viernes, diciembre 21
Décimocuarta y lúdica entrega...
Un buen valedor lanza la provocación y yo escribo: "¿por que no hablas en tu blog sobre antros y demás lugares donde ir a cotorrear?" Eso de los antros luego luego me recordó al Kikis, un cábula del barrio, de esos que denominan los nóveles "la banda de antaño" y que hace mas de diez años hizo el favor de indicarme que en su época (el que hablaba era un Kikis ya casado, por no decir "maduro", con hijos y entrampado en la fiesta familiar) los antros eran tugurios de mala muerte con ficheras que tiraban a pirujas, rockola y pomo de bacachá (blanco o añejo) acompañado con cocas y peñafieles de a cuartito.
La distinción semántica pasó a segundo plano por ahí de la mitad de los años noventas: antro era cualquier lugar donde pudieras ir a reventar con tus cuates. para esos entonces la palabra "antro" ya no hace distinción entre cantina, bar familiar, putero, congal o simple lugar de esparcimiento nocturno, de ahí que hasta las niñas fresas puedan decir hoy en día "vámonos de antro güeeeey".
Por lo tanto, y siguiendo la antigua tradición, quiero relatar antros de mala muerte, aquellos que dan cabida a la banda marginada y trotacalles, esos mismos güeyes que apenas le cooperan con cinco varos pa la vaca y con eso quieren ponerse hasta la madre, ya sea con "granada de mano", "panalito" o "los reyes" (hace diez años, cunado iba a la prepa, los pomos mas pupulares eran el Richardson, el Corsario o el Uruapan: me refiero al celebérrimo "paquete-amigo-banda-eriza", que en aquel entonces consistía en un pomo de aguardiente, unos cigarros delicados y una toronja gasificada de dos litros. "Antros de vicio y perdición", siguiendo al pie de la letra la definición de los agüelos: pulquerias, cantinas, bares y puteros. Por eso quiero dedicar mi entrada no solo a los citados establecimientos, sino a esa banda que sin importar lugar o tiempo tiene el corazón enfiestado y a pesar de no traer un quinto en la bolsa llevan a buen término el convite estimulados por el puro impetu de aquellos que gozan de un envidiable espíritu fiestero.
Empecemos por los mas folclóricos: las pulcatas. cuando creces en un asentamiento artificial y sin historia como Aragón las pulcatas son algo desconocido por no decir exótico. La primera vez que visité una tenía yo como 17 abriles. Iba en mis ultimos años de prepa. Escuchando no sin emoción divertidísimas anécdotas de la "banda de antaño" en La Titina, mi imaginación de púber se daba vuelo pensando como mi jóven ímpeto se desgastaría frente a sendos vasos de curado de jitomate o avena expendidos en soñado recinto. No tardó en materializarse el sueño: ahi estaba yo, tal como me había imaginado, en la esquina de Calzada de Guadalupe y Robles Domínguez, por el rumbo de la Villa, casa de nuestra jefecita. Despues de "La Titína" concurrí otras pulcatas y tome otros pulques: de las primeras visité "La Risa" y "La Antigüa Roma" (sobrevientes del centro), la arriba citada junto a "La Tlaxcala", en la mera Peralvillo, "La Peor es Nada" cerca de San Angel. Tambien fui a pulcatas en Colpilco (había dos), Tacubaya, Molino de Rosas, Merced Gómez, Tepepan, La Noria y Xochimilco, de cuyos nombres, por obvias razones, no puedo acordarme. De pulques, ahi si me doy vuelo, pues probé deliciosos en Hixmiquilpan, Actopan y Santiago de Anaya (Valle del Mezquital en Hidalgo), Tehotihuacán y Texcoco (Estado de México). Chamontoya, Cuajilamlpa, San Bartolo Ameyalco, Santa Rosa Xochiac, San Mateo Tlaltenango y San Andrés Mixquic en el Distrito Federal.
Me comprometo a continuar con las cantinas, no en la inmediata siguiente, sino a posteriori... mi bitácora no se somete a entregas programadas ni a pronsoticos específicos, no se deja guiar por el anecdotario de los triunfadores ni por las narrativas auntocomplacinetes del mérito. Mi bitácora no sigue la línea estructuralita si se deja llevar por la simple voluntad humana, finita y mortal. Sólo quiere servir de receptáculo y medio para las letras de un vampiro que se deja llevar sin freno por sus impetus psicópatas, con una patología escatologica frustrada que desea el fin del mundo pero no quiere padecerlo...
miércoles, diciembre 5
Trigésima y desafortunadísima entrega...
viernes, noviembre 30
Doceava Entrega...
jueves, noviembre 22
Onceava y erudita entrega...
