A Margarita, discípula y carnalita del alma, nomás porque le gusta como hablo de mis exnovias
Recapitulo mi experiencia con las sectas izquierdosas, empecemos por el primer y terrorífico encuentro. Cursaba primer semestre de la licenciatura en historia y corría el año de 1998. Recuerdo que iba caminando con la Naye, uno de mis primero amores, cruzabamos el pasillo que separa "La Escuelita" de Derecho de la edificio que ocupa la Facultad de Economía; fue ahí nos topamos a una militante del movimiento espartaquista, portaba megáfono y varios ejemplares de la revista Espartaco. A su alrededor se aglomeraban algunos cábulas y dos que tres despistados.
-Compañeros, necesario es involucrarse con la lucha de las masas y vincularse a los sectores obrero y campesino para desencadenar así un movimiento lo suficientemente sólido que origine un proceso revolucionario a gran escala que...
-Mira nomás que mamadas habla-, decía el yo mero a la Naye como quien busca apantallar a una chica desmadrosa y encantadoramente inocente, -pinche rollo trasnochado y caduco, esa niña se siente Lenin hablándole a los campesinos rusos.
La militante espartaquista era rubia, de ojos oblicuos y pómulos angulosos, digamos que era una muñequita Cabage Patch bastante crecidita. Simpática y de lengua hábil. De primera vista me dejó impactado, tanto así que en ese momento hubiera dado la vida por saber vicisitudes, detalles pormenores y anécdotas tanto de la Revolución Rusa como de la Guerra Civil Española, nomás pa tener con que tirarle un rollo mareador, pero en aquel entonces mi mente estaba en blanco . Mientras yo elucubraba tales disparates nuestro encanto espartaquista seguía su perorata:
-...tenemos que trabajar con sindicatos y organizaciones populares como prerrequisito indispensable para consolidar un movimiento de vanguardia lo suficientemente sólido como para...
Paramos frente a la entrada de la Facultad de Economía, el encanto espartaquista terminó su discurso y pasa el megáfono a otro militante izquierdoso. Se acerca a nosotros como quien tiene la esperanza de pescar almas.
-¿Qué tal compañeros? Los invito a una marcha por la liberación de Mumia Abul Yamal, que ha sido condenado a muerte injustamente. Creemos de principal importancia para el movimiento de masas la lucha por la defensa de los derechos humanos, y en el caso del compañero Mumia se está cometiendo una injusticia porque ha sido condenado por una oligarquía mezquina y...
-Simón amiga,- dije yo interrumpiéndola abruptamente, -pero la causa que tu sigues está bastante trasnochada. Yo creo que es mejor dejarnos dominar por el espíritu desparpajado de la fiesta y el desmadre, ¿pa que luchar? ¿Qué sentido tiene? ¡Qué pinche hueva! -Dije yo con ánimo e intención de apantallar a la Naye y a la muñequita rubia tipo Cabage Patch que tenía enfrente.
Acto seguido, el encanto espartaquista me vió como quien mira a un miserable gusano, concentrando todo su desprecio en la pupila de unos ojos que incrédulos me observaban. Con el color subido a la cara dio media vuelta y se marchó. Después me ignoró olímpicamente y siguió con su comprometidísma labor de cara al próximo adviento de la revolución proletaria
- ¡Socialismo si, capitalismo no! ¡Libertad a los presos de conciencia! ¡Liberen a Mumiaaaaa!- se fue gritando el encanto espartaquista, como aquella bella que tiene que tolerar circunspecta y lacónicamente el respectivo y cotidiano recargón de camarón en el metro. Después de esa reacción me sentí como el más estúpido de los mortales. Naye se burló abiertamente de mí, con esa actitud punk que siempre trajó a flor de piel:
-Ja Ja! eso te pasa por pinche hocicón. Además no te hagas güey, la chavita te gustó y querías apantallarla. ¡Ja! Lástima que eres medio güey.
Por supuesto que no tuve cara ni palabras para contestarle. Me sentí como cuadro de exposición al aire libre: indefenso y a la vista de todos.
La Naye fue mi primera novia de a deveras. Era chaparrita, morena, de sonrisa y personalidad encantadoras. Roló con la banda punk de Coyoacán, destacando como uno de sus miembros más conspicuos, allá por los noventas. Se jactaba de haber terminado la prepa en los tres años reglamentarios, con promedio de nueve, "y echando desmadre", decía. Claro que yo antes le había confesado mi promedio general de bachillerato universitario, que fue ni más ni menos que el número de la bestia: 6.66. La Naye era mi "carita sonriente del Tajin", mi "encantadora belleza mexicana". Recuerdo que su sonrisa totonaca iluminaba mi día. Recuerdo también que se la bajé a un punk bien broncudo y buenísimo pal trompo que la adoraba y amaba con locura, mismo que prometió cierto día partirme la madre por ello. Asimismo recuerdo también que la Naye se fue de repente de mi vida, amor de primer semestre. Nunca cortamos ni nos dijimos adiós. Después la llegué a topar en contadas ocasiones e inevitablemente nos perdimos entre besos… amor inconcluso y nostálgico al fin y al cabo.
