martes, enero 29

XXI. De amores, nostalgias y sectas izquierdosas

A Margarita, discípula y carnalita del alma, nomás porque le gusta como hablo de mis exnovias
Recapitulo mi experiencia con las sectas izquierdosas, empecemos por el primer y terrorífico encuentro. Cursaba primer semestre de la licenciatura en historia y corría el año de 1998. Recuerdo que iba caminando con la Naye, uno de mis primero amores, cruzabamos el pasillo que separa "La Escuelita" de Derecho de la edificio que ocupa la Facultad de Economía; fue ahí nos topamos a una militante del movimiento espartaquista, portaba megáfono y varios ejemplares de la revista Espartaco. A su alrededor se aglomeraban algunos cábulas y dos que tres despistados.
-Compañeros, necesario es involucrarse con la lucha de las masas y vincularse a los sectores obrero y campesino para desencadenar así un movimiento lo suficientemente sólido que origine un proceso revolucionario a gran escala que...
-Mira nomás que mamadas habla-, decía el yo mero a la Naye como quien busca apantallar a una chica desmadrosa y encantadoramente inocente, -pinche rollo trasnochado y caduco, esa niña se siente Lenin hablándole a los campesinos rusos.
La militante espartaquista era rubia, de ojos oblicuos y pómulos angulosos, digamos que era una muñequita Cabage Patch bastante crecidita. Simpática y de lengua hábil. De primera vista me dejó impactado, tanto así que en ese momento hubiera dado la vida por saber vicisitudes, detalles pormenores y anécdotas tanto de la Revolución Rusa como de la Guerra Civil Española, nomás pa tener con que tirarle un rollo mareador, pero en aquel entonces mi mente estaba en blanco . Mientras yo elucubraba tales disparates nuestro encanto espartaquista seguía su perorata:
-...tenemos que trabajar con sindicatos y organizaciones populares como prerrequisito indispensable para consolidar un movimiento de vanguardia lo suficientemente sólido como para...
Paramos frente a la entrada de la Facultad de Economía, el encanto espartaquista terminó su discurso y pasa el megáfono a otro militante izquierdoso. Se acerca a nosotros como quien tiene la esperanza de pescar almas.
-¿Qué tal compañeros? Los invito a una marcha por la liberación de Mumia Abul Yamal, que ha sido condenado a muerte injustamente. Creemos de principal importancia para el movimiento de masas la lucha por la defensa de los derechos humanos, y en el caso del compañero Mumia se está cometiendo una injusticia porque ha sido condenado por una oligarquía mezquina y...
-Simón amiga,- dije yo interrumpiéndola abruptamente, -pero la causa que tu sigues está bastante trasnochada. Yo creo que es mejor dejarnos dominar por el espíritu desparpajado de la fiesta y el desmadre, ¿pa que luchar? ¿Qué sentido tiene? ¡Qué pinche hueva! -Dije yo con ánimo e intención de apantallar a la Naye y a la muñequita rubia tipo Cabage Patch que tenía enfrente.
Acto seguido, el encanto espartaquista me vió como quien mira a un miserable gusano, concentrando todo su desprecio en la pupila de unos ojos que incrédulos me observaban. Con el color subido a la cara dio media vuelta y se marchó. Después me ignoró olímpicamente y siguió con su comprometidísma labor de cara al próximo adviento de la revolución proletaria
- ¡Socialismo si, capitalismo no! ¡Libertad a los presos de conciencia! ¡Liberen a Mumiaaaaa!- se fue gritando el encanto espartaquista, como aquella bella que tiene que tolerar circunspecta y lacónicamente el respectivo y cotidiano recargón de camarón en el metro. Después de esa reacción me sentí como el más estúpido de los mortales. Naye se burló abiertamente de mí, con esa actitud punk que siempre trajó a flor de piel:
-Ja Ja! eso te pasa por pinche hocicón. Además no te hagas güey, la chavita te gustó y querías apantallarla. ¡Ja! Lástima que eres medio güey.
Por supuesto que no tuve cara ni palabras para contestarle. Me sentí como cuadro de exposición al aire libre: indefenso y a la vista de todos.
La Naye fue mi primera novia de a deveras. Era chaparrita, morena, de sonrisa y personalidad encantadoras. Roló con la banda punk de Coyoacán, destacando como uno de sus miembros más conspicuos, allá por los noventas. Se jactaba de haber terminado la prepa en los tres años reglamentarios, con promedio de nueve, "y echando desmadre", decía. Claro que yo antes le había confesado mi promedio general de bachillerato universitario, que fue ni más ni menos que el número de la bestia: 6.66. La Naye era mi "carita sonriente del Tajin", mi "encantadora belleza mexicana". Recuerdo que su sonrisa totonaca iluminaba mi día. Recuerdo también que se la bajé a un punk bien broncudo y buenísimo pal trompo que la adoraba y amaba con locura, mismo que prometió cierto día partirme la madre por ello. Asimismo recuerdo también que la Naye se fue de repente de mi vida, amor de primer semestre. Nunca cortamos ni nos dijimos adiós. Después la llegué a topar en contadas ocasiones e inevitablemente nos perdimos entre besos… amor inconcluso y nostálgico al fin y al cabo.