Un viejo monje calabrés hermano de la desaparecida orden de císter pronosticó allá por el siglo XII que por ahí del año 1260 daría inicio aquello que los católicos romanos llaman los Dies Irae, los griegos ortodoxos Parusía, los protestantes últimos días, y tanto tirios como troyanos día del juicio. Si, en efecto, y por mas disparatada que suene la idea sería el mismísimo Cristo quien daría fin al reinado de su propia Iglesia para inaugurar el Reino del Espíritu Santo, que casualmente será regido por los monjes mendicantes que para esos entonces comenzaban ya habían infestado buena parte de Europa. Estos frailes vivían sometidos a una regla espartana que los sometía al trabajo rudo y la renuncia a los placeres mundanos. Su rígida y ejemplar conducta contrastaba con la desparpajada vida de los llamados padrecitos o curas, cuya leyenda negra da cuenta de maravillosas orgías y borracheras memorables. Pero sigamos con nuestro hermano cistercience, que respondía al nombre de Joaquín y que decía ser oriundo de Fiore. Como los más suspicaz es de ustedes pudieron deducir, este oscuro y desactualizado monje cubierto por el polvo del olvido imaginaba la historia como la revelación de la voluntad de Dios entre los hombres, y como buen alma pía decidió copiar a Esquilo presentando su obra en Trilogía, o mejor dicho, tratando de completar con su trabajo de interpretación el verdadero final de la historia, pues ya Dios había escrito, han dicho y aun dicen los que según saben, un viejo testamento que rigió a los judíos y una versión renovada del mismo que aun rige a los escasísimos gentiles. Digamos que si los primeros vivieron bajo la Ley del Padre y los segundos bajo la del Hijo (¿hijo de qué?) entonces cabe la pregunta: ¿qué pedo con el Espíritu Santo?
Para no hacérselas larga y aburrida digamos que el buen Joaquín recurriendo a tremendo ejercicio de empatía se puso los zapatos del Providencial ente imaginándolo como aquel chamaco al que sus papás mandan a la secundaria pública sin el libro de español (es el chivo o el libro decía por lo regular el jefe) preguntándose a si mismo: "¿y yo en que escribo?" o "¿y yo en que leo?" e inmediatamente respondiéndose: "pus hago como que le-leo" o "pus escribo en el aire a lo pendejo". Mas o menos así fue, porque le evangelio del Espíritu no será escrito, ni leído, ni hablado ni pobremente interpretado; el verbo será liberado de la palabra porque según el buen Joaquín en la época del espíritu santo todos seremos monjes y tendremos línea de comunicación directa con Dios, sin necesidad de tipos, caractéres, guarismos ni cables. Inteligencia Divina llamó nuestro monje a dicha facultad y Evangelio Eterno al proceso comunicativo que la mayoría de sus académicas lumbreras fragmentan y dicotomizan en medios y mensajes o formas y fondos. Quiero cerrar el caso de nuestro inquisitivo Joaquín que tanta simpatía despierta a este inmortal porque gran alma creativa era, ya que fue hermeneuta destacado, inquisitivo filósofo y el primer historiador de la cristiandad que concibió la historia como proceso compuesto por periodos. Murió tranquilo en su natal Fiore en el año de 1202 después de haber fundado el monasterio de San Giovanni y la orden de Fiore. Las repercusiones de su obra fueron grandes, tanto así que sus ideas fueron proscritas por el Concilio Laterano y sus oportunistas seguidores perseguidos y quemados en la hoguera por grillos y herejes.
Traigo a colación todo este somnífero y solemne choro para ilustrar otra faceta de las palabras, su rotunda y contundente limitación: nuestro repertorio es tan limitado que siempre nos quedan dudas obstetras de ansiedades, angustias, miedos y todas sus respectivas degeneraciones. Traducimos nuestro miedo en ciencia apuntalando nuestra seguridad con información estadística: la gente quiere respuestas, quiere datos, números, culpables y sobre todo nombres (presentados en forma de resúmenes, cuadros, listas negras, esquemas, digestas, bolo alimenticio y reducciones similares). Por eso si de palabras hablamos la poesía es competencia de una lengua taumaturgamente impúdica incapaz de someterse a la correción de estilo. Y es nomás con este aborto de idea que el vampiro se despide con un nudo en la garganta porque se siente como aquel célebre poeta oriundo de Iztapalapa que se una vez se soñó en vigilia portando muñones en lugar de manos tragándose a gritos significativa estrofa: ¿y qué putas hago yo con esta erección?
jueves, noviembre 15
Décima entrega de la funestísima Bitácora…
¡Bienvenida de nueva cuenta encantadora Lucy!
