viernes, diciembre 21

Décimocuarta y lúdica entrega...

... de un vampiro que se va a rolar por el centro


Un buen valedor lanza la provocación y yo escribo: "¿por que no hablas en tu blog sobre antros y demás lugares donde ir a cotorrear?" Eso de los antros luego luego me recordó al Kikis, un cábula del barrio, de esos que denominan los nóveles "la banda de antaño" y que hace mas de diez años hizo el favor de indicarme que en su época (el que hablaba era un Kikis ya casado, por no decir "maduro", con hijos y entrampado en la fiesta familiar) los antros eran tugurios de mala muerte con ficheras que tiraban a pirujas, rockola y pomo de bacachá (blanco o añejo) acompañado con cocas y peñafieles de a cuartito.


La distinción semántica pasó a segundo plano por ahí de la mitad de los años noventas: antro era cualquier lugar donde pudieras ir a reventar con tus cuates. para esos entonces la palabra "antro" ya no hace distinción entre cantina, bar familiar, putero, congal o simple lugar de esparcimiento nocturno, de ahí que hasta las niñas fresas puedan decir hoy en día "vámonos de antro güeeeey".


Por lo tanto, y siguiendo la antigua tradición, quiero relatar antros de mala muerte, aquellos que dan cabida a la banda marginada y trotacalles, esos mismos güeyes que apenas le cooperan con cinco varos pa la vaca y con eso quieren ponerse hasta la madre, ya sea con "granada de mano", "panalito" o "los reyes" (hace diez años, cunado iba a la prepa, los pomos mas pupulares eran el Richardson, el Corsario o el Uruapan: me refiero al celebérrimo "paquete-amigo-banda-eriza", que en aquel entonces consistía en un pomo de aguardiente, unos cigarros delicados y una toronja gasificada de dos litros. "Antros de vicio y perdición", siguiendo al pie de la letra la definición de los agüelos: pulquerias, cantinas, bares y puteros. Por eso quiero dedicar mi entrada no solo a los citados establecimientos, sino a esa banda que sin importar lugar o tiempo tiene el corazón enfiestado y a pesar de no traer un quinto en la bolsa llevan a buen término el convite estimulados por el puro impetu de aquellos que gozan de un envidiable espíritu fiestero.



Empecemos por los mas folclóricos: las pulcatas. cuando creces en un asentamiento artificial y sin historia como Aragón las pulcatas son algo desconocido por no decir exótico. La primera vez que visité una tenía yo como 17 abriles. Iba en mis ultimos años de prepa. Escuchando no sin emoción divertidísimas anécdotas de la "banda de antaño" en La Titina, mi imaginación de púber se daba vuelo pensando como mi jóven ímpeto se desgastaría frente a sendos vasos de curado de jitomate o avena expendidos en soñado recinto. No tardó en materializarse el sueño: ahi estaba yo, tal como me había imaginado, en la esquina de Calzada de Guadalupe y Robles Domínguez, por el rumbo de la Villa, casa de nuestra jefecita. Despues de "La Titína" concurrí otras pulcatas y tome otros pulques: de las primeras visité "La Risa" y "La Antigüa Roma" (sobrevientes del centro), la arriba citada junto a "La Tlaxcala", en la mera Peralvillo, "La Peor es Nada" cerca de San Angel. Tambien fui a pulcatas en Colpilco (había dos), Tacubaya, Molino de Rosas, Merced Gómez, Tepepan, La Noria y Xochimilco, de cuyos nombres, por obvias razones, no puedo acordarme. De pulques, ahi si me doy vuelo, pues probé deliciosos en Hixmiquilpan, Actopan y Santiago de Anaya (Valle del Mezquital en Hidalgo), Tehotihuacán y Texcoco (Estado de México). Chamontoya, Cuajilamlpa, San Bartolo Ameyalco, Santa Rosa Xochiac, San Mateo Tlaltenango y San Andrés Mixquic en el Distrito Federal.


Me comprometo a continuar con las cantinas, no en la inmediata siguiente, sino a posteriori... mi bitácora no se somete a entregas programadas ni a pronsoticos específicos, no se deja guiar por el anecdotario de los triunfadores ni por las narrativas auntocomplacinetes del mérito. Mi bitácora no sigue la línea estructuralita si se deja llevar por la simple voluntad humana, finita y mortal. Sólo quiere servir de receptáculo y medio para las letras de un vampiro que se deja llevar sin freno por sus impetus psicópatas, con una patología escatologica frustrada que desea el fin del mundo pero no quiere padecerlo...

miércoles, diciembre 5

Trigésima y desafortunadísima entrega...