miércoles, enero 23

Vigésima

Sobra la tecnocracia, sus mitos y cosas aun peores


¿Qué es un héroe? El relato de sus aventuras siempre toma la forma del mito. El mito tiene una función fundamental: ofrece un relato que sirve de pretexto a la cohesión social. Sólo un tecnócrata radical de los más miopes concibe un imaginario social sin mitos, o incluso pretende ignorar la existencia de tal imaginario. Frente a los mitos fundadores (el surtido es rico, prolífico y variado: el águila y el nopal, la Virgencita de Guadalupe, La "Independencia" (sic), La "Revolución" (sic), El "Milagro" Mexicano) el tecnócrata desde la cúspide del poder, ya sea del gobierno o la academia, grita: ¡eso es pura conjetura! ¡Puros cuentos chinos! ¡Eso es ideología! ¡Puros pinches mitos!


Desgraciadamente la tecnocracia tiene razón. Decía don Andrés Molina Enríquez (1909) que los criollos inventaron el mito del cura Hidalgo para legitimar su dominación sobre indios y mestizos, si no, ¿porqué no remitir la paternidad de la patria a un mestizo tirándole a mulato como el generalísimo Morelos, casi un hombre de Estado? (y conste que el apelativo es nomás por hacerle justicia al cura de Carácuaro, porque estado como tal, pus nomás no había). El mexicanismo escudo nacional que da cuenta de la fundación de Tenochtitlán resulta ser puro balín, porque él águila originalmente no devoraba una serpiente, sino el espinoso fruto del nopal, la tuna, símbolo del corazón del hombre. La culebra fue traída a colación por los monjes, ya que el imaginario católico servíase de tal reptil para simbolizar al mismísimo chamuco. Vuelve a escena el tema de la dominación: los mitos, además de servir de pretexto a la cohesión e identidad del grupo, sirven para explicar y legitimar las relaciones de poder dentro del mismo. Pero el mito que recibió y aun recibe, el ataque feroz de una rabiosa tecnocracia es y ha sido el de la "revolución mexicana", mito que a su pesar se institucionalizó, no sólo en el imaginario, sino en las mismísimas leyes (los artículos 3, 27 y 123). Es esta mixtura, que en buena parte es mito y andamiaje institucional y por otra aparte es válvula de escape para el descontento social, la que nos da cuenta del carácter tan peculiarmente surrealistas de nosotros los mexicanos.


