El rollo del proyecto histórico era punto y aparte. Todo el mundo estaba convencido que las raíces del Pejismo se enquistaban en una historia de lucha bastante añeja. Su ramplón y chabacano imaginario se nutría de las ya clásicas monografías y de las estampitas biográficas, el santoral patriótico era reflejo del temario de historia nacional que se comenzó a impartir mientras gobernaba el funestísimo Luis Echeverría Álvarez. Inolvidable la estampita del cura Hidalgo, ya me imagino a ese ruquito bonachón “dirigiendo” a una turba compuesta por miles de cábulas enardecidos, que armados con palos y piedras se dirigieron al indefenso Guanajuato e hicieron destrozos. Ya me imagino al pinche viejito ese recorriendo a caballo la zona del Bajío y el Norte del país, ya ni la chingan los ilustradores de la vieja guardia, verdad.
Volviendo a lo que nos truje, el rollo del Proyecto Histórico recogía el grito de libertad del cura Hidalgo, pero tenia su base mas firme en la imagen del generalísimo Morelos y La Constitución de Apatzingán. Recuerdo a Eduardo Cervantes gritar con los ojos desorbitados mientras pegaba con el puño cerrado sobre la mesa de la salita de juntas, mentando los sentimientos de la nación e invocando al mismo tiempo al de ilustre paliacate. Recuerdo también que estabamos un cuartucho acondicionado como sala de juntas y oficina en la azotea de una vieja casa en Coyoacán, las instalaciones en su totalidad se asemejaban a la vecindad del El Chavo, creo que la ahora Subsecretaría de participación Ciudadana sigue alojándose en ese miserable lugar, porque mierda el gobierno y mierda su gente. Dirán ustedes que a mis casi treinta años soy un irresponsable y un insensato por decir tales pendejadas, pero sinceramente me vale madre su opinión. La mierda más hedionda y arrogante que conocí cuando chambié por esos rumbos fue, precisamente, el director general (sic) de la antes Dirección General de Participación Ciudadana: Eduardo Cervantes Díaz Lombardo (amarillo, de mediana alcurnia, sesentayochero, tenia todo lo malo el desgraciado). Eduardo para la mayoría y “Lalo” para los íntimos (incluidos lambiscones, trepadores, arribistas, allegados y demás hijos de la chingada).
Pero sigamos en lo que nos truje, porque comenzamos hablando del rollo del proyecto histórico y terminamos por desvariar en contumaces pendejadas. Resulta que por aquellas épocas (2002-2005), desde el más chico hasta el más grande de la estructura pejista, todos repetían el mismo rollo como si hubieran ido a las mismas putas clases de catecismo. De ahí que su imaginario comienza, como ya vimos, con los curas de Dolóres y Carácuaro, pasando por la imagen del Benemérito de las Américas y no podían faltar los generales Villa, Zapata y Cárdenas, El Inge”, los neozapatistas, y por supuesto el Peje. Según cómo lo contaba Cervantes, el Peje era algo así como la “encarnación del “proyecto de nación histórico y de izquierda”, si, así, valiendo verga que se escuchara exageradamente mamón, porque el proyecto de nación era “histórico y de izquierda” y representaba las luchas del pueblo mexicano que encarnaban en la figura política del mismísimo López Obrador. ¡Sopas!, dijeron algunos y ¡esa mamada qué!, dijeron los otros, yo por supuesto me orillé por la segunda opción, aunque algunos extremistas de plano si dijeron “chinga tu madre”.
jueves, septiembre 4
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