... de un vampiro que se anticipa al doce y sobre la patroncita escribir quiere

A mi valedor el Oscar (q.e.p.d)
Antes de ser bibliotecario este vampiro prestó servicio para el gobierno del buen Peje. Es por ello que sin empacho, pudor o tapujo lo digo: si, yo fui promotor comunitario para la Dirección General de Participación Ciudadana adscrita a la Secretaría de Desarrollo Social. Yo percibía un salario, de acuerdo con la teoría, a cambio de promover la organización autónoma e independiente de las organizaciones de vecinos desperdigadas por las colonias marginadas al extremo poniente de la ciudad. Digo en teoría porque en realidad promovíamos la imagen del Peje y operábamos su campaña electoral en territorio. Porque nos guste reconocerlo o no la gestión del buen Peje no fue mas que una precampaña de cinco años financiada por el gobierno local y operada por trabajadores de honorarios: ¡dios bendiga a la izquierda institucional! El tiempo que no aprovechábamos en la dichosa precamapaña lo invertíamos en actividades nominadas "bomberazos" no por diplomacia o eufemismo, sino porque eran chambas de las cuales ningún otra dependencia quería encargarse. Hacer bola en la inauguración de distribuidores viales y segundos pisos, repartir las nuevas placas a domicilio, acudir religiosamente a la marcha y al mitin del Peje, deslizar por debajo de indiferentes puertas la "peje revista", invitar a la banda de Iztapalapa a pagar el agua (eso si fue poca madre) o hacerle valla al papa Wojtila son ejemplos de aquellas situaciones emergentes.
Si, también tuve que ir a la villita el once pa amanecer el doce de diciembre: día de la Virgencita de Guadalupe, patroncita de todos los mexicanos. Fui dos años consecutivos. Confieso que la primera vez acudí crudo y desvelado. Tenía dos meses de haber vuelto a Aragón, después de haber vivido cerca de cinco años allá por los rumbos de Taxqueña. La noche del día diez me había embriagado en una fiesta de cumpleaños anticipándome al célebre y folclórico maratón, ese que recorre el circuito guadalupe-reyes. Pus resulta que iba caminando por calzada de Guadalupe con una cruda de la chingada ya que por obvias razones el perímetro de la villita estaba cerrado al tránsito. Después de un buen trecho llegué a la puerta número dos, donde encontré a los compañeros. Rápidamente se nos indicó nuestra tarea: controlar y dirigir el flujo de los peregrinos que subían y bajaban la escalinata del templo de El Pozito. Recuerdo que éramos tantos los convocados al operativo y tan pocas las funciones a desempeñar que un buen número de los nuestros con toda la cara dura nos hicimos bien pendéjos. Simón, amparados con el manto de la virgen y armando con sendos vasos de ponche decembrino nos dispusimos a pistear pa ser partícipes de la alegría de un pueblo y con enjundiosa pasión cantarle las mañanitas a la jefecita. Recuerdo que ya en la mañana, caminando de vuelta a casa, a mi corazón se había embriagado con gran felicidad y dicha: esa madrugada mi ansiedad desapareció y puede vislumbrar, sin exageración, aquello que los místicos denominan Nirvana y algunos occidentales entendidos Pérdida Absoluta del Deseo.
La segunda vez fui por castigo. Andaba yo de rebelde, y ya el jefe de mi jefa me había llamado la atención más de dos veces. La mera verdad a este vampiro ya le habían cagado el alma tanto el Peje como su gobierno, pero aun mas la mezquindad y el pragmatismo de una dizque izquierda institucional, chupasangre, cortoplacista, procedimental y miope. Esa misma izquierda encabezada por Socorro Díaz, Manuel Camacho y su ex-lugarteniente Ebrad, Ricardo Monreal y Arturo Núñez (cuyo envidiable y vampírico aspecto le da tremendo parecido con nosotros los hijos de Caín) fue la que me mandó de castigo a "trabajar" a la villita. Y tanto así fue que mi peregrinar partió desde el mero inicio del eje 5 norte hasta el mismísimo santuario de mi Tonantzin querida. Recibí naranjas, dulces, café, atole, pan, tortas, tacos y sin número de vituallas que el buen corazón de mucha gente fue regalando a todos los peregrinos. Mientras marchaba pedía a la virgencita que me consiguiera una chambita, parecida a la que que tres años antes tenía como chalán de consultor y que el verdadero Snjudas con sus influiencias me coinsiguió (como podrán ver, los inmortales tenemos excelentes referencias y padrinos).
Recuerdo que esa noche fue muy divertida: me colé donde estaban los artistas, ví una ceremonia de concheros, canté las mañanitas a la virgen, jugué al ajedrez y a las damas, compartí con mis compas todo lo que mi peregrinar recogió, chalaneamos al coordinador y vimos en el cielo algo muy parecido a un OVNI. Agradecí mi castigo desde nenantes (sic) de caer en cuenta que el cierre de esté ciclo se estaba proyectando en la espiral. Aun mi vampírica memoria sigue guardando gratos recuerdos de aquella gente de veras auténtica y comprometida, gente de abajo seducida por la venenosa lengua de los políticos profesionales y demás ralea. Asimismo, este vampírico sujeto conoció un alma huraña y solitaria que le abrió las puertas al compromiso y al amor. Antes de conocer a su rata (que es ni mas ni menos esa alma solitaria de la cual hablo) este vampiro no sabía que al trabajo hay que ponerle corazón.

viernes, noviembre 30

Doceava Entrega...


... que el vampiro aprovecha pa reseñar un librito.


La primera vez que oí nombrar a Roberto Bolaño fue en la sección cultural de El Universal que notificaba su recién fallecimiento. A pesar que el reseñista ponderaba al máximo la obra del finado lamentado amargamente tan repentina pérdida, mi vampírica atención dirigíase hacia (sic) la causa mortífera causalidad del acontecimiento. El buen Bolaño murió de un mal hepático y este vampiro recuerda muy bien eso porque así como a cierta fracción de briagos les pega cirrosis, a similar porcentaje de inmortales adictos a la sangre les da por desarrollar angustia existencial o de plano esquizofrenia.


Privilegiadísimo vampiro que por ser bibliotecario encontrose feliz título que su vampírica atención llamó: Putas Asesinas. Compilación de relatos breves que leí como zombi durante varios mediodias de insomnio por no tener nada mejor que hacer. El único cuento que recuerdo de tal compendio fue uno bastante simpático sobre unos jugadores del Barcelona. No recuerdo el título, pero trataba de un tipo que jugaba célebre club deportivo y se las tenía que ver con un compañero de cuarto africano. Resulta que el renegrido tipo se encerraba en el cuarto de baño y celebraba no se que ritos de magia negra que hacía que aquellos jugadores de medio pelo dieran tanto de si que realizaran jugadas de ensueño dignas del futbolista mas curtido y trucha de la escena deportiva brasileira. Magia vudú y afortunadas coincidencias.


El segundo encuentro con Bolaño fue desconcertante. Desempeñando mis mecánicas y consuetudinarias labores, di afortunadamente con voluminoso ejemplar de tal autor: 2666. El título hizo inmediata referencia a mi promedio general de la prepa (excluyendo previamente la cifra millar) y el tanto el número de páginas como la reseña en cuarta de forros atrajeron mi atención (“novela filosófica, novela periodística, novela detectivesca, novela total”) Una especie de metarelato que emula un ejercicio de Ulyses a cinco entregas donde el lector brinca entre diversos planos de realidad cuyo punto de convergencia geográfica es la frontera México-Estados Unidos. Mi reseña a medias (al momento llevo leídas cerca de 597 páginas) da cuenta de un extraordinario encuentro entre un lector y autor. Ironía es lo que maneja Bolaño, ironía sórdida y mal pedo. Ironía que no acaba en humor involuntario a lo Jorge Igargüengoitia, sino ironía asfixiante y desesperantemente desesperanzadora (sic). Ironía redundante y tautológica, ironía redonda y reflexiva. Triste pretexto de una cultura misógina que se alimenta de osamentas, restos e inocentes despojos de niñas de ojos grandes que se confundieron sin querer con la tierra del desierto. Triste y desesperante soledad la que inunda el corazón de aquel que en la espera se quedó sin palabras frente a la vejación sistemática en vías de constituirse en proceso de carácter "racional" y "sistemático".Por lo mientras ya le eché un ojo a un ejemplar bastante manoseado del mismo autor: Los detectives salvajes, cuya lectura promete dejar a un vampírico varias mañanas y mediodías de insomnio.

jueves, noviembre 22

Onceava y erudita entrega...

... de un ensimismado vampiro que redunda y reitera reflexivamente sus dudas sobre las mágicas palabras.