¡Salud hermanos! Se dirige este vampirito con la copa de tinta sangre en mano a los mortales corazones porque hermanos de carne eran Caín y Abel a pesar que al inmortal le pese (sic). Hay motivos de beneplácito y regocijo para aquellos que siendo orgullosos herederos del primero hemos merodeado entre regiones con memorias sin registro y tiempos que no han sido ni serán medidos como tales. Ese mismo vampiro que a falta de sangre vino entre pecho y espalda empuja es quien al momento formula la pregunta ¿por qué putas el mortal tiende todo a reducir a su medida, a traducir todo a su lenguaje, pensando que aquello que percibe es la mera y verdadera realidad en tanto que neta del planeta?
Ya desde aquel oscuro y barroquísimo siglo XVII Calderón de la Barca se preguntaba si la vida era un sueño, porque de todos los mortales aquellos que así mismos se denominan occidentales (¿en sentido geográfico o cultural?) se caracterizan por ser los mas miopes y brutos. Los chinos (así les decimos nosotros, pero el grupo étnico mayoritario de la gran China se reconoce así mismo como la nación Jan), los indios de la India, los indios de América y la mayoría de las religiones que practicaban los pueblos de la antigüedad tenían una concepción íntegra, completa y total de la realidad. El Taoísmo y el Hinduísmo aun rigen la asiática cotidianeidad de cientos de miles de simples y llanos mortales. Pensamiento mágico y técnica chamánica son gran negocio en la era del new age y los mágicos pasillos del mercado de sonora de varo inundándose mientras tu conciencia se desgarra porque una parte de ti se aferra a llevarse la loción de siete machos y la otra el spray amansaguapas.
Amarga soledad invade los mortales corazones que ya desde el amanecer de la pomposamente llamada era de a información buscan respuestas que hasta la fecha la ciencia no les ha podido dar. Reiteradamente solos y consecutivamente confundidos, aquellos que constituyen el grueso de la borregada gastan onerosas sumas en limpias, trabajos, consultas, cursos, artefactos, amuletos, diversas mancias (el feng shui, el tarot, etc) bajo el auspicio de sinnúmero de ritos que van de la brujería negra o blanca, haciendo esquina con la santería cubana allá por los rumbos de la magia vudú.
Cierto mortal distinguidísimo (un extraterrestre yo diría) estableció una tajante diferencia entre magia y brujería: espantar al chamuco a mentadas de madre es un acto de hechicería; dominarlo mencionando alguno de sus inumerables nombres es una destreza digna del más experimentado mago. Mortales e Inmortales están hechos todos ellos de palabras. Un compendio de cuentos alucinante, ese que llaman ustedes Biblia, cuenta en su primer libro que Dios le dio al hombre la facultad (y de ahí también el deber) de nombrar todas y cada una de las cosas, plantas y animales. Las palabras son mágicas, tanto así que hasta el vampiro cae seducido y e inclusive perdidamente enamorado de aquella mortal o vampirita que con ellas que con habilidosa destreza las maneje. El término Spell es por demás ilustrativo: significa embrujo, hechizo, discurso (speech), pero también podemos referirnos al verbo hablar (to speak) e incluso la palabra ortografía (spelling), todas gozan del mismo estatus semántico y dan cuenta de lo que trato de comunicarles. La ciencia y la técnica no están así lejos del rito y la magia, las primeras no dejan de ser un conglomerado de textos más o menos sistematizado, al igual que las últimas. Antes de mí despedida referencia quiero hacer a los intérpretes de sueños: ninguna traducción nos dará cuenta del sentido de nuestra mísera existencia. si acaso sueñas con pisar caca olvida que de algún lado caerá dinero, porqué éste atesorado está en las arcas de quien lo tiene: es el dinero estéticamente redundante y con solidez tautológica es enunciado por quien lo maneja, gastado por quien lo tiene y deseado desesperadamente por la gran mayoría de la inhumanidad (incluidos inmortales...).
jueves, octubre 25
Novenaria y memoriosa entrega de un vampiro que…

miércoles, octubre 24
Octava y anecdótica entrega...

