... que el vampiro aprovecha pa reseñar un librito.
La primera vez que oí nombrar a Roberto Bolaño fue en la sección cultural de El Universal que notificaba su recién fallecimiento. A pesar que el reseñista ponderaba al máximo la obra del finado lamentado amargamente tan repentina pérdida, mi vampírica atención dirigíase hacia (sic) la causa mortífera causalidad del acontecimiento. El buen Bolaño murió de un mal hepático y este vampiro recuerda muy bien eso porque así como a cierta fracción de briagos les pega cirrosis, a similar porcentaje de inmortales adictos a la sangre les da por desarrollar angustia existencial o de plano esquizofrenia.
Privilegiadísimo vampiro que por ser bibliotecario encontrose feliz título que su vampírica atención llamó: Putas Asesinas. Compilación de relatos breves que leí como zombi durante varios mediodias de insomnio por no tener nada mejor que hacer. El único cuento que recuerdo de tal compendio fue uno bastante simpático sobre unos jugadores del Barcelona. No recuerdo el título, pero trataba de un tipo que jugaba célebre club deportivo y se las tenía que ver con un compañero de cuarto africano. Resulta que el renegrido tipo se encerraba en el cuarto de baño y celebraba no se que ritos de magia negra que hacía que aquellos jugadores de medio pelo dieran tanto de si que realizaran jugadas de ensueño dignas del futbolista mas curtido y trucha de la escena deportiva brasileira. Magia vudú y afortunadas coincidencias.
El segundo encuentro con Bolaño fue desconcertante. Desempeñando mis mecánicas y consuetudinarias labores, di afortunadamente con voluminoso ejemplar de tal autor: 2666. El título hizo inmediata referencia a mi promedio general de la prepa (excluyendo previamente la cifra millar) y el tanto el número de páginas como la reseña en cuarta de forros atrajeron mi atención (“novela filosófica, novela periodística, novela detectivesca, novela total”) Una especie de metarelato que emula un ejercicio de Ulyses a cinco entregas donde el lector brinca entre diversos planos de realidad cuyo punto de convergencia geográfica es la frontera México-Estados Unidos. Mi reseña a medias (al momento llevo leídas cerca de 597 páginas) da cuenta de un extraordinario encuentro entre un lector y autor. Ironía es lo que maneja Bolaño, ironía sórdida y mal pedo. Ironía que no acaba en humor involuntario a lo Jorge Igargüengoitia, sino ironía asfixiante y desesperantemente desesperanzadora (sic). Ironía redundante y tautológica, ironía redonda y reflexiva. Triste pretexto de una cultura misógina que se alimenta de osamentas, restos e inocentes despojos de niñas de ojos grandes que se confundieron sin querer con la tierra del desierto. Triste y desesperante soledad la que inunda el corazón de aquel que en la espera se quedó sin palabras frente a la vejación sistemática en vías de constituirse en proceso de carácter "racional" y "sistemático".Por lo mientras ya le eché un ojo a un ejemplar bastante manoseado del mismo autor: Los detectives salvajes, cuya lectura promete dejar a un vampírico varias mañanas y mediodías de insomnio.
