viernes, noviembre 30

Doceava Entrega...


... que el vampiro aprovecha pa reseñar un librito.


La primera vez que oí nombrar a Roberto Bolaño fue en la sección cultural de El Universal que notificaba su recién fallecimiento. A pesar que el reseñista ponderaba al máximo la obra del finado lamentado amargamente tan repentina pérdida, mi vampírica atención dirigíase hacia (sic) la causa mortífera causalidad del acontecimiento. El buen Bolaño murió de un mal hepático y este vampiro recuerda muy bien eso porque así como a cierta fracción de briagos les pega cirrosis, a similar porcentaje de inmortales adictos a la sangre les da por desarrollar angustia existencial o de plano esquizofrenia.


Privilegiadísimo vampiro que por ser bibliotecario encontrose feliz título que su vampírica atención llamó: Putas Asesinas. Compilación de relatos breves que leí como zombi durante varios mediodias de insomnio por no tener nada mejor que hacer. El único cuento que recuerdo de tal compendio fue uno bastante simpático sobre unos jugadores del Barcelona. No recuerdo el título, pero trataba de un tipo que jugaba célebre club deportivo y se las tenía que ver con un compañero de cuarto africano. Resulta que el renegrido tipo se encerraba en el cuarto de baño y celebraba no se que ritos de magia negra que hacía que aquellos jugadores de medio pelo dieran tanto de si que realizaran jugadas de ensueño dignas del futbolista mas curtido y trucha de la escena deportiva brasileira. Magia vudú y afortunadas coincidencias.


El segundo encuentro con Bolaño fue desconcertante. Desempeñando mis mecánicas y consuetudinarias labores, di afortunadamente con voluminoso ejemplar de tal autor: 2666. El título hizo inmediata referencia a mi promedio general de la prepa (excluyendo previamente la cifra millar) y el tanto el número de páginas como la reseña en cuarta de forros atrajeron mi atención (“novela filosófica, novela periodística, novela detectivesca, novela total”) Una especie de metarelato que emula un ejercicio de Ulyses a cinco entregas donde el lector brinca entre diversos planos de realidad cuyo punto de convergencia geográfica es la frontera México-Estados Unidos. Mi reseña a medias (al momento llevo leídas cerca de 597 páginas) da cuenta de un extraordinario encuentro entre un lector y autor. Ironía es lo que maneja Bolaño, ironía sórdida y mal pedo. Ironía que no acaba en humor involuntario a lo Jorge Igargüengoitia, sino ironía asfixiante y desesperantemente desesperanzadora (sic). Ironía redundante y tautológica, ironía redonda y reflexiva. Triste pretexto de una cultura misógina que se alimenta de osamentas, restos e inocentes despojos de niñas de ojos grandes que se confundieron sin querer con la tierra del desierto. Triste y desesperante soledad la que inunda el corazón de aquel que en la espera se quedó sin palabras frente a la vejación sistemática en vías de constituirse en proceso de carácter "racional" y "sistemático".Por lo mientras ya le eché un ojo a un ejemplar bastante manoseado del mismo autor: Los detectives salvajes, cuya lectura promete dejar a un vampírico varias mañanas y mediodías de insomnio.

jueves, noviembre 22

Onceava y erudita entrega...

... de un ensimismado vampiro que redunda y reitera reflexivamente sus dudas sobre las mágicas palabras.