jueves, octubre 11
Azotadísimo Epílogo a una séptima y amnésica entrega…
El vampiro por definición está enamorado del amor porque su triste soledad le indica porque siempre muere y que no vale la pena, “estirarlo como un pinche chicle” como bien dice mi amiga Noe. Así es, el vampiro acaba de tronar a otra de tantas de tantas múltiples y azotadísimas relaciones y a la tarea se ha dado de cerrar tantos círculos que ya casi casi se estaban tornando en espirales. Hasta el corazón mas grande si en pedacitos se parte no alcanza pa desperdigarse entre tantas y tantas soledades que su magnitud supuesta lejos de abarcar se encuentra. No pueden quedar exentas y sin traer a colación aquellas soledades, ansiedades y psicopaticas (sic) demencias que con su frenética presencia el amor nos deja.
Séptima y chabacanísima entrega de una Bitácora…
Y hacia referencia a la triste tira porque sin importar a donde me dirija no puedo librarme de su asfixiante y funestísima presencia. Entiendan este malestar mientras mi causa explico , porque ya sea uno o sean veinte, los años para un inmortal significan nada: en verdad les digo que a pesar de las centurias vivídas jamás presenciado había tanta pinche polícía en tantísimos formatos colores, sabores y versátiles presentaciones. Mi enojo (si tomamos en cuenta que durante mas de trescientas lunas el vampiro diambuló por esta zona alta de las barrancas del poniente sin que ningún alma irrumpiera su tranquila y desenfadada marcha) obedece a tanto a su aparación repentina como a su considerable número. Cual fue la sorpresa del vampiro que a pocos días de cambiarse de rumbos encontró empotrados en la esquina a infame par de cuicos que le daban la bienvenida a su nuevo y oscuro hogar.
“¿Porqué? ¿Por qué, justicia orden y ley?” canta el estribillo de la célebre rola que nos hace maldecir aquella chispa de maligno ingenio que institucionalizó el agandalle dándole forma de ley y legitimándolo científicamente. Son la tira y en ultima instancia el ejército, los que tienen en sus manos la salvaguarda de la propiedad y los intereses de quien de los privilegiados y los poosedores. Centenares de años han pasado desde que esta alma maldita se deja querer y despreciar por estos oscuros parajes de la “vida” para no haber sido amenazado, madreado, acalambrado, agandallado, taloneado, extorsionado, despojado o de plano cínica y descaradamente robado por aquellos guardianes de la ley que valiendo madre temporalidad o latitud barren parejo con todo aquel que no se pone trucha al momento que se arman los chingadazos. Porque la vida diaria es lucha y la tira no es el poderoso, sino sólo su guardián.
lunes, octubre 8
Sexta y triplemente diabólica entrega de…
Si escribiera la Historia de la Mezquindad Humana tendría que comenzar hablando de un germen prehistórico que al paso de los años va incrustando sus impresiones en el imaginario colectivo que la mitifica (el individuo), representa (el producto cultural), e institucionaliza (Democracia Procedimental y Economía de Libre Mercado). El mismísimo chamuco, mis diacrónicos enanos, pecó de rebeldía y no de soberbia según la canónica versión del catecismo. 666 es el número y sexta la entrega dedicada a la cuestión malévola, el preguntar incisivo y la maldita duda. ¿Porqué una simple e inocente preguntita hace temblar al mas “poderoso” de los mortales?
Que te salga el chirrión por el palito es casi lo mismo que decir nadie sabe para quien trabaja si el resultado de una acción calculada con anticipada frialdad resulta ajustarse a la premonición más funesta. Un demiurgo lengua larga resolvió está sencilla contradicción conjurando a los demoníacos preguntones y apelando a una odiséica razón cuyos atributos repite hasta el cansancio la fórmula homérica inscrita en tantas y tantasísimas perversas (por malísimas) traducciones: “Odiseo fecundo en ardides, Laértida en astucias rico”. Porque preguntar "¿dónde está el baño?" no equivale a cuestionar el poder del que amenaza, grita, ordena y dice valiéndole madre lo que opinen los demás. Mezquinamente ensimismados los grandes preguntones han pecado de soberbia y recibido el respectivo escupitajo que desde el cielo cae sobre el mismo hocico de quien lo profirió. Al echar mierda, mis queridísimos y temporalmente limitados amigos, debemos siempre considerar que cuando cae ésta salpica y deja hediondas manchas en nuestro triste y amargado corazn. Efectivamente, como los más conspicuos de ustedes adivinaron ya: !este vampiro que a corazón abierto y en espera de un transplante sinceramente se revela como el mas cursi de los sentimentaloides adictos al kich! Si, lo a afirmo y grito a los cuatro vientos confesando con la frente en alto que a pesar de mi larga trayectoria por este páramo de miseria y desolación que ustedes llaman "mundo" yo tambien me sigo salpicando con la mierda que ocasionalmente resbala a partir de mi cotidiano quehacer. .
