril 2

XXV. Gracias por los tangos.

A Karlita
Si, yo vi el disco tirado, abandonao, sobre una alfombra gris, tan gris como la calle donde fue encontrado el “bandoneón arrabalero, viejo fuelle desinflado”. No era pues, de madrugada, pero ahí lo vi, emitiendo prismáticos reflejos de sol. No pude resistir la tentación y lo recogí. Era un CD de tangos, cuyo membrete aludía a “Dos Ídolos” del género. ¿A quienes refería y cual era el genio que a dicho disco correspondía? Ni puta idea. Sólo se que dos rolas llamaron mi atención: Cuesta Abajo y Yira Yira, del compositor Enrique Santos Discepolo. Rolas miserablemente tristes, espacio donde la esperanza se hace trizas. Me encantan. Volteé para ver a Karlita:
-Cámara, te laten los tangos.

-La verdad no mucho, si quieres te lo regalo.

-¿A chinga? No, cómo crees. Es original y está en buenas condiciones.

-No, de veras. Quédatelo.

-¿Tons no te gustan?

-No es eso. Es una larga historia. Después te contaré.
Íbamos en su coche, un Ford Ka. Karlita andaba en busca de un departamento, quería vivir, de preferencia, cerca de la chamba. Me preguntó por chat si sabía dónde se ubicaba un prospecto: Avenida Desierto de los Leones, colonia Tetelpan: “me dijeron que tomara por los puentes” me aclaró. Yo le contesté “simón, pero orita hay rete harto tráfico”. Ella me preguntó: “¿sabes cómo llegar? ¿Me acompañas? “. Yo le respondí que si, que de paso me lanzaba para CU porque tenía que tomar un curso a las cuatro de la tarde. Pasó por mi a la Biblioteca y una vez en marcha le pregunté: “¿tomamos los puentes o nos vamos puebleando?”. Ella eligió la segunda opción: “vámonos por todo Tamaulipas hasta dar con San Mateo, de ahí jalamos pa Santa Rosa. Una vez en Santa Rosa agarramos Desierto de los Leones pasando por San Bartolo y de ahí bajamos a Tetelpan, ¿Cómo ves?”. A Karlita le pareció buena idea, y fue en aquel instante que recogí el dichoso disco.
El tango es triste porque nació en “el arrabal”: los barrios bajos de Buenos Aires, hogar de padrotes, pirujas y ladrones. El tango primero fue música y baile; a principios del siglo XX comenzó a tener letra, recitada en lunfardo: el dialecto del ladrón. Por eso pa entender la letra de los tangos tempraneros hay que consultar el diccionario. El instrumento por excelencia del tango es el bandoneón, primo hermano del acordeón, acompañado por violín y piano. Yo no soy experto en tangos, pero a mi exesposa le encantan: conserva y disfruta una increíble colección en diversos formatos: acetatos, Cd’s, cintas…
El tango fue música de lacras, música underground, de resistencia, digamos que fue contracultura, pero alcanzó altos grados de sofisticación: la música de Astor Piazzola se interpreta por conjuntos de cámara y es ejecutada en salas de concierto. Todo parece indicar que en la actualidad (mi formación de historiador me permite adjudicar al término “actualidad” un rango temporal mínimo de cientociencuenta años a la fecha), la música de vanguardia se ha generado en el underground. el Jazz, el Blues y el Hip-Hop. El reggae y el Punk, el Tecno, música del barrio, música rudimentaria de los marginados: tierra y arena que es oro molido desde la perspectiva del historiógrafo.
Cuando llegamos al lugar nos topamos con el prospecto de casera: imagen horrorosa: blue jeans y camiseta blanca. Anteojos, pelo teñido de rojo y cola de caballo. Entre cuarenta y cinco y cincuenta años: casi seguro que dos hijos: hombres, diecinueve y veinticinco. Señora torbellino pocas pulgas: la casera del terror. El espacio en cuestión parecía un hotel de pueblo colonial, donde los departamentitos se acomodaban en tres plantas erigidas alrededor de un patio central. El departamento se ubicaba hasta el fondo de la última planta. La casera parloteaba sin parar comentando las ventajas que Karlita obtendría por rentar el espacio:
-Aquí no viven vagos, puros estudiantes y trabajadores, y por el carro ni se preocupe que por eso pagamos vigilante toda la noche
-O sea que no hay estacionamiento- interrumpió Karlita.
-Ni falta que hace, si algunos de mis inquilinos traen buenos carros, se queda un Peugot, un Bettle, un Honda y hasta un Ka verde como el tuyo.
-Y se me hace que han de armar sendos reventones, si el patio está re puesto. Ya me imagino ahí en el patio la hielera con las chelas y la musicota y el cotorreo estudiantil. –comenté con la intención de medir el agua a los camotes.
-No, para nada, si todos saben que eso aquí está estrictamente prohibido: nomás se les ocurre y los pongo a todos de patitas en la calle- dijo perentoriamente la terrorífica-casera. Yo dentro de mi pensé: “esta pinche vieja ha de cerrar la puerta a las diez de la noche después de soltar a los perros, ¡hay nanita que miedo!”.
Karlita y yo salimos de aquel deprimente lugar, y como todavía quedaba tiempo me ofrecí a indicarle la ruta de vuelta; tomamos por río Guadalupe para subir a calzada de la Águilas, una vez ahí no había pierde. Me despedí de ella y tomé mi disco de tangos. No se Karlita, pero por mi parte estaba feliz con la idea de no pisar ese sitio jamás, y nunca tenérmelas que ver con una casera tan horrenda, que no me dejaría invitar a mis cuates a cotorrear, o poner mi disco de tangos a todo volumen mientras canto mi vampírico dolor, u organizar una fiestota con todos los inquilinos y además invitar a una bandota de locos extravagantes que nunca deben faltar en toda buen reventón. Qué vida más miserable si no.