Un viejo monje calabrés hermano de la desaparecida orden de císter pronosticó allá por el siglo XII que por ahí del año 1260 daría inicio aquello que los católicos romanos llaman los Dies Irae, los griegos ortodoxos Parusía, los protestantes últimos días, y tanto tirios como troyanos día del juicio. Si, en efecto, y por mas disparatada que suene la idea sería el mismísimo Cristo quien daría fin al reinado de su propia Iglesia para inaugurar el Reino del Espíritu Santo, que casualmente será regido por los monjes mendicantes que para esos entonces comenzaban ya habían infestado buena parte de Europa. Estos frailes vivían sometidos a una regla espartana que los sometía al trabajo rudo y la renuncia a los placeres mundanos. Su rígida y ejemplar conducta contrastaba con la desparpajada vida de los llamados padrecitos o curas, cuya leyenda negra da cuenta de maravillosas orgías y borracheras memorables. Pero sigamos con nuestro hermano cistercience, que respondía al nombre de Joaquín y que decía ser oriundo de Fiore. Como los más suspicaz es de ustedes pudieron deducir, este oscuro y desactualizado monje cubierto por el polvo del olvido imaginaba la historia como la revelación de la voluntad de Dios entre los hombres, y como buen alma pía decidió copiar a Esquilo presentando su obra en Trilogía, o mejor dicho, tratando de completar con su trabajo de interpretación el verdadero final de la historia, pues ya Dios había escrito, han dicho y aun dicen los que según saben, un viejo testamento que rigió a los judíos y una versión renovada del mismo que aun rige a los escasísimos gentiles. Digamos que si los primeros vivieron bajo la Ley del Padre y los segundos bajo la del Hijo (¿hijo de qué?) entonces cabe la pregunta: ¿qué pedo con el Espíritu Santo?

Para no hacérselas larga y aburrida digamos que el buen Joaquín recurriendo a tremendo ejercicio de empatía se puso los zapatos del Providencial ente imaginándolo como aquel chamaco al que sus papás mandan a la secundaria pública sin el libro de español (es el chivo o el libro decía por lo regular el jefe) preguntándose a si mismo: "¿y yo en que escribo?" o "¿y yo en que leo?" e inmediatamente respondiéndose: "pus hago como que le-leo" o "pus escribo en el aire a lo pendejo". Mas o menos así fue, porque le evangelio del Espíritu no será escrito, ni leído, ni hablado ni pobremente interpretado; el verbo será liberado de la palabra porque según el buen Joaquín en la época del espíritu santo todos seremos monjes y tendremos línea de comunicación directa con Dios, sin necesidad de tipos, caractéres, guarismos ni cables. Inteligencia Divina llamó nuestro monje a dicha facultad y Evangelio Eterno al proceso comunicativo que la mayoría de sus académicas lumbreras fragmentan y dicotomizan en medios y mensajes o formas y fondos. Quiero cerrar el caso de nuestro inquisitivo Joaquín que tanta simpatía despierta a este inmortal porque gran alma creativa era, ya que fue hermeneuta destacado, inquisitivo filósofo y el primer historiador de la cristiandad que concibió la historia como proceso compuesto por periodos. Murió tranquilo en su natal Fiore en el año de 1202 después de haber fundado el monasterio de San Giovanni y la orden de Fiore. Las repercusiones de su obra fueron grandes, tanto así que sus ideas fueron proscritas por el Concilio Laterano y sus oportunistas seguidores perseguidos y quemados en la hoguera por grillos y herejes.

Traigo a colación todo este somnífero y solemne choro para ilustrar otra faceta de las palabras, su rotunda y contundente limitación: nuestro repertorio es tan limitado que siempre nos quedan dudas obstetras de ansiedades, angustias, miedos y todas sus respectivas degeneraciones. Traducimos nuestro miedo en ciencia apuntalando nuestra seguridad con información estadística: la gente quiere respuestas, quiere datos, números, culpables y sobre todo nombres (presentados en forma de resúmenes, cuadros, listas negras, esquemas, digestas, bolo alimenticio y reducciones similares). Por eso si de palabras hablamos la poesía es competencia de una lengua taumaturgamente impúdica incapaz de someterse a la correción de estilo. Y es nomás con este aborto de idea que el vampiro se despide con un nudo en la garganta porque se siente como aquel célebre poeta oriundo de Iztapalapa que se una vez se soñó en vigilia portando muñones en lugar de manos tragándose a gritos significativa estrofa: ¿y qué putas hago yo con esta erección?

jueves, noviembre 15

Décima entrega de la funestísima Bitácora…


…de un Vampiro al que se le cuecen las habas por ser aprendiz de brujo.