Miope por definición, la tecnocracia todo lo reduce al nivel del dato duro y estadístico, la metodología científica y la encuesta de campo. Cabe señalar que todo lo que escape a sus refinadísimas herramientas e instrumentos y no pueda mensurarse de plano no existe. Pero por más contradictorio que el asunto resulte, la tecnocracia también cuenta con mitos propios, igualitos a los del nacionalista trasnochado o del populista izquierdoso. Mitos como el de La "Mano Invisible"(sic), el mercado como "Distribuidor de la Riqueza" (sic, la Providencia palidece), el Altruisimo (y demás formas pías de lavar lana), el "Desarrollo Sustentable", el "Capital Social", el “Libre” Comercio... Los tecnócratas creen que sus mitos no son mitos sino ciencia, lo que pretenden ignorar es que el gran Carlitos Marx creía lo mismo del marxismo, y al igual que ellos veía con recelo toda ideología, denominándola "falsa conciencia". Por eso no existe nada mas ideológico que negar las ideologías, porque hasta el evangelio dice: "señalas la paja en el ojo ajeno, pero no ves la viga que traes en el vuestro". Todos tenemos ideología, hasta los tecnócratas de la derecha (porque los hay también de izquierda, como chingaos no, si no pregúntele a Marcelo) que la niegan proclamando su fin la tienen, una ideología mezquina, inconciente, individualista y depredadora, que encuentra el origen de una miseria estructural en la holgazanería y el supuesto valemadrismo del jodido. Lo mas patético del asunto es que después viene fulano a restregarle en cara al estructural jodido su historia de éxito, a ese mismo estructural jodido que vive en la sierra o el valle, pero que no habla español y que nunca ha visto una preparatoria (ya no digamos secundaria, por no exagerar) ni mucho menos una computadora, que cuando puede siembra su maicito, su frijolito y sus chilitos, y que no sale de esa pinche vida miserable. Frente a este folclórico cuadro, nuestra exitosa y competitiva aristocracia del mérito se queda sin palabras para denominar el origen del atraso de los sectores históricamente marginados. Todas las historias de éxito comparten trama y argumento, su estructura narrativa es idéntica, tanto así que si conoces una ya te puedes ahorrar la güeva de soplarte todas las demás. Yo lo se, son horrendas.


Para un citadísimo hermenéuta, la ideología es una de las dos respuestas del imaginario social, es el conjunto de mitos, textos y símbolos que legitiman al estatus, la ideología les dice a todos nosotros: quédense donde están, no se muevan, si no, no van a salir en la foto. La otra respuesta del imaginario social es la utópica. La utopía no es un cuadro, ni una foto, sino un esbozo, la posibilidad de un trazo, pero también es negación y al mismo tiempo cuestionamiento de dicho estatus. Es en este sentido que el arte resulta ser la expresión material de la utopía, una solución imaginaria a las contradicciones de la realidad. Es por tal motivo, creo yo, que toda nueva forma de expresión artística deba ser escandalosa y subversiva. Pero todo esto, como mis escasos lectores ya lo saben, les vale madre a los tecnócratas.

jueves, enero 10

La Número Diecinueve

Sobre el cine de Jim Jarmush

No me gusta reconocer favoritos, pero la neta las peliculas de Jim Jarmush me parecen lo mas divertido y chingón del mundo. Fue mas o menos el año pasado que me encontré con una de sus películas, o mejor dicho, me la presentaron. Fue Moník (*) quien despertó mi vampírica curiosidad (que no es mas que lo mismo que ese sentimiento que ustedes denominan morbo). Moník revisaba el estante de películas, que por aquel entonces estaba situado justo frente al módulo de circulación. Estabamos en la Biblioteca.

-¿Ya viste esta?- me dijo al mismo tiempo que ponia frente a mis ojos la austera y rojinegra portada de un DVD, Stranger than Paradise tenía por título.

-Nel, ¿de que chingaos trata? Le respondí nomás por quedar bien.

-Véla- me dijo como quien disfruta de sembrar incertidumbres. Hoy por hoy no puedo negar que tanto el tono imperativo como la actitud de la asesora sedujeron al vampiro.

-Simón, ya estás- respondí. Tome la caja del DVD y la coloqué junto al teclado de la computadora. Moník tomó sus libros y se fue. Ya instalado en casa ví la película, esa misma noche, como si la orden me la hubiera dado estando yo bajo estado (sic) de hipnosis. Fue una acción mecánica e inconciente, el DVD se reprodujo, la película corrió. Un filme en blanco y negro con argumento y trama simple, pero con resonancias magnéticas y lugares comunes entrañables. Fue ahí cuando caí en cuenta que Jarmush no era cineasta sino poeta, y aprendí que se puede dibujar con las letras y escribir con las imágenes.