Un viejo monje calabrés hermano de la desaparecida orden de císter pronosticó allá por el siglo XII que por ahí del año 1260 daría inicio aquello que los católicos romanos llaman los Dies Irae, los griegos ortodoxos Parusía, los protestantes últimos días, y tanto tirios como troyanos día del juicio. Si, en efecto, y por mas disparatada que suene la idea sería el mismísimo Cristo quien daría fin al reinado de su propia Iglesia para inaugurar el Reino del Espíritu Santo, que casualmente será regido por los monjes mendicantes que para esos entonces comenzaban ya habían infestado buena parte de Europa. Estos frailes vivían sometidos a una regla espartana que los sometía al trabajo rudo y la renuncia a los placeres mundanos. Su rígida y ejemplar conducta contrastaba con la desparpajada vida de los llamados padrecitos o curas, cuya leyenda negra da cuenta de maravillosas orgías y borracheras memorables. Pero sigamos con nuestro hermano cistercience, que respondía al nombre de Joaquín y que decía ser oriundo de Fiore. Como los más suspicaz es de ustedes pudieron deducir, este oscuro y desactualizado monje cubierto por el polvo del olvido imaginaba la historia como la revelación de la voluntad de Dios entre los hombres, y como buen alma pía decidió copiar a Esquilo presentando su obra en Trilogía, o mejor dicho, tratando de completar con su trabajo de interpretación el verdadero final de la historia, pues ya Dios había escrito, han dicho y aun dicen los que según saben, un viejo testamento que rigió a los judíos y una versión renovada del mismo que aun rige a los escasísimos gentiles. Digamos que si los primeros vivieron bajo la Ley del Padre y los segundos bajo la del Hijo (¿hijo de qué?) entonces cabe la pregunta: ¿qué pedo con el Espíritu Santo?

Para no hacérselas larga y aburrida digamos que el buen Joaquín recurriendo a tremendo ejercicio de empatía se puso los zapatos del Providencial ente imaginándolo como aquel chamaco al que sus papás mandan a la secundaria pública sin el libro de español (es el chivo o el libro decía por lo regular el jefe) preguntándose a si mismo: "¿y yo en que escribo?" o "¿y yo en que leo?" e inmediatamente respondiéndose: "pus hago como que le-leo" o "pus escribo en el aire a lo pendejo". Mas o menos así fue, porque le evangelio del Espíritu no será escrito, ni leído, ni hablado ni pobremente interpretado; el verbo será liberado de la palabra porque según el buen Joaquín en la época del espíritu santo todos seremos monjes y tendremos línea de comunicación directa con Dios, sin necesidad de tipos, caractéres, guarismos ni cables. Inteligencia Divina llamó nuestro monje a dicha facultad y Evangelio Eterno al proceso comunicativo que la mayoría de sus académicas lumbreras fragmentan y dicotomizan en medios y mensajes o formas y fondos. Quiero cerrar el caso de nuestro inquisitivo Joaquín que tanta simpatía despierta a este inmortal porque gran alma creativa era, ya que fue hermeneuta destacado, inquisitivo filósofo y el primer historiador de la cristiandad que concibió la historia como proceso compuesto por periodos. Murió tranquilo en su natal Fiore en el año de 1202 después de haber fundado el monasterio de San Giovanni y la orden de Fiore. Las repercusiones de su obra fueron grandes, tanto así que sus ideas fueron proscritas por el Concilio Laterano y sus oportunistas seguidores perseguidos y quemados en la hoguera por grillos y herejes.

Traigo a colación todo este somnífero y solemne choro para ilustrar otra faceta de las palabras, su rotunda y contundente limitación: nuestro repertorio es tan limitado que siempre nos quedan dudas obstetras de ansiedades, angustias, miedos y todas sus respectivas degeneraciones. Traducimos nuestro miedo en ciencia apuntalando nuestra seguridad con información estadística: la gente quiere respuestas, quiere datos, números, culpables y sobre todo nombres (presentados en forma de resúmenes, cuadros, listas negras, esquemas, digestas, bolo alimenticio y reducciones similares). Por eso si de palabras hablamos la poesía es competencia de una lengua taumaturgamente impúdica incapaz de someterse a la correción de estilo. Y es nomás con este aborto de idea que el vampiro se despide con un nudo en la garganta porque se siente como aquel célebre poeta oriundo de Iztapalapa que se una vez se soñó en vigilia portando muñones en lugar de manos tragándose a gritos significativa estrofa: ¿y qué putas hago yo con esta erección?

jueves, noviembre 15

Décima entrega de la funestísima Bitácora…


…de un Vampiro al que se le cuecen las habas por ser aprendiz de brujo.

¡Bienvenida de nueva cuenta encantadora Lucy!

¡Salud hermanos! Se dirige este vampirito con la copa de tinta sangre en mano a los mortales corazones porque hermanos de carne eran Caín y Abel a pesar que al inmortal le pese (sic). Hay motivos de beneplácito y regocijo para aquellos que siendo orgullosos herederos del primero hemos merodeado entre regiones con memorias sin registro y tiempos que no han sido ni serán medidos como tales. Ese mismo vampiro que a falta de sangre vino entre pecho y espalda empuja es quien al momento formula la pregunta ¿por qué putas el mortal tiende todo a reducir a su medida, a traducir todo a su lenguaje, pensando que aquello que percibe es la mera y verdadera realidad en tanto que neta del planeta?

Ya desde aquel oscuro y barroquísimo siglo XVII Calderón de la Barca se preguntaba si la vida era un sueño, porque de todos los mortales aquellos que así mismos se denominan occidentales (¿en sentido geográfico o cultural?) se caracterizan por ser los mas miopes y brutos. Los chinos (así les decimos nosotros, pero el grupo étnico mayoritario de la gran China se reconoce así mismo como la nación Jan), los indios de la India, los indios de América y la mayoría de las religiones que practicaban los pueblos de la antigüedad tenían una concepción íntegra, completa y total de la realidad. El Taoísmo y el Hinduísmo aun rigen la asiática cotidianeidad de cientos de miles de simples y llanos mortales. Pensamiento mágico y técnica chamánica son gran negocio en la era del new age y los mágicos pasillos del mercado de sonora de varo inundándose mientras tu conciencia se desgarra porque una parte de ti se aferra a llevarse la loción de siete machos y la otra el spray amansaguapas.

Amarga soledad invade los mortales corazones que ya desde el amanecer de la pomposamente llamada era de a información buscan respuestas que hasta la fecha la ciencia no les ha podido dar. Reiteradamente solos y consecutivamente confundidos, aquellos que constituyen el grueso de la borregada gastan onerosas sumas en limpias, trabajos, consultas, cursos, artefactos, amuletos, diversas mancias (el feng shui, el tarot, etc) bajo el auspicio de sinnúmero de ritos que van de la brujería negra o blanca, haciendo esquina con la santería cubana allá por los rumbos de la magia vudú.