La pregunta y su hermana la cuestión nacen del ingenio. El buen aprendiz consulta al brujo con la esperanza de transformar su confusión en duda: los antiguos dicen que la soberbia mas estúpida es aquella que al paso de los años se somatiza en miopía. ¡Gracias pues a la duda que salva a los ingenuos del pecado de soberbia! ¡Bendita seas si desde la oscuridad de los avernos inspiraste a tu fiel hijo Lucifer para cuestionar al poderoso y nutrir miríadas de frustradas y aburridas pesadillas! Es por tal sentimiento que el vampiro se conmueve al decicar su diabólica entrada a esta canija duda que nomás nos trajo la discordia antes que a los mismísimos redactores de la Biblia se les ocurriera atribuir el origen del problema al consumo de cierta fruta prohibida que la maldita curiosidad le orillo a nuestros primeros padres a probar. Si, y aunque me pese reconocerlo, he ahí nuestro origen común: fueron tanto la desobediencia y la curiosidad que sólo pudieron haber surgido de la duda quienes elevaron la voluntad al grado de pecado disfrazándola mezquinamente bajo el nombre de Soberbia.
Harto, cansado y en catatónico estado el vampiro se despide no sin antes advertir a mis vampiritas consentidas que me prendan una veladora extra y que se duerman con la estampita de san judas bajo su almohada porque los escasos rezos que se echan a mi salud no dan pa’ cansar a este caballo que con vigor relincha pidiendo desesperadamente que alguna de ustedes lo saque de tan abyecta aburrición. Espero por lo menos mañana levantarme ligeramente crudo.
miércoles, septiembre 26
Quinta y malísima entrega de…

Si de ensimismamiento y autocomplacencias se trata no hay nada mejor para un vampiro que ver películas de vampiros. Créanme queridísimos mortales que a pesar de sus primitivas limitaciones algunos de sus desplantes de ingenio han llegado a sorprenderme e incluso a maravillarme al vislumbrar aquello que las francesas llaman le petit mort y algún célebre filósofo denominó lo sublime. No miento cuando digo que muchos han sido los “artefactos” cuyo impacto mi vampírica memoria en piedra ha grabado. De entre tantos destaca una magnifica película sementera de un director cuyo nombre vale la pena traer a colación: David Cronemberg.
Rabia es la enfermedad que trae consigo el ejercicio de dos populararísimos pecados capitales: la soberbia desenfrenada representada por un médico con patológicas inclinaciones mengelianas; junto a la lujuria viciosa e incontenible encarnada en una buenérrima y despampanante rubia víctima de aquello que ustedes llaman casualidad y nosotros los hijos de Caín denominamos simple y llanamente por su nombre: la preclara estupidez humana. Porque es eso precisamente lo que da origen a la escatológica cinta cuya influencia nos orilla en la orilla (sic) del decir: “bien vale una vampírica reseña este artefacto digno del ingenioso Odiseo.”
Hay tienen a un imprudente cabulilla dueño de una horrenda chatarra que lo deja botado en medio de la carretera y a un frenético motociclista que acompañado de nuestra calendaría rubia se estrella a velocidad vertiginosa contra el despojo automovilístico para dar inicio a esta trama de apocalíptico desenlace. La bella en estado irreconocible es atendida en una clínica cercana regenteada por un locuaz cirujano plástico que sádicamente espera que del laboratorio vuelvan los injertos extraídos de los muslos exuberantemente sanos de una víctima con quemaduras de tercer grado. Después de la operación nuestra rubia despierta como de una noche de juerga sin el más mínimo resabio de cruda, pero si con la desesperante sed que le acompaña. Instintivamente nuestra amiga se dirige a extraer del primer incauto que se cruza en su camino aquel líquido vital que de ahora en adelante será para ella el único alimento. Un alacranesco aguijón alojado en la axila de esta cachonda rubia le permite utilizar sus encantos atrayendo inocentes víctimas para dotarles, no con beso de la muerte, sino con un mortífero abrazo chupasangre que los fulmina tras padecer 24 horas de salvaje y delirante rabia. De inmediato la ciencia médica identifica que la escatológica peste se transmite al contacto con la saliva del enfermo. Decenas de convoyes con soldados armados hasta los dientes recorren las calles tirando a discreción sobre aquellos que muestren abiertamente los síntomas de la enfermedad: cualquier actitud violenta por mínima que fuera debía ser reprimida con violencia y en el acto.