Conocida en español como Extraños en el Paraíso, la segunda película de Jim trata sobre un inmigrante húngaro recién llegado a la tierra de los gringos que responde al nombre de Bela (no hay nombre húngaro mas célebre en gringolandia). Resulta que Bela quiere olvidarse de su origen americanizando su nombre de pila y consumiendo comida precongelada para horno de microondas. Para su desgracia recibe la visita de una prima recién desempacada del terruño que resulta ser fan de Screaming Jay Hawkins, un maravillosos y emotivo blusero que canta desde aquel espacio ubicado en el punto donde convergen tripas, hígado y corazón. Nada mas gringo que el blues y nada mas gringo que un inmigrante húngaro llamado Bela. El cine de Jarmush es redondo, no deja cabos sueltos de trama o argumento. Plásticamente es poético: el encuadre es un lienzo que deja lugar al esbozo y la utopía, no es para nada, una estática fotografía.

La segunda película que vi fue Dead Man, un western protagonizado por Jonhy Deep. Un contador de la costa este llega a la tierra de los pioneros. El dueño de una mina le había escrito una carta invitándole a desempeñar su profesión contador. Llegando al destino recibe sólo burlas. Nuestro amigo responde al célebre nombre de William Blake, homónimo del nuestro entrañable y primigenio poeta maldito. Esa noche Billy cae en los brazos de una puta. Era la novia del dueño de la mina. Bill se mete en pedos y mata por casualidad al hijo del cacique del pueblo. Bill tiene incrustada una bala en el corazón, alojada e unos de sus ventrículos vitales. Herido de muerte se convierte involuntariamente en pistolero. Lo rescata un indio ladino, que de niño había sido llevado en cautiverio rumbo a Londres. Se le instruyó en las letras y literaturas inglesas: conocía de puño y letra al verdadero Blake:

-Yo te conozco. tu eres poeta, yo te leí. le dijo el ladino al contador recién convertido por necesidad en pistolero.

La tercera, Down by Law. Alucinante, divertidísima y conmovedora. Protagonizada por Tom Waits, John Lurie (el mismísimo Bela de Stranger than Paradise, que resulta ser estupendo saxofonista) y Roberto Benigni. tres desafortunadas y estúpidas historias que convergen en la cárcel. Pero la joya de la corana es Ghost Dog: The Way Of The Samurai, protagonizada por Forrest Whitaker y que da cuenta de la historia de un singular sicario que tiene por guía la ética del samurai. Vi a medias Una noche en la Tierra y Café y Cigarrillos, obras de un Jarmush multipremiado y consagradísimo.

Para concluir no me queda mas que agradecer a Moník la afortunadísima recomendación, pero sobre todo quiero agradecer a Jim, porque demuestra que el buen cine no debe ser por fuerza solemne, complejo o aburrido, y que puede tocar a las fibras más sensibles del espíritu humano de una forma por demás delirante y divertida.

(* Profesora encantadora y simpatiquísima bloguera, que ya nos ha deleitado con dos buenísimas entradas http://monikpenaloza.blogspot.com/ ¡seguimos (sigo) a la expectatativa de tus letras!)

martes, enero 8

Decimoctava...

... de un vampiro que gusta seguir hablando del coctel


Yo era promotor comunitario. Corría el año 2004 y me encontraba sentando nalga en el Centro Cultural Jaime Sabines. Nos habían convocada a un foro sobre la "Ley de Participación Ciudadana" para nuestro querido DeFectuoso. Quien se encargaba de aquel asunto en la Asamblea y exponía sus razones en el foro, era Aleida Alavés, diputada local por el PRD. No dijo absolutamente nada nuevo, o nada que no nos hubieran previa, redundante, tautológica e insistentemente reestregado en nuestros talleres semanales de "formación y capacitación". Como a mitad del soporífero rollo de nuestra desafortunada ponente me topé con Maron y Cara, dos entrañables y queridísimas vampiritas.

-¿Qué tranza Sabis? ¿Qué güeva de rollo no?- me dijo Cara con ese encantador desenfado que siempre la ha caracterizado.

-¿Simón valedora? ¿Qué les parece si nos hacemos perdedizos y nos vamos a cotorrear?- les propuse no sin malicia e intención.

