jueves, octubre 25

Novenaria y memoriosa entrega de un vampiro que…


… escritor se siente y quiere hablar sobre monumentos y cosas peores.


A Lucy, que provocativamente trajo a colación un supuesto y vapírico repudio hacia las netas


Durante su larga y vampírica existencia éste humilde bibliotecario abandonó mas de una ves el matinal descanso para resolver la histórica duda que siempre sus entrañas conmovió. Ese viceral y primitivo impulso que a los mortales orilla a quemar incenso a si mismos en una narcisista y redundante actitud: todo culto que no sea dirigido a los entes incorpóreos (sean llamados indistintamente Dios o Diablo) queda reducido por la moral cristina a pecado de soberbia. ¿Dónde putas encontramos el cúmulo de textos, signos, metáforas y representaciones que constituyen el pobrísimo repertorio ideológico de quienes creen sinceramente en la felicidad plena del "si se puede". Sea posiblemente la literatura de superación personal una de sus manifestaciones mas patéticas de esta idiosincracia del mérito.


En alguna de mis entregas primas mención sucinta hice al memorioso y monumental culto que los mortales rinden a sus ídolos, héroes, santos y demonios. Si no mal recuerdo circunscribí en modestísimo paréntesis una vampírica idea producto de un ejercicio de reflexión comprometido desinteresadamente con la verdad y es por tal motivo que me permíto citarme a mi mismo (sic): “el culto de los héroes es el culto del poder”. Y para mejor explicame, mis escasos y queridísimos lectores, referencia quiero hacer al kilométrico anecdotario personal de un vampiro que desde húmedo sarcófago estas memoriosas y monumentalisticas líneas escribe. Si, y no me da pena confesarlo, fue hace poco menos de un año que descubrí esa respuesta que me quitó tantos y tantos días de placentero sueño: ¿Dónde putas descanza el secreto y el motivo que da origen a la representación material mas funesta del poder: el horroroso monumento.


Diacrónica y sincrónicamente limitado, el mortal ser humano se debate angustiosamente entre la efímera contundencia de su temporalidad y sus desenfrenados e incontrolables ímpetus naturales. La erección de monumentos obedece a ese primitivo impulso que hace posible al fuerte imponer su voluntad al débil. La supuesta “racionalidad” burocrática solo institucionaliza como ley y materializa monumentalmente en la memoria aquellas imágenes y mitos que los poderosos desean incrustar en aquella quimera que “los que saben” llaman el interés general. (Me cai que no tengo broncas con las quimeras, cuya persecución junto a Dostoievsky promuevo, pero como toda quimera, la “los intereses nacionales” y su definición como proyecto colectivo no deja de tener sus respectivos matices y gandallísimos bemoles). La bronca estriba en preguntarse ¿quién o quienes definen el contenido de tales intereses y como a los demás convence del legítimo derecho a la dominación?


Y es en última estancia que el vampiro se despide no sin preguntarse ¿quién o quiénes deciden los personajes constitutivos tanto del panteón como del pandemonium? ¿son el mal y el bien representaciones de aquellos impulsos más primitivos que habitan todos y cada uno los mortales e inmortales corazones? Dice mi agüelita (simón, ¡agüevo! Este vampiro tiene una abuela a quien ama sin tapujos con todo el corazón) a la gente que es "mala como la carne de puerco" que se cuiden del rebote de tantas y tantas maldades realizadas porque "todo se paga en esta vida". Si un servidor es viejo imagínense a su agüela que según ella cierta vez le dijo a no se qué faraón (siempre ha confundido a Tutmosis III con Ramses II y a Ruíz Cortines con Miguel Alemán) que se había gastado el mega varo en levantar un monumento a si mismo y que desesperadamente le pedía consejo: "no mijo, Dios no le da alas a los alacránes".

miércoles, octubre 24

Octava y anecdótica entrega...


... de un vampiro que fue a darse un rol por Santa Fe.


Caminando por conocido centro comercial ubicado al extremo poniente de la cuidad fui abordado por un tipo de esos que tienen facha de gente decente. Ya saben, un tipo calvo de arregladas barbas todo él traje y corbata. Recuerdo haber llegado a las puertas del lugar y clavado la vista en minúsculo señalamiento que indicaba la ubicación del banco en el que debía efectuar un pago que desde hace días me habían encomiado amablemente a liquidar. y fue siguiendo casi bajo un trance hipnótico el camino señalado cuando me topé como por arte de magia con aquel tipo todo él traje y corbata que me llevó directamente frente a un flamante bólido color rojo infierno que ya quisiera yo nomás por un fin de semana pa llevarme a un par de mis vampiritas lindas a cotorriar (sic) ahí de menos a Cuernavaca.