Esta maravillosa cinta nos inspira y hace pensar en tantos peligros para la humanidad invocados con el pasar del tiempo y tantas enfermedades mortíferas que han querido ser exterminadas de raíz por cualquier lugarteniente del imperio en turno: ¡invóquese al mismísimo chamuco! Llámese traición, deslealtad, herejía, locura, comunismo, terrorismo o simplemente rebeldía a ese primitivo terror que instintivamente nos produce el menor contacto con “los otros”. Llevar al extremo del pánico este miedo natural es el recurso favorito de tantos y tantos asesinos poderosos que han llegado incluso a sistematizar e institucionalizar el extermino. Y ya para despedirme, mis queridísimos y escasos lectores, queda finalizada está quinta que por ser entrega y recién estrenada pasa ya al terreno de la sexta: aquel que se que se constituye en dominio de las canchas oficiales.
viernes, septiembre 21
Cuarta Entrega
De nueva y aburrida cuenta aquí mis escasísimos lectores que fielmente me acompañan en esta melancolica entrega que por ser cuarta prefiere ir a tono con la interpretación que de los números hace la tradición occidental. Cuatro también son las estaciones del año, las dimensiones del espacio y sus puntos cardinales: norte, sur, oriente y poniente. El número coincide con los cuatros padres de la Iglesia y cuatro son los evangelios canónicamente aceptados por Roma. Tampoco olvidemos que son cuatro los célebres jinetes que harán de las suyas cuando ocurra lo que ustedes simples y llanos mortales denominan el fin de los tiempos. Cuatro es el número de la Madre Tierra y cuatro los elementos (tierra, agua, viento y fuego) que sólo son representaciones sensoriales de la energía vital que compartimos todos y cada uno de nosotros con todas y cada una de las cosas del Universo, cosas como tales, porque el número cuatro nos recuerda a mortales e inmortales que en tanto "entes animados" somos parientes carnales de todas las formas de vida "conocidas" y por "conocer" ya sean plantas, animales u organismos aún inconcebibles. Siendo cuadrada la forma e indicativo el trazo del guarismo, démosle dentro de la numerología vampírica al número cuatro el atributo de esa magia que nos vincula con la naturaleza y el mundo vital: dejémoles entonces al número cinco el patético privilegio de ser el número denominativo de la simplona y mortal condición humana que los esclaviza a una existencia que a estas alturas del camino compran gustosamente a crédito con todo y número de serie, garantía y fecha de caducidad : me refiero a eso que apenas conciben como potencia (fuerza) y manipulan como energía (y que ustedes ¡oh mortales! reducen caricaturescamente al "estigma" del precio).
Volviendo al cinco, y sólo con el ánimo de establecer claras diferencias con respecto a los límites y atributos mágicos de los números, éste hace referencia al hombre ya sea por sus extremidades (cabeza incluida) o sus limitadísimos sentidos. El cinco es instrumental e interesado, no de balde sus múltiplos son monótonos y aburridamente predecibles pues se reducen a inferencias mentales básicas para la supervivencia y por ende inconcientes. No es gratuito que de las horrorosas tablas de multiplicar sea la del cinco la mas fácil de aprender.
Y es que mi cuarta y escatológica entrega no podía evadir el punto más significativo que caracteriza todos y cada uno de los procesos terrenales: el final irreductible de todas aquellas cosas determinadas por la puta y efímera temporalidad. El tiempo es un tirano y nadie mejor que ustedes los mortales para dar cuenta en carne viva de las atroces consecuencias de su indolente paso. Quiero ser claro y no distinguir entre argivos o troyanos para curarme en salud de las debilidades propias de las deidades griegas que comparten conmigo la inmortalidad pero no el signo de Caín, nuestro célebre ancestro. La escatología se refiere no solo a la caca mis queridos lectores, es necesario recurrir al sentido más lato del término para incluir en él todas aquellas cosas que están el las últimas tales como: los residuos, las ruinas, los desechos, la basura, la carne una vez viva en avanzado estado de putrefacción siendo corroída por gusanos, el amor...