Cierto mortal distinguidísimo (un extraterrestre yo diría) estableció una tajante diferencia entre magia y brujería: espantar al chamuco a mentadas de madre es un acto de hechicería; dominarlo mencionando alguno de sus inumerables nombres es una destreza digna del más experimentado mago. Mortales e Inmortales están hechos todos ellos de palabras. Un compendio de cuentos alucinante, ese que llaman ustedes Biblia, cuenta en su primer libro que Dios le dio al hombre la facultad (y de ahí también el deber) de nombrar todas y cada una de las cosas, plantas y animales. Las palabras son mágicas, tanto así que hasta el vampiro cae seducido y e inclusive perdidamente enamorado de aquella mortal o vampirita que con ellas que con habilidosa destreza las maneje. El término Spell es por demás ilustrativo: significa embrujo, hechizo, discurso (speech), pero también podemos referirnos al verbo hablar (to speak) e incluso la palabra ortografía (spelling), todas gozan del mismo estatus semántico y dan cuenta de lo que trato de comunicarles. La ciencia y la técnica no están así lejos del rito y la magia, las primeras no dejan de ser un conglomerado de textos más o menos sistematizado, al igual que las últimas. Antes de mí despedida referencia quiero hacer a los intérpretes de sueños: ninguna traducción nos dará cuenta del sentido de nuestra mísera existencia. si acaso sueñas con pisar caca olvida que de algún lado caerá dinero, porqué éste atesorado está en las arcas de quien lo tiene: es el dinero estéticamente redundante y con solidez tautológica es enunciado por quien lo maneja, gastado por quien lo tiene y deseado desesperadamente por la gran mayoría de la inhumanidad (incluidos inmortales...).

jueves, octubre 25

Novenaria y memoriosa entrega de un vampiro que…


… escritor se siente y quiere hablar sobre monumentos y cosas peores.


A Lucy, que provocativamente trajo a colación un supuesto y vapírico repudio hacia las netas


Durante su larga y vampírica existencia éste humilde bibliotecario abandonó mas de una ves el matinal descanso para resolver la histórica duda que siempre sus entrañas conmovió. Ese viceral y primitivo impulso que a los mortales orilla a quemar incenso a si mismos en una narcisista y redundante actitud: todo culto que no sea dirigido a los entes incorpóreos (sean llamados indistintamente Dios o Diablo) queda reducido por la moral cristina a pecado de soberbia. ¿Dónde putas encontramos el cúmulo de textos, signos, metáforas y representaciones que constituyen el pobrísimo repertorio ideológico de quienes creen sinceramente en la felicidad plena del "si se puede". Sea posiblemente la literatura de superación personal una de sus manifestaciones mas patéticas de esta idiosincracia del mérito.


En alguna de mis entregas primas mención sucinta hice al memorioso y monumental culto que los mortales rinden a sus ídolos, héroes, santos y demonios. Si no mal recuerdo circunscribí en modestísimo paréntesis una vampírica idea producto de un ejercicio de reflexión comprometido desinteresadamente con la verdad y es por tal motivo que me permíto citarme a mi mismo (sic): “el culto de los héroes es el culto del poder”. Y para mejor explicame, mis escasos y queridísimos lectores, referencia quiero hacer al kilométrico anecdotario personal de un vampiro que desde húmedo sarcófago estas memoriosas y monumentalisticas líneas escribe. Si, y no me da pena confesarlo, fue hace poco menos de un año que descubrí esa respuesta que me quitó tantos y tantos días de placentero sueño: ¿Dónde putas descanza el secreto y el motivo que da origen a la representación material mas funesta del poder: el horroroso monumento.


Diacrónica y sincrónicamente limitado, el mortal ser humano se debate angustiosamente entre la efímera contundencia de su temporalidad y sus desenfrenados e incontrolables ímpetus naturales. La erección de monumentos obedece a ese primitivo impulso que hace posible al fuerte imponer su voluntad al débil. La supuesta “racionalidad” burocrática solo institucionaliza como ley y materializa monumentalmente en la memoria aquellas imágenes y mitos que los poderosos desean incrustar en aquella quimera que “los que saben” llaman el interés general. (Me cai que no tengo broncas con las quimeras, cuya persecución junto a Dostoievsky promuevo, pero como toda quimera, la “los intereses nacionales” y su definición como proyecto colectivo no deja de tener sus respectivos matices y gandallísimos bemoles). La bronca estriba en preguntarse ¿quién o quienes definen el contenido de tales intereses y como a los demás convence del legítimo derecho a la dominación?


Y es en última estancia que el vampiro se despide no sin preguntarse ¿quién o quiénes deciden los personajes constitutivos tanto del panteón como del pandemonium? ¿son el mal y el bien representaciones de aquellos impulsos más primitivos que habitan todos y cada uno los mortales e inmortales corazones? Dice mi agüelita (simón, ¡agüevo! Este vampiro tiene una abuela a quien ama sin tapujos con todo el corazón) a la gente que es "mala como la carne de puerco" que se cuiden del rebote de tantas y tantas maldades realizadas porque "todo se paga en esta vida". Si un servidor es viejo imagínense a su agüela que según ella cierta vez le dijo a no se qué faraón (siempre ha confundido a Tutmosis III con Ramses II y a Ruíz Cortines con Miguel Alemán) que se había gastado el mega varo en levantar un monumento a si mismo y que desesperadamente le pedía consejo: "no mijo, Dios no le da alas a los alacránes".

miércoles, octubre 24

Octava y anecdótica entrega...


... de un vampiro que fue a darse un rol por Santa Fe.


Caminando por conocido centro comercial ubicado al extremo poniente de la cuidad fui abordado por un tipo de esos que tienen facha de gente decente. Ya saben, un tipo calvo de arregladas barbas todo él traje y corbata. Recuerdo haber llegado a las puertas del lugar y clavado la vista en minúsculo señalamiento que indicaba la ubicación del banco en el que debía efectuar un pago que desde hace días me habían encomiado amablemente a liquidar. y fue siguiendo casi bajo un trance hipnótico el camino señalado cuando me topé como por arte de magia con aquel tipo todo él traje y corbata que me llevó directamente frente a un flamante bólido color rojo infierno que ya quisiera yo nomás por un fin de semana pa llevarme a un par de mis vampiritas lindas a cotorriar (sic) ahí de menos a Cuernavaca.


-¿Cuanto está dispuesto a regalarse al mes por un auto cómo éste? Mire, esté modelo cuesta únicamente 26 000 dólares y podemos acordar un plan de financieamiento de acuerdo a sus posibilidades. Puede pagar mensualidades de 6 mil o 9 pesos y dar un enganche de... mmmm... ya veremos después lo del enganche (orale, este cábula me ve con facha de comprador de un Volvo o mi vampírica personalidad de plano da el gatazo)


-¡Ja! Yo no necesito un auto, ni siquiera se manejar...-Nombre señor, por eso no hay problema, vea nomás que carrazo, el diseño es tan versatil que bien podría pertenecer a una chica de 25 años que a un tipo como usted o como yo que a andamos entre los 30 o 35 años. (¡Ah, eso si que no! ¿pus que este pendejo no se ha visto detenidamente en el espejo? Además ¿yo no me veo tan dado a la chingada como él verdad? Mi prematura calva está lejos de ser producto de aquella característica angustia que padece quien su vida mide a plazos: quincenas que alimentan colegiaturas, mensualidades, créditos, hipótecas, servicios...