-Oye, pus eso suena re bien- dijo Marón como despertando de un letargo milenario.

-Pus ya están. Cómo no quien quiere la cosa nos vamos juyendo de aqui y nos vemos ayá afuerita, en el paradero de la Palma. Ahí agarramos el micro pa Chapultepec. Las invito al Castillo.

-¡A chingá! ¿A cuál Castillo?- preguntó mi queridísma Cara con la ingenuidad de un niño.

-Pus al de Chapultepeeeec- dijo el que estas líneas escribe con el tono característico de quien hace burla al que "no entiende" (¿?).

Pues dicho y hecho. Nos vimos en La Palma, tomamos los tres el respectivo microbús con dirección al poniente, fuimos por Revolución, después por Patriotismo. Llegamos al paradero del metro Chapultepec. Caminamos rumbo al bosque. Topamos con postes unifila, Estado Mayor presidencial, sardos, guaruras y demás banda pedorra. Me acerqué a la mesa de recepción. Mis acompañantes lucían garras jipiosas, por no decir folclóricas, y un servidor portaba facha de estudiambre conjugada con la de paupérrimo promotor comunitario.

-Somos becarios del Instituto de Investigaciones Estéticas- dije frente a la mesa de registro al presentarme. -Venimos de parte del doctor Jorge Alberto Manrique-

-¿De la UNAM caballero?- me respondió quien llevaba la lista de asistencia.

-Ni mas ni menos- respondí con aire pedantesco.-Adelante por favor- respondió el tunante, mientras yo me abría paso tomando de los brazos a mis dos queridísimas y jipiosas vampirillas. Abordamos así el trenecillo del Bosque, que nos llevó a las mismísimas puertas del Castillo. De ahí pasamos los tres al alcázar. Había colocadas mesas con manteles largos. Ocupamos nuestros respectivos lugares. No recuerdo cual fue el motivo de la convocatoria, pero los bocadillos de caviar, jamón serrano y angulas fueron inolvidables, tanto como el champán que nos dieron pa brindar. Recuerdo que estuvieron presentes Fox, Martita y el Arzobispo Norberto, detalle que por supuesto, madre nos valió. terminamos comiendo fresas bañadas con chocolate y no dejamos propina al fiel mesero, como cualquier digno representante de la banda eriza hubiera hecho: -carnal, somos hermanos del mismo dolor y sólo la casualidá nos juntó: carezco de peculio mas no de buena intención y mis palabras agradecidas dejo, mis agradecidas palabras doy, porque se que las palabras no son monedas, porque las monedas pobres son- por supuesto, ese choro no convenció al mesero, que nos despidió con semblante hosco y actitud resignada...

Decimoseptima entrega...

... de un vampiro que gustaba de cazar cocteles

En la dimensión "ondergraunt" de la cultura, habita una especie exotica a punto de extinguirse. Un cerradísimo círculo de banda selecta, que siempre al tanto de la agenda cultural de la semana, no pierden pista de cuando se inaugura una expo en el museo, ni de cuanto libro, diseño o artefacto en los recintos se presenta, es por eso que de manera contundente y efectiva, !me refiero a los que gustan ser de cocteles cazadores!

Yo desconocía esa dimensión de la "cultura", esa misma que hace referencia a los que unos llaman la bohemia y otros la fiesta del desparpajo y el desmadre. Elis me llevó por primera vez a un coctel. Elis conocía (conoce) todos y cada uno de los recintos culturales en el DF (y sabía donde servían los mejores bocadillos). Fue por ahí del año 99 que me invitó por primera vez a salir, nuestra cita sería en un museo.

-Qué onda, vamos al Museo Mural, ahí en la Alameda. Exponen obra plástica y van a dar vinito- me dijo la Elis con actitud de vampiresa y aires de quien sabe lo que dice.-Nel, que güeva- respondí desde la mas abyecta y supina de las inopias.-No seas güey. Ya le dije a una banda y están bien apuntados, saliendo de ahí nos regresamos y seguimos la fiesta aquí, en la Fac- dijo Elis con la paciencia característica del sabio. Estábamos en huelga y los compas habían tomado las instalaciones universitarias, nosotros éramos de Filos, en CU.