Un inmortal cae enamorado por primera vez cuando un gusano barrena su fresco corazón inoculando a su paso su germen putrefacto; es el corazón podrido de un vampiro que palpita lágrimas de gusto y dolor cuando descubre de una vez que tan maravillosa alegría lleva perentoriamente inscrita la marca de su destrucción: la muerte del ser amado es la muerte del amor. Como puede un vampiro escapar a esta malévola tentación si se ha brincado la muerte para vivir libre de angustia y dolor. Una vez curado de espanto, el corazón vampirico asimila su triste realidad tolerando e incluso llegando a disfrutar como el ser amado se marchita lentamente con el tedioso pasar de los años. La primavera y el infierno de su fin no significan nada para quien ha visto tantísimos capullos florecer y consumirse en un fuego provocado por las culpas, los remordimientos, las traiciones y el maldito desamor.
Bienvaenturados sean los lectores de Bítácora que de ellos será la sangre de antemano extraída porque desde su abyecta soledad se despide el que estas líneas escribe dejando entre paréntesis el cínico misterio que encierra toda alma marcada por el transcurrir del tiempo. Prendan veladoras y échense un Rosario a mi salud que al inmortal los rezos le hacen lo que el trago al bebedor: lo embriagan con placer y lo ponen cachondón.
martes, septiembre 11
Tercera entrega

Un bibliotecario vampírico resulta más simpático a sus escasos lectores cuando abre su viejo y amargado corazón, incluso dándoles a entender que podría chupar su sangre a riesgo que las Bitácoras se queden solitas chiflando en la loma sin nadie que las pele. Espero que mis vampiritas lindas no se espanten con mi cínica sinceridad y se animen a entrarle con este sanjuditas hematómano y querendón que con el sanguinolento corazón en la mano espera paciente a que se incremente el número de lectores vivos y nomuertos de estas ociosas líneas que con tanto gusto escribe. Quiero pues, compartir algunas experiencias y reflexiones, no sin antes advertir que se requiere de amplio criterio y estomago fuerte para resistir a las tentaciones y el infinito placer resultado de la experiencia vivida a lado de un ser de la noche. Es por ello que, mis queridísimos mortales, los invito a conocer un poco mas su lado oscuro aprendiendo así a vivir con sus demonios (nadie, desde el mas experimentado vampiro hasta el ser mas inocente de la tierra, está exento de la presencia y acción de los demonios) sin culpa o pena que nos abata ni remordimientos de "conciencia", pues solo puede nombrarse así a la facultad de entender y conciliar en pensamiento y acción las impresiones grabadas por las contradiciones que van enfrentando a lo largo de su monótona, aburrida y exasperante vida. Mi exclusión de tan simplona existencia tiene una razón de ser y nada tiene que ver con mi vampírica soberbia, tan real y tangible que es imposible de negar: se refiere mas que nada la situación tan peculiar que me sitúa en un contexto fuera de la historia propia y colectiva, permitiéndome así librar sus golpes, traumas, maldiciones y reproches.
Segunda entrega

La gente me pregunta qué es lo que hago yo en una biblioteca si estudié una licenciatura en Historia. También se extrañan porque soy capaz de recordar hasta el mas mínimo detalle y anécdota ocurrida hace cientos o quizá miles de años. Me doy cuenta cuando interactúo con mis compañeros y usuarios (así llamamos los bibliotecarios a la gente que usa de la Biblio) como se apantallan cuando les muestro alguna de mis mañas para buscar información en Internet: se ve un brillo particular en sus ojos. Solo me resta reír cuando les confieso mi condición vampírica y no me creen: “simón carnal” me dicen con ese tono característico de quién le da el avión a un cábula que afirma cosas que a uno francamente le valen madre.
Para un no muerto que ha vivido no miles pero quizá cientos de años, estudiar historia equivale a que un teólogo asista a cursos de catecismo. Dejénme me explico (valiéndome madre cacofonía alguna): Si yo estudié historia no fue por gusto, pasión , indolencia o falta de opción. Yo asistía a las aulas con la misma actitud que acude un adicto al “grupo” o un neurótico al psicólogo. Sentía pues exactamente lo mismo que siente el ansioso con Taffil o un maniaco depresivo con Prozac. Lo que quería expresarles a mis queridos lectores (saludos a Tahis que ella si me lee … ¿verdad que si Tahis?) era el sentido terapéutico que un servidor le vio a los estudios históricos para su vida.