Como doctor en creación de necesidades quería presentarse aquel tipo, asesor en la compra de autos de lujo que pregunta a un fallido prospecto de cliente su profesión.

-Soy bibliotecario.

-¿En dónde es usted bibliotecario?- dice aquel con el mismo temple de quien practica la escalada libre en roca buscando siempre el preciso punto de equilibrio para situarse por encima del umbral del pánico.

-En el Tec de Monterrey.

-¡Mire nomás! Pus ahi está... ¿a poco no puede usted regalarse un carrazo como éste?- responde suspicazmente aquel demiurgo de las necesidades creadas...

-Un Volvo es de lujo ¡no invente! está estratosféricamente fuera de mi presupuesto y necesidades (¿pus este güey cara de qué me vió? ¿De fresita? ¿De pendejo? con 26 mil dólares podría comprarme cuando menos un espacio pinchurriento donde al pudiera caer muerto y no una pinche lata ponderada por el egocentrismo de los yuppies... ¿por qué toda la gente piensa que a los del Tec nos pagan bien?)

-¡Ya vas! Esos carros son de los que traen los alumnos, además a mi me pagan una madre-respinga un servidor.

-Bueno, no es por ofender a la dignidad... pero no por eso deje de mandarme por correo sus datos para enviárle una cotización personalizada- me dijo con desenfadado tono aquel cábula tendiendo la mano para despedirse y al mismo tiempo depositar en mi palma una tarjeta postal con imagen del auto, nombre y contacto del susodicho consultor incluídos.

jueves, octubre 11

Azotadísimo Epílogo a una séptima y amnésica entrega…

… y amnésica entrega de la Bitácora de un vampiro que finge demencia y se olvida que enamorado del amor estaba.

El vampiro por definición está enamorado del amor porque su triste soledad le indica porque siempre muere y que no vale la pena, “estirarlo como un pinche chicle” como bien dice mi amiga Noe. Así es, el vampiro acaba de tronar a otra de tantas de tantas múltiples y azotadísimas relaciones y a la tarea se ha dado de cerrar tantos círculos que ya casi casi se estaban tornando en espirales. Hasta el corazón mas grande si en pedacitos se parte no alcanza pa desperdigarse entre tantas y tantas soledades que su magnitud supuesta lejos de abarcar se encuentra. No pueden quedar exentas y sin traer a colación aquellas soledades, ansiedades y psicopaticas (sic) demencias que con su frenética presencia el amor nos deja.

Séptima y chabacanísima entrega de una Bitácora…


…que va de la mano con aquel grito de guerra ochenteno: ¡Mucha Policía!


Simón, el vampiro se acaba de mudar a otro sarcófago y en verdad extraña aquellos árídos parajes allende al extremo norte del Eje 3 Oriente (para quienes no se ubican, llendo por Talismán pasando Eduardo Molina) que sin miedo de perderse en lotananza del olvido se incrusta en el imaginario popular: en efecto mis contados lectores, me refiero a ese mi Arapunk querido que una vez dejé y que al cabo de tres años de nueva cuenta abandono. Actualmente habito un húmedo tugurio apropiado para un ser de la noche como yo, situado a tan solo unos metros de la Biblioteca donde encuentro mi cotidianamente grato refugio.

Y hacia referencia a la triste tira porque sin importar a donde me dirija no puedo librarme de su asfixiante y funestísima presencia. Entiendan este malestar mientras mi causa explico , porque ya sea uno o sean veinte, los años para un inmortal significan nada: en verdad les digo que a pesar de las centurias vivídas jamás presenciado había tanta pinche polícía en tantísimos formatos colores, sabores y versátiles presentaciones. Mi enojo (si tomamos en cuenta que durante mas de trescientas lunas el vampiro diambuló por esta zona alta de las barrancas del poniente sin que ningún alma irrumpiera su tranquila y desenfadada marcha) obedece a tanto a su aparación repentina como a su considerable número. Cual fue la sorpresa del vampiro que a pocos días de cambiarse de rumbos encontró empotrados en la esquina a infame par de cuicos que le daban la bienvenida a su nuevo y oscuro hogar.

“¿Porqué? ¿Por qué, justicia orden y ley?” canta el estribillo de la célebre rola que nos hace maldecir aquella chispa de maligno ingenio que institucionalizó el agandalle dándole forma de ley y legitimándolo científicamente. Son la tira y en ultima instancia el ejército, los que tienen en sus manos la salvaguarda de la propiedad y los intereses de quien de los privilegiados y los poosedores. Centenares de años han pasado desde que esta alma maldita se deja querer y despreciar por estos oscuros parajes de la “vida” para no haber sido amenazado, madreado, acalambrado, agandallado, taloneado, extorsionado, despojado o de plano cínica y descaradamente robado por aquellos guardianes de la ley que valiendo madre temporalidad o latitud barren parejo con todo aquel que no se pone trucha al momento que se arman los chingadazos. Porque la vida diaria es lucha y la tira no es el poderoso, sino sólo su guardián.

lunes, octubre 8

Sexta y triplemente diabólica entrega de…

… de una obsesivamente necia Bitácora que insiste en traer a colación Contradicciones.

Si escribiera la Historia de la Mezquindad Humana tendría que comenzar hablando de un germen prehistórico que al paso de los años va incrustando sus impresiones en el imaginario colectivo que la mitifica (el individuo), representa (el producto cultural), e institucionaliza (Democracia Procedimental y Economía de Libre Mercado). El mismísimo chamuco, mis diacrónicos enanos, pecó de rebeldía y no de soberbia según la canónica versión del catecismo. 666 es el número y sexta la entrega dedicada a la cuestión malévola, el preguntar incisivo y la maldita duda. ¿Porqué una simple e inocente preguntita hace temblar al mas “poderoso” de los mortales?

Que te salga el chirrión por el palito es casi lo mismo que decir nadie sabe para quien trabaja si el resultado de una acción calculada con anticipada frialdad resulta ajustarse a la premonición más funesta. Un demiurgo lengua larga resolvió está sencilla contradicción conjurando a los demoníacos preguntones y apelando a una odiséica razón cuyos atributos repite hasta el cansancio la fórmula homérica inscrita en tantas y tantasísimas perversas (por malísimas) traducciones: “Odiseo fecundo en ardides, Laértida en astucias rico”. Porque preguntar "¿dónde está el baño?" no equivale a cuestionar el poder del que amenaza, grita, ordena y dice valiéndole madre lo que opinen los demás. Mezquinamente ensimismados los grandes preguntones han pecado de soberbia y recibido el respectivo escupitajo que desde el cielo cae sobre el mismo hocico de quien lo profirió. Al echar mierda, mis queridísimos y temporalmente limitados amigos, debemos siempre considerar que cuando cae ésta salpica y deja hediondas manchas en nuestro triste y amargado corazn. Efectivamente, como los más conspicuos de ustedes adivinaron ya: !este vampiro que a corazón abierto y en espera de un transplante sinceramente se revela como el mas cursi de los sentimentaloides adictos al kich! Si, lo a afirmo y grito a los cuatro vientos confesando con la frente en alto que a pesar de mi larga trayectoria por este páramo de miseria y desolación que ustedes llaman "mundo" yo tambien me sigo salpicando con la mierda que ocasionalmente resbala a partir de mi cotidiano quehacer. .