-Oye, pus suena bien- respondí de inmediato. Tomé un costal de cebollas que amablemente nos había donado la banda de la central de abasto, lo cargué y colocándolo en el hombro me dirigí a la bodega de una cafetería que se había convertido en comedor comunitario. Elis y yo salimos del comedor rumbo al "aeropuerto", descanso de escalera que hacía la vez de espacio de reunión. La banda ya estaba ahí. Éramos cerca de seis, tal vez ocho. Nos trasladamos en metro. Corría el mes de mayo. Aprovechamos para "brigadear". Nos organizamos por parejas, Elis y yo tomamos un vagón:

-Señores pasajeros, a sólo un mes de haber estallado la huelga en la UNAM, la oligarquía nacional junto con las autoridades universitarias se empeñan en llevar a cabo su plan privatizador y despojar al pueblo de México de un derecho que ha sido ganado con sangre por el pueblo mismo. Es Zedillo, ese tecnócrata y títere de las transnacionales que siguiendo la línea del Fondo Monetario Internacional, y del Banco Mundial, instruyó a su chalán Barnés para que subiera las cuotas. ¡Los estudiantes concientes no daremos un paso atrás en nuestra lucha por la defensa de la educación pública y gratuita! ¡"La universidad es del Pueblo, el Pueblo de la Universidad", dijo algún día el maestro Siqueiros! es por tal motivo que venimos a solicitar su colaboración para mantener esta lucha que no es sólo de nosotros, los estudiantes, sino de todo un pueblo que se levanta por defender su derecho a la educación. !Ora si que con lo que gusten cooperaaar!- dijo Elis de corridito dirigiéndose a su vasto público, mientras yo me limitaba a pasar el bote al mismo tiempo que recogía los volantes de los que no se mochaban.

Cabe destacar que para entonces no se me había soltado la lengua. Mi cabeza estaba hueca. Era incapaz de expresar coherentemente mis ideas (mejor dicho, carecía de las mismas) y mucho menos defender mis puntos de vista (idem). Yo admirba a Elis, considerándola parlanchina, contundente y locuaz. Elis era actriz de teatro y modelo de pintores, escultores y fotógrafos: digamos que no le tenía miedo a casi nada. Cambiamos de vagón, llegamos a la estación Hidalgo, nuestro destino.

-Camarón, ya llegamos. Pasamos por parejas, recorremos la expo y nos vemos en el lobby- indicó a todos y cada uno de nosotros la Elis.

-Simón- respondieron, no al unísono, sino pausadamente y a intervalos, todos y cada uno de los miembros de la brigada.

Los alumnos del Claustro de Sor Juana habían elaborado el montaje tridimensional de "Una tarde de domingo en la Alameda" con maniquíes y monigotes. El coctel se limitó a combinar vino tinto y blanco de mediana calidad. Salimos del museo, construido sobre los escombros del antiguo Hotel del Prado. Ese día me enteré que le buen Diego se había metido en sendos pedos por pintar ese mural. Resulta que al célebre y enjundioso pintor se le ocurrió representar en el fondo del parque, allá en gayola, a Ignacio Ramirez, "El Nigromante" portando carteleta con célebre leyenda: "Dios no existe". No tardaron los estudiantes de arquitectura, universitarios todos, en manifestarse frente al atentado que Rivera cometía contra Dios, las instituciones, y las buenas costumbres. ¡Rojo! !Ateo! ¿Comunista?... ¡Rojo! ¡Ateo!...

Volvimos en metro. Ya no brigadeamos. Pasamos al ahora extinto "De Todo" en avenida Universidad a comprar un pomo, cortesía de un buen camarada que se hacía llamar "Lenin". Seguimos la fiesta. Ya en un salón de la Facultad, Elis bailó como sevillana al compás de música gitana; tenía menos de año y medio que la película Underground había puesto esa música de moda. Recuerdo que en esos años no dejaba de sonar ese "soundtrack" alternándose con Clandestino de Manú Chau. Día y noche, día y noche...

Fue así que yo entré al gremio del cazacoctel...

viernes, enero 4

Decimosexta y etílica entrega...