¡Bienvenida de nueva cuenta encantadora Lucy!

¡Salud hermanos! Se dirige este vampirito con la copa de tinta sangre en mano a los mortales corazones porque hermanos de carne eran Caín y Abel a pesar que al inmortal le pese (sic). Hay motivos de beneplácito y regocijo para aquellos que siendo orgullosos herederos del primero hemos merodeado entre regiones con memorias sin registro y tiempos que no han sido ni serán medidos como tales. Ese mismo vampiro que a falta de sangre vino entre pecho y espalda empuja es quien al momento formula la pregunta ¿por qué putas el mortal tiende todo a reducir a su medida, a traducir todo a su lenguaje, pensando que aquello que percibe es la mera y verdadera realidad en tanto que neta del planeta?

Ya desde aquel oscuro y barroquísimo siglo XVII Calderón de la Barca se preguntaba si la vida era un sueño, porque de todos los mortales aquellos que así mismos se denominan occidentales (¿en sentido geográfico o cultural?) se caracterizan por ser los mas miopes y brutos. Los chinos (así les decimos nosotros, pero el grupo étnico mayoritario de la gran China se reconoce así mismo como la nación Jan), los indios de la India, los indios de América y la mayoría de las religiones que practicaban los pueblos de la antigüedad tenían una concepción íntegra, completa y total de la realidad. El Taoísmo y el Hinduísmo aun rigen la asiática cotidianeidad de cientos de miles de simples y llanos mortales. Pensamiento mágico y técnica chamánica son gran negocio en la era del new age y los mágicos pasillos del mercado de sonora de varo inundándose mientras tu conciencia se desgarra porque una parte de ti se aferra a llevarse la loción de siete machos y la otra el spray amansaguapas.

Amarga soledad invade los mortales corazones que ya desde el amanecer de la pomposamente llamada era de a información buscan respuestas que hasta la fecha la ciencia no les ha podido dar. Reiteradamente solos y consecutivamente confundidos, aquellos que constituyen el grueso de la borregada gastan onerosas sumas en limpias, trabajos, consultas, cursos, artefactos, amuletos, diversas mancias (el feng shui, el tarot, etc) bajo el auspicio de sinnúmero de ritos que van de la brujería negra o blanca, haciendo esquina con la santería cubana allá por los rumbos de la magia vudú.

Cierto mortal distinguidísimo (un extraterrestre yo diría) estableció una tajante diferencia entre magia y brujería: espantar al chamuco a mentadas de madre es un acto de hechicería; dominarlo mencionando alguno de sus inumerables nombres es una destreza digna del más experimentado mago. Mortales e Inmortales están hechos todos ellos de palabras. Un compendio de cuentos alucinante, ese que llaman ustedes Biblia, cuenta en su primer libro que Dios le dio al hombre la facultad (y de ahí también el deber) de nombrar todas y cada una de las cosas, plantas y animales. Las palabras son mágicas, tanto así que hasta el vampiro cae seducido y e inclusive perdidamente enamorado de aquella mortal o vampirita que con ellas que con habilidosa destreza las maneje. El término Spell es por demás ilustrativo: significa embrujo, hechizo, discurso (speech), pero también podemos referirnos al verbo hablar (to speak) e incluso la palabra ortografía (spelling), todas gozan del mismo estatus semántico y dan cuenta de lo que trato de comunicarles. La ciencia y la técnica no están así lejos del rito y la magia, las primeras no dejan de ser un conglomerado de textos más o menos sistematizado, al igual que las últimas. Antes de mí despedida referencia quiero hacer a los intérpretes de sueños: ninguna traducción nos dará cuenta del sentido de nuestra mísera existencia. si acaso sueñas con pisar caca olvida que de algún lado caerá dinero, porqué éste atesorado está en las arcas de quien lo tiene: es el dinero estéticamente redundante y con solidez tautológica es enunciado por quien lo maneja, gastado por quien lo tiene y deseado desesperadamente por la gran mayoría de la inhumanidad (incluidos inmortales...).