La pregunta y su hermana la cuestión nacen del ingenio. El buen aprendiz consulta al brujo con la esperanza de transformar su confusión en duda: los antiguos dicen que la soberbia mas estúpida es aquella que al paso de los años se somatiza en miopía. ¡Gracias pues a la duda que salva a los ingenuos del pecado de soberbia! ¡Bendita seas si desde la oscuridad de los avernos inspiraste a tu fiel hijo Lucifer para cuestionar al poderoso y nutrir miríadas de frustradas y aburridas pesadillas! Es por tal sentimiento que el vampiro se conmueve al decicar su diabólica entrada a esta canija duda que nomás nos trajo la discordia antes que a los mismísimos redactores de la Biblia se les ocurriera atribuir el origen del problema al consumo de cierta fruta prohibida que la maldita curiosidad le orillo a nuestros primeros padres a probar. Si, y aunque me pese reconocerlo, he ahí nuestro origen común: fueron tanto la desobediencia y la curiosidad que sólo pudieron haber surgido de la duda quienes elevaron la voluntad al grado de pecado disfrazándola mezquinamente bajo el nombre de Soberbia.

Harto, cansado y en catatónico estado el vampiro se despide no sin antes advertir a mis vampiritas consentidas que me prendan una veladora extra y que se duerman con la estampita de san judas bajo su almohada porque los escasos rezos que se echan a mi salud no dan pa’ cansar a este caballo que con vigor relincha pidiendo desesperadamente que alguna de ustedes lo saque de tan abyecta aburrición. Espero por lo menos mañana levantarme ligeramente crudo.

miércoles, septiembre 26

Quinta y malísima entrega de…




La Rabiosa Bitácora de un Vampiro azotadamente adicto a una vouyerista autoflagelación …

Si de ensimismamiento y autocomplacencias se trata no hay nada mejor para un vampiro que ver películas de vampiros. Créanme queridísimos mortales que a pesar de sus primitivas limitaciones algunos de sus desplantes de ingenio han llegado a sorprenderme e incluso a maravillarme al vislumbrar aquello que las francesas llaman le petit mort y algún célebre filósofo denominó lo sublime. No miento cuando digo que muchos han sido los “artefactos” cuyo impacto mi vampírica memoria en piedra ha grabado. De entre tantos destaca una magnifica película sementera de un director cuyo nombre vale la pena traer a colación: David Cronemberg.

Rabia es la enfermedad que trae consigo el ejercicio de dos populararísimos pecados capitales: la soberbia desenfrenada representada por un médico con patológicas inclinaciones mengelianas; junto a la lujuria viciosa e incontenible encarnada en una buenérrima y despampanante rubia víctima de aquello que ustedes llaman casualidad y nosotros los hijos de Caín denominamos simple y llanamente por su nombre: la preclara estupidez humana. Porque es eso precisamente lo que da origen a la escatológica cinta cuya influencia nos orilla en la orilla (sic) del decir: “bien vale una vampírica reseña este artefacto digno del ingenioso Odiseo.”

Hay tienen a un imprudente cabulilla dueño de una horrenda chatarra que lo deja botado en medio de la carretera y a un frenético motociclista que acompañado de nuestra calendaría rubia se estrella a velocidad vertiginosa contra el despojo automovilístico para dar inicio a esta trama de apocalíptico desenlace. La bella en estado irreconocible es atendida en una clínica cercana regenteada por un locuaz cirujano plástico que sádicamente espera que del laboratorio vuelvan los injertos extraídos de los muslos exuberantemente sanos de una víctima con quemaduras de tercer grado. Después de la operación nuestra rubia despierta como de una noche de juerga sin el más mínimo resabio de cruda, pero si con la desesperante sed que le acompaña. Instintivamente nuestra amiga se dirige a extraer del primer incauto que se cruza en su camino aquel líquido vital que de ahora en adelante será para ella el único alimento. Un alacranesco aguijón alojado en la axila de esta cachonda rubia le permite utilizar sus encantos atrayendo inocentes víctimas para dotarles, no con beso de la muerte, sino con un mortífero abrazo chupasangre que los fulmina tras padecer 24 horas de salvaje y delirante rabia. De inmediato la ciencia médica identifica que la escatológica peste se transmite al contacto con la saliva del enfermo. Decenas de convoyes con soldados armados hasta los dientes recorren las calles tirando a discreción sobre aquellos que muestren abiertamente los síntomas de la enfermedad: cualquier actitud violenta por mínima que fuera debía ser reprimida con violencia y en el acto.

Esta maravillosa cinta nos inspira y hace pensar en tantos peligros para la humanidad invocados con el pasar del tiempo y tantas enfermedades mortíferas que han querido ser exterminadas de raíz por cualquier lugarteniente del imperio en turno: ¡invóquese al mismísimo chamuco! Llámese traición, deslealtad, herejía, locura, comunismo, terrorismo o simplemente rebeldía a ese primitivo terror que instintivamente nos produce el menor contacto con “los otros”. Llevar al extremo del pánico este miedo natural es el recurso favorito de tantos y tantos asesinos poderosos que han llegado incluso a sistematizar e institucionalizar el extermino. Y ya para despedirme, mis queridísimos y escasos lectores, queda finalizada está quinta que por ser entrega y recién estrenada pasa ya al terreno de la sexta: aquel que se que se constituye en dominio de las canchas oficiales.

viernes, septiembre 21

Cuarta Entrega

La Hematófilamente enfermiza Bitácora de un Vampiro enamorado del amooorr (arroooz!)

De nueva y aburrida cuenta aquí mis escasísimos lectores que fielmente me acompañan en esta melancolica entrega que por ser cuarta prefiere ir a tono con la interpretación que de los números hace la tradición occidental. Cuatro también son las estaciones del año, las dimensiones del espacio y sus puntos cardinales: norte, sur, oriente y poniente. El número coincide con los cuatros padres de la Iglesia y cuatro son los evangelios canónicamente aceptados por Roma. Tampoco olvidemos que son cuatro los célebres jinetes que harán de las suyas cuando ocurra lo que ustedes simples y llanos mortales denominan el fin de los tiempos. Cuatro es el número de la Madre Tierra y cuatro los elementos (tierra, agua, viento y fuego) que sólo son representaciones sensoriales de la energía vital que compartimos todos y cada uno de nosotros con todas y cada una de las cosas del Universo, cosas como tales, porque el número cuatro nos recuerda a mortales e inmortales que en tanto "entes animados" somos parientes carnales de todas las formas de vida "conocidas" y por "conocer" ya sean plantas, animales u organismos aún inconcebibles. Siendo cuadrada la forma e indicativo el trazo del guarismo, démosle dentro de la numerología vampírica al número cuatro el atributo de esa magia que nos vincula con la naturaleza y el mundo vital: dejémoles entonces al número cinco el patético privilegio de ser el número denominativo de la simplona y mortal condición humana que los esclaviza a una existencia que a estas alturas del camino compran gustosamente a crédito con todo y número de serie, garantía y fecha de caducidad : me refiero a eso que apenas conciben como potencia (fuerza) y manipulan como energía (y que ustedes ¡oh mortales! reducen caricaturescamente al "estigma" del precio).