-¿Cuanto está dispuesto a regalarse al mes por un auto cómo éste? Mire, esté modelo cuesta únicamente 26 000 dólares y podemos acordar un plan de financieamiento de acuerdo a sus posibilidades. Puede pagar mensualidades de 6 mil o 9 pesos y dar un enganche de... mmmm... ya veremos después lo del enganche (orale, este cábula me ve con facha de comprador de un Volvo o mi vampírica personalidad de plano da el gatazo)


-¡Ja! Yo no necesito un auto, ni siquiera se manejar...-Nombre señor, por eso no hay problema, vea nomás que carrazo, el diseño es tan versatil que bien podría pertenecer a una chica de 25 años que a un tipo como usted o como yo que a andamos entre los 30 o 35 años. (¡Ah, eso si que no! ¿pus que este pendejo no se ha visto detenidamente en el espejo? Además ¿yo no me veo tan dado a la chingada como él verdad? Mi prematura calva está lejos de ser producto de aquella característica angustia que padece quien su vida mide a plazos: quincenas que alimentan colegiaturas, mensualidades, créditos, hipótecas, servicios...


Como doctor en creación de necesidades quería presentarse aquel tipo, asesor en la compra de autos de lujo que pregunta a un fallido prospecto de cliente su profesión.

-Soy bibliotecario.

-¿En dónde es usted bibliotecario?- dice aquel con el mismo temple de quien practica la escalada libre en roca buscando siempre el preciso punto de equilibrio para situarse por encima del umbral del pánico.

-En el Tec de Monterrey.

-¡Mire nomás! Pus ahi está... ¿a poco no puede usted regalarse un carrazo como éste?- responde suspicazmente aquel demiurgo de las necesidades creadas...

-Un Volvo es de lujo ¡no invente! está estratosféricamente fuera de mi presupuesto y necesidades (¿pus este güey cara de qué me vió? ¿De fresita? ¿De pendejo? con 26 mil dólares podría comprarme cuando menos un espacio pinchurriento donde al pudiera caer muerto y no una pinche lata ponderada por el egocentrismo de los yuppies... ¿por qué toda la gente piensa que a los del Tec nos pagan bien?)

-¡Ya vas! Esos carros son de los que traen los alumnos, además a mi me pagan una madre-respinga un servidor.

-Bueno, no es por ofender a la dignidad... pero no por eso deje de mandarme por correo sus datos para enviárle una cotización personalizada- me dijo con desenfadado tono aquel cábula tendiendo la mano para despedirse y al mismo tiempo depositar en mi palma una tarjeta postal con imagen del auto, nombre y contacto del susodicho consultor incluídos.

jueves, octubre 11

Azotadísimo Epílogo a una séptima y amnésica entrega…

… y amnésica entrega de la Bitácora de un vampiro que finge demencia y se olvida que enamorado del amor estaba.

El vampiro por definición está enamorado del amor porque su triste soledad le indica porque siempre muere y que no vale la pena, “estirarlo como un pinche chicle” como bien dice mi amiga Noe. Así es, el vampiro acaba de tronar a otra de tantas de tantas múltiples y azotadísimas relaciones y a la tarea se ha dado de cerrar tantos círculos que ya casi casi se estaban tornando en espirales. Hasta el corazón mas grande si en pedacitos se parte no alcanza pa desperdigarse entre tantas y tantas soledades que su magnitud supuesta lejos de abarcar se encuentra. No pueden quedar exentas y sin traer a colación aquellas soledades, ansiedades y psicopaticas (sic) demencias que con su frenética presencia el amor nos deja.

Séptima y chabacanísima entrega de una Bitácora…


…que va de la mano con aquel grito de guerra ochenteno: ¡Mucha Policía!


Simón, el vampiro se acaba de mudar a otro sarcófago y en verdad extraña aquellos árídos parajes allende al extremo norte del Eje 3 Oriente (para quienes no se ubican, llendo por Talismán pasando Eduardo Molina) que sin miedo de perderse en lotananza del olvido se incrusta en el imaginario popular: en efecto mis contados lectores, me refiero a ese mi Arapunk querido que una vez dejé y que al cabo de tres años de nueva cuenta abandono. Actualmente habito un húmedo tugurio apropiado para un ser de la noche como yo, situado a tan solo unos metros de la Biblioteca donde encuentro mi cotidianamente grato refugio.

Y hacia referencia a la triste tira porque sin importar a donde me dirija no puedo librarme de su asfixiante y funestísima presencia. Entiendan este malestar mientras mi causa explico , porque ya sea uno o sean veinte, los años para un inmortal significan nada: en verdad les digo que a pesar de las centurias vivídas jamás presenciado había tanta pinche polícía en tantísimos formatos colores, sabores y versátiles presentaciones. Mi enojo (si tomamos en cuenta que durante mas de trescientas lunas el vampiro diambuló por esta zona alta de las barrancas del poniente sin que ningún alma irrumpiera su tranquila y desenfadada marcha) obedece a tanto a su aparación repentina como a su considerable número. Cual fue la sorpresa del vampiro que a pocos días de cambiarse de rumbos encontró empotrados en la esquina a infame par de cuicos que le daban la bienvenida a su nuevo y oscuro hogar.