... de un vampiro que gusta guarecerse de la fama bajo el manto protector de la clandestinidad

Quiero comenzar el año con el pie derecho volviendo al tema anterior, y quiero también incluir dentro de la categoría "antro" (con todo y sus giros de significado) todos aquellos espacios clandestinos donde la banda puede caer a chelear sin andarse escondiendo tanto de la tira como de la mirada inquisitiva de los curiosos, vecinos y peatones.

Existen leyes inmutables que aplican por lo menos en el DeFectuoso y sus conurbadas periferias: 1) siempre existiran de uno a dos expendios clandestinos de chelas en el perímetro próximo a un Bachillerato, Facultad o Escuela Superior; 2) si no existen, es porque la banda: a) arma la fiesta dentro de las instalaciones de la escuela, o bien, b) hay espacios alternativos ad hoc (e.g. la banda de Prepa 9 usaba el estacionamiento ubicado sobre Insurgentes, entre Euzkaro y Montevideo. Por otro lado, nunca falta el "don" o la "ñora" que da chance de pistear afuera de su tiendita vendiéndote las chelas a precio justo, ¡ahi si que rayado el tigre!); y 3) el precio de la chela solo será 20 por ciento superior al precio de camión o depósito. En ese tenor recuerdo a "Don Salúd", que era un ruco cuya leyenda cuenta que empezó vendiéndole chelas a sus cuates de Auxilio UNAM. Pasó el tiempo y le fue cayendo la banda estudiantil. El ruco acondicionó su patio, allá por Coplilco el Alto, con troncos que hacían la vez de bancos y grandes carretes de cable como mesas, ¡con decirles que hasta baño exclusivo pa mujeres tenía!. Quien deseara entrar debía decir la contraseña (bastaba enunciar el lugar de procedencia: "venimos de filos" o "venimos de ciencias").

Retomemos la regla número 1 cambiando las referencias escolares por laborales. Plaza San Jacinto, San Ángel, lugar que congrega trabajadores de la construcción, se cuentan por docenas. Supongo, porque carezco de prueba empírica, que los contratistas buscan brazos en aquel sitio. A un par de cuadras se encuentra el Mercado Múzquiz y cruzando avenida Revolución el populoso paradero de "La Palma". Lugar de paso y contrastes. El caso es que a un costado de dicho mercado, detrás de unos puestos de piratería, existe una tiendita (en realidad tiendota) de anaqueles y refrigeradores repletos, coronada por un gran mostrador donde una chica gorda recarga sus voluminosos brazos sobre una franela color rojo. frente a ella se apilan varias torres de vasos desechables traslúcidos. Al pedirle una chela pregunta mecánicamente: "pa llevar o pa tomar aqui". El "tomar aqui" sirve cual ábrete sésamo para entrar en una chelería clandestina con mesas y sillas plegables, mingitorios y hasta rockcla con todo y baile.

En el Centro se ubican por lo menos dos vecindades donde la banda se congrega a inflar como los grandes: una en la calle de Doncéles, casi enfrente de Porrúa, y otra en la calle de Licenciado Verdad, frente a las ruinas remodeladas de Santa Teresa la Antigua, ex convento de monjas donde actualmente se hacen performance y cosas así. Cabe señalar que los dos expendios se encuentran cerquitita de las ruinas del Templo Mayor. En ex-Teresa una ruquita regordeta con mandil y cabecita de algodón te vende medias y caguamas de chela Indio o Sol. Para ir a mear hay que dejarse talonear mínimo con un varo por una banda de gandules apostados ex professo a las puertas del baño, a pesar de ello, la impresión de la agüelita no deja de darle un ambiente familiar a tan entrañable agujero. El segundo "antro" lo regentea una pandilla de cábulas que pasan el día viendo pornografía hard core. Una escalera de piedra en forma de caracol sirve de asiento a la banda que se acomoda donde quiere y como puede. En el baño no hay talón, pero si mojón y demás execrencias indolentemente acumuladas a lo largo del día. A dichos lugares acude la misma banda: ambulantes, artesanos, saltimbanquis y músicos callejeros, despistados del coctel, el infalible sector estudiantil, los punks...