Volviendo al cinco, y sólo con el ánimo de establecer claras diferencias con respecto a los límites y atributos mágicos de los números, éste hace referencia al hombre ya sea por sus extremidades (cabeza incluida) o sus limitadísimos sentidos. El cinco es instrumental e interesado, no de balde sus múltiplos son monótonos y aburridamente predecibles pues se reducen a inferencias mentales básicas para la supervivencia y por ende inconcientes. No es gratuito que de las horrorosas tablas de multiplicar sea la del cinco la mas fácil de aprender.

Y es que mi cuarta y escatológica entrega no podía evadir el punto más significativo que caracteriza todos y cada uno de los procesos terrenales: el final irreductible de todas aquellas cosas determinadas por la puta y efímera temporalidad. El tiempo es un tirano y nadie mejor que ustedes los mortales para dar cuenta en carne viva de las atroces consecuencias de su indolente paso. Quiero ser claro y no distinguir entre argivos o troyanos para curarme en salud de las debilidades propias de las deidades griegas que comparten conmigo la inmortalidad pero no el signo de Caín, nuestro célebre ancestro. La escatología se refiere no solo a la caca mis queridos lectores, es necesario recurrir al sentido más lato del término para incluir en él todas aquellas cosas que están el las últimas tales como: los residuos, las ruinas, los desechos, la basura, la carne una vez viva en avanzado estado de putrefacción siendo corroída por gusanos, el amor...

Un inmortal cae enamorado por primera vez cuando un gusano barrena su fresco corazón inoculando a su paso su germen putrefacto; es el corazón podrido de un vampiro que palpita lágrimas de gusto y dolor cuando descubre de una vez que tan maravillosa alegría lleva perentoriamente inscrita la marca de su destrucción: la muerte del ser amado es la muerte del amor. Como puede un vampiro escapar a esta malévola tentación si se ha brincado la muerte para vivir libre de angustia y dolor. Una vez curado de espanto, el corazón vampirico asimila su triste realidad tolerando e incluso llegando a disfrutar como el ser amado se marchita lentamente con el tedioso pasar de los años. La primavera y el infierno de su fin no significan nada para quien ha visto tantísimos capullos florecer y consumirse en un fuego provocado por las culpas, los remordimientos, las traiciones y el maldito desamor.

Bienvaenturados sean los lectores de Bítácora que de ellos será la sangre de antemano extraída porque desde su abyecta soledad se despide el que estas líneas escribe dejando entre paréntesis el cínico misterio que encierra toda alma marcada por el transcurrir del tiempo. Prendan veladoras y échense un Rosario a mi salud que al inmortal los rezos le hacen lo que el trago al bebedor: lo embriagan con placer y lo ponen cachondón.

martes, septiembre 11

Tercera entrega


... Una actitud melancólico chabacana es aquella que nos permite conjugar en una misma acción a la sinceridad con el cinismo o a la soberbia con humildad. Reducir esta última a un método para "vivir" entre humanos puede ser visto como la peor de las hipocresías. ¡Pobres mortales que todo lo reducen a lo que perciben "aquí y ahora"! ¡Enanos cuales burros de noria giran ensimismadamente con la esperanza de extraer unas cuantas gotas de unos mantos freáticos exhaustos! Ignorantes que hace cientos de años no existían norias que esclavizaran a los ancestros del hermano burro a una actividad que les eximiera de correr libremente por estepas, planicies y praderas. He ahí el gran problema de los mortales: pensar que todo se reduce a lo que pueden controlar con la mente o con las manos, ya sea con instrumentos tan rudimentarios como su escaso vocabulario o hachas de silex, o tan sofisticados como las ciencias "exactas" o los sistemas informáticos "inteligentes". Volviendo a lo anterior. Se que para muchos resulta difícil conciliar estas contradicciones. Tanto así que he sido testigo presencial de la fundación de sinúmero de sectas fanáticas y del actuar de varios individuos de diferentes colores, sabores y orientaciones, todas y todos ellos dispuestos a cometer atrocidades sin nombre en nombre (sic) de la razón, la civilización, la democracia, la revolución, y la gran mayoría de las veces de un Dios invocado en tantas formas como lenguas existen en el mundo. Se que me voy a los extremos, pero sólo ellos nos permiten concebir que significa esa actitud melancólico chabacana a la que desde la anterior entrega me refiero. Asumiéndola, o ya de perdis entendiéndola, quiero aliviar la repugnancia y náuseas que estoy seguro sienten cuando imaginan que se alimenta de sangre el que estas líneas escribe.

Un bibliotecario vampírico resulta más simpático a sus escasos lectores cuando abre su viejo y amargado corazón, incluso dándoles a entender que podría chupar su sangre a riesgo que las Bitácoras se queden solitas chiflando en la loma sin nadie que las pele. Espero que mis vampiritas lindas no se espanten con mi cínica sinceridad y se animen a entrarle con este sanjuditas hematómano y querendón que con el sanguinolento corazón en la mano espera paciente a que se incremente el número de lectores vivos y nomuertos de estas ociosas líneas que con tanto gusto escribe. Quiero pues, compartir algunas experiencias y reflexiones, no sin antes advertir que se requiere de amplio criterio y estomago fuerte para resistir a las tentaciones y el infinito placer resultado de la experiencia vivida a lado de un ser de la noche. Es por ello que, mis queridísimos mortales, los invito a conocer un poco mas su lado oscuro aprendiendo así a vivir con sus demonios (nadie, desde el mas experimentado vampiro hasta el ser mas inocente de la tierra, está exento de la presencia y acción de los demonios) sin culpa o pena que nos abata ni remordimientos de "conciencia", pues solo puede nombrarse así a la facultad de entender y conciliar en pensamiento y acción las impresiones grabadas por las contradiciones que van enfrentando a lo largo de su monótona, aburrida y exasperante vida. Mi exclusión de tan simplona existencia tiene una razón de ser y nada tiene que ver con mi vampírica soberbia, tan real y tangible que es imposible de negar: se refiere mas que nada la situación tan peculiar que me sitúa en un contexto fuera de la historia propia y colectiva, permitiéndome así librar sus golpes, traumas, maldiciones y reproches.