Con esto también quiero decir que la historia del hombre no es heroica (el culto de los héroes es el culto del poder) sino irónica. Lo que quiero decir es que el juego que se da entre las acciones emprendidas por quienes en todas latitudes parten el queso y sus incalculables consecuencias, siempre mediará el sentido de la historia que apunta hacia una sola dirección … nuestra propia aniquilación. ¿No? ¿Apoco no es cierto que la fe casi religiosa en la divina trinidad que en su momento formaron la razón, la ciencia y el progreso nos llevó a la devastación ecológica y al desarrollo de armas de potencial destructivo inimaginable? Ya lo decía el maestro Goya: “Los sueños de la razón producen monstruos”.
Bueno, eso en cuanto a la Historia ¿pero que pedo con la Biblioteca? ¿Que otra actividad permitirá a un vampiro enfermo de años regodearse en el recuerdo leyendo páginas y páginas salpicadas por las culpas, traiciones y voluntades fallidas de sus propios autores. ¿Ahora tiene sentido o que digo? (en lo personal, la neta me vale madre si lo tiene o no). Afortunadamente mi larga vida vampírica me ha ayudado (de aquí en adelante no repetiré que me valen madre las cacofonías, sino que pondré entre paréntesis la palabra -sic-. Me cai de madre que ni mis inclinaciones pedantescas ni la censura del entendido me motivan para echar mano del término, sino la voluntad de economizar espacio y no obstaculizar el flujo de la narración…) a descubrir la clave para interpretar este peix y no hundirme en la depresión, sino mantener una paradójica actitud melancólico-chabacana (sic)… pero ya se me acabo el espacio.
Primerísima entrega

Cuando aun era escolapio y daba mis primeras vueltas por la Biblio de la Facultad, recuerdo haber visto con envidia a un cábula de bata que estaba en la salida detrás de una rampa por la que dejabas deslizar los libros que traías encima. El dichoso embatado se limitaba a revisar los sellos que marcaban las fechas en que los ejemplares extraídos debían ser devueltos y a parar oreja cuando algún despistado olvidaba pasar sus libracos por la rampa y hacía sonar la alarma del sensor instalado frente al torniquete de salida. Recuerdo bien aquel día porque vi con verdadera envidia a quien tenía tan mecánica encomienda. Inmediatamente me vino a la mente a un sanjuditas ahí, a toda madre, con una bata que cubriera sus ropas de civil y realizando tan encomiable labor que me daría tiempo para poner en práctica mis inquietudes de diletante amateur. A casi 10 años de tales acontecimientos !me invitaron a integrarme al “staff” de una biblioteca universitaria! -!A güevo! Me dije a mi mismo. -!Que chingón! Me volví a repetir. Estaba pues en mi elemento. No voy a negar que me sentí medio destantiado (sic) por la novedad, pero sobre todo por la emoción que despertaba el mi el hecho de tener acceso a uno de mis principales vicios, aquel que muchos relacionan única y erróneamente con los libros: la lectura. El horario estaba de fábula, ya que iba a prestar mis servicios de dos de la tarde a diez de la noche, lo que me permitía dejar mi ataúd a eso del medio día (eso de que los vampiros nos morimos con la luz del sol es puro choro, como también lo son las máximas de lo que yo llamo el individualismo tecnocrático y aquello que escriben los promotores de la meritocracia y la superación personal) dejándome abierta la opción de regresar a él como a eso de la media noche, hora que marca el inicio de actividades para aquellos que disfrutamos del manto emancipador de la noche. Porque los seres de la noche, sépanlo bien, somos seres libres. Estábamos pues en le momento que me vi a mi mismo en una Biblioteca. Como fueron pasando los días me fui sintiendo como una mosca en una letrina, como un gusano sobre carne putrefacta, como una cucaracha en cocina, como una rata en alcantarilla, como teporocho en la banqueta… no se si me explique… ¿Qué siente un padrote paseando en la merced? ¿Acaso cualquier muláh no se siente casi casi como el mismísimo Mahoma cuando esta entre las chicas de su harem? ¿No me digan que un narco en Ciudad Juarez, Tijuana o el Golfo no se siente amo y señor de la situación? ¿A poco no la impunidad que da una placa no hace sentirse reyes a aquellos que sumisamente agachan la cabeza cuando un superior les ordena “caerse con la renta”? Bueno, bueno, ya nos estamos desviando. Lo único que yo les quería expresar es la sensación que despertaba en el que estas líneas escribe el hecho de integrarse al staff de una Biblioteca. Me sentía, en resumidas cuentas, como pez en le agua…