Segunda entrega


La gente me pregunta qué es lo que hago yo en una biblioteca si estudié una licenciatura en Historia. También se extrañan porque soy capaz de recordar hasta el mas mínimo detalle y anécdota ocurrida hace cientos o quizá miles de años. Me doy cuenta cuando interactúo con mis compañeros y usuarios (así llamamos los bibliotecarios a la gente que usa de la Biblio) como se apantallan cuando les muestro alguna de mis mañas para buscar información en Internet: se ve un brillo particular en sus ojos. Solo me resta reír cuando les confieso mi condición vampírica y no me creen: “simón carnal” me dicen con ese tono característico de quién le da el avión a un cábula que afirma cosas que a uno francamente le valen madre.

Para un no muerto que ha vivido no miles pero quizá cientos de años, estudiar historia equivale a que un teólogo asista a cursos de catecismo. Dejénme me explico (valiéndome madre cacofonía alguna): Si yo estudié historia no fue por gusto, pasión , indolencia o falta de opción. Yo asistía a las aulas con la misma actitud que acude un adicto al “grupo” o un neurótico al psicólogo. Sentía pues exactamente lo mismo que siente el ansioso con Taffil o un maniaco depresivo con Prozac. Lo que quería expresarles a mis queridos lectores (saludos a Tahis que ella si me lee … ¿verdad que si Tahis?) era el sentido terapéutico que un servidor le vio a los estudios históricos para su vida.

Porque la biografía de un no muerto y la historia del mundo (entendida ésta no como la “historia universal“ hegemónicamente eurocéntrica, sino como la historia del mundo de a de veras) son casi una y la misma cosa. Explícome (si, así, me vale madre): son el relato de las atrocidades hechas por el “hombre” a nombre de su propia humanidad sin ningún pudor, conciencia o empacho. ¡Por tal motivo me pregunto yo! ¿Cómo chingaos quieren que no me deprima? La vida (ya sea individual o comunitaria) está compuesta paradojas y la neta nadie sabe para quien trabaja. Y cito un dicho popular acompañado de una neta (créanme, y se los digo con sinceridad: me caga profundamente tirar netas) porque paradójico resulta que en casa del herrero haya azadón de palo.

Con esto también quiero decir que la historia del hombre no es heroica (el culto de los héroes es el culto del poder) sino irónica. Lo que quiero decir es que el juego que se da entre las acciones emprendidas por quienes en todas latitudes parten el queso y sus incalculables consecuencias, siempre mediará el sentido de la historia que apunta hacia una sola dirección … nuestra propia aniquilación. ¿No? ¿Apoco no es cierto que la fe casi religiosa en la divina trinidad que en su momento formaron la razón, la ciencia y el progreso nos llevó a la devastación ecológica y al desarrollo de armas de potencial destructivo inimaginable? Ya lo decía el maestro Goya: “Los sueños de la razón producen monstruos”.

Bueno, eso en cuanto a la Historia ¿pero que pedo con la Biblioteca? ¿Que otra actividad permitirá a un vampiro enfermo de años regodearse en el recuerdo leyendo páginas y páginas salpicadas por las culpas, traiciones y voluntades fallidas de sus propios autores. ¿Ahora tiene sentido o que digo? (en lo personal, la neta me vale madre si lo tiene o no). Afortunadamente mi larga vida vampírica me ha ayudado (de aquí en adelante no repetiré que me valen madre las cacofonías, sino que pondré entre paréntesis la palabra -sic-. Me cai de madre que ni mis inclinaciones pedantescas ni la censura del entendido me motivan para echar mano del término, sino la voluntad de economizar espacio y no obstaculizar el flujo de la narración…) a descubrir la clave para interpretar este peix y no hundirme en la depresión, sino mantener una paradójica actitud melancólico-chabacana (sic)… pero ya se me acabo el espacio.

Primerísima entrega


Primera entrega… o de cómo el que nace pa tamal, del cielo le caen la hojas.

Cuando aun era escolapio y daba mis primeras vueltas por la Biblio de la Facultad, recuerdo haber visto con envidia a un cábula de bata que estaba en la salida detrás de una rampa por la que dejabas deslizar los libros que traías encima. El dichoso embatado se limitaba a revisar los sellos que marcaban las fechas en que los ejemplares extraídos debían ser devueltos y a parar oreja cuando algún despistado olvidaba pasar sus libracos por la rampa y hacía sonar la alarma del sensor instalado frente al torniquete de salida. Recuerdo bien aquel día porque vi con verdadera envidia a quien tenía tan mecánica encomienda. Inmediatamente me vino a la mente a un sanjuditas ahí, a toda madre, con una bata que cubriera sus ropas de civil y realizando tan encomiable labor que me daría tiempo para poner en práctica mis inquietudes de diletante amateur. A casi 10 años de tales acontecimientos !me invitaron a integrarme al “staff” de una biblioteca universitaria! -!A güevo! Me dije a mi mismo. -!Que chingón! Me volví a repetir. Estaba pues en mi elemento. No voy a negar que me sentí medio destantiado (sic) por la novedad, pero sobre todo por la emoción que despertaba el mi el hecho de tener acceso a uno de mis principales vicios, aquel que muchos relacionan única y erróneamente con los libros: la lectura. El horario estaba de fábula, ya que iba a prestar mis servicios de dos de la tarde a diez de la noche, lo que me permitía dejar mi ataúd a eso del medio día (eso de que los vampiros nos morimos con la luz del sol es puro choro, como también lo son las máximas de lo que yo llamo el individualismo tecnocrático y aquello que escriben los promotores de la meritocracia y la superación personal) dejándome abierta la opción de regresar a él como a eso de la media noche, hora que marca el inicio de actividades para aquellos que disfrutamos del manto emancipador de la noche. Porque los seres de la noche, sépanlo bien, somos seres libres. Estábamos pues en le momento que me vi a mi mismo en una Biblioteca. Como fueron pasando los días me fui sintiendo como una mosca en una letrina, como un gusano sobre carne putrefacta, como una cucaracha en cocina, como una rata en alcantarilla, como teporocho en la banqueta… no se si me explique… ¿Qué siente un padrote paseando en la merced? ¿Acaso cualquier muláh no se siente casi casi como el mismísimo Mahoma cuando esta entre las chicas de su harem? ¿No me digan que un narco en Ciudad Juarez, Tijuana o el Golfo no se siente amo y señor de la situación? ¿A poco no la impunidad que da una placa no hace sentirse reyes a aquellos que sumisamente agachan la cabeza cuando un superior les ordena “caerse con la renta”? Bueno, bueno, ya nos estamos desviando. Lo único que yo les quería expresar es la sensación que despertaba en el que estas líneas escribe el hecho de integrarse al staff de una Biblioteca. Me sentía, en resumidas cuentas, como pez en le agua…