“¿Porqué? ¿Por qué, justicia orden y ley?” canta el estribillo de la célebre rola que nos hace maldecir aquella chispa de maligno ingenio que institucionalizó el agandalle dándole forma de ley y legitimándolo científicamente. Son la tira y en ultima instancia el ejército, los que tienen en sus manos la salvaguarda de la propiedad y los intereses de quien de los privilegiados y los poosedores. Centenares de años han pasado desde que esta alma maldita se deja querer y despreciar por estos oscuros parajes de la “vida” para no haber sido amenazado, madreado, acalambrado, agandallado, taloneado, extorsionado, despojado o de plano cínica y descaradamente robado por aquellos guardianes de la ley que valiendo madre temporalidad o latitud barren parejo con todo aquel que no se pone trucha al momento que se arman los chingadazos. Porque la vida diaria es lucha y la tira no es el poderoso, sino sólo su guardián.

lunes, octubre 8

Sexta y triplemente diabólica entrega de…

… de una obsesivamente necia Bitácora que insiste en traer a colación Contradicciones.

Si escribiera la Historia de la Mezquindad Humana tendría que comenzar hablando de un germen prehistórico que al paso de los años va incrustando sus impresiones en el imaginario colectivo que la mitifica (el individuo), representa (el producto cultural), e institucionaliza (Democracia Procedimental y Economía de Libre Mercado). El mismísimo chamuco, mis diacrónicos enanos, pecó de rebeldía y no de soberbia según la canónica versión del catecismo. 666 es el número y sexta la entrega dedicada a la cuestión malévola, el preguntar incisivo y la maldita duda. ¿Porqué una simple e inocente preguntita hace temblar al mas “poderoso” de los mortales?

Que te salga el chirrión por el palito es casi lo mismo que decir nadie sabe para quien trabaja si el resultado de una acción calculada con anticipada frialdad resulta ajustarse a la premonición más funesta. Un demiurgo lengua larga resolvió está sencilla contradicción conjurando a los demoníacos preguntones y apelando a una odiséica razón cuyos atributos repite hasta el cansancio la fórmula homérica inscrita en tantas y tantasísimas perversas (por malísimas) traducciones: “Odiseo fecundo en ardides, Laértida en astucias rico”. Porque preguntar "¿dónde está el baño?" no equivale a cuestionar el poder del que amenaza, grita, ordena y dice valiéndole madre lo que opinen los demás. Mezquinamente ensimismados los grandes preguntones han pecado de soberbia y recibido el respectivo escupitajo que desde el cielo cae sobre el mismo hocico de quien lo profirió. Al echar mierda, mis queridísimos y temporalmente limitados amigos, debemos siempre considerar que cuando cae ésta salpica y deja hediondas manchas en nuestro triste y amargado corazn. Efectivamente, como los más conspicuos de ustedes adivinaron ya: !este vampiro que a corazón abierto y en espera de un transplante sinceramente se revela como el mas cursi de los sentimentaloides adictos al kich! Si, lo a afirmo y grito a los cuatro vientos confesando con la frente en alto que a pesar de mi larga trayectoria por este páramo de miseria y desolación que ustedes llaman "mundo" yo tambien me sigo salpicando con la mierda que ocasionalmente resbala a partir de mi cotidiano quehacer. .

La pregunta y su hermana la cuestión nacen del ingenio. El buen aprendiz consulta al brujo con la esperanza de transformar su confusión en duda: los antiguos dicen que la soberbia mas estúpida es aquella que al paso de los años se somatiza en miopía. ¡Gracias pues a la duda que salva a los ingenuos del pecado de soberbia! ¡Bendita seas si desde la oscuridad de los avernos inspiraste a tu fiel hijo Lucifer para cuestionar al poderoso y nutrir miríadas de frustradas y aburridas pesadillas! Es por tal sentimiento que el vampiro se conmueve al decicar su diabólica entrada a esta canija duda que nomás nos trajo la discordia antes que a los mismísimos redactores de la Biblia se les ocurriera atribuir el origen del problema al consumo de cierta fruta prohibida que la maldita curiosidad le orillo a nuestros primeros padres a probar. Si, y aunque me pese reconocerlo, he ahí nuestro origen común: fueron tanto la desobediencia y la curiosidad que sólo pudieron haber surgido de la duda quienes elevaron la voluntad al grado de pecado disfrazándola mezquinamente bajo el nombre de Soberbia.

Harto, cansado y en catatónico estado el vampiro se despide no sin antes advertir a mis vampiritas consentidas que me prendan una veladora extra y que se duerman con la estampita de san judas bajo su almohada porque los escasos rezos que se echan a mi salud no dan pa’ cansar a este caballo que con vigor relincha pidiendo desesperadamente que alguna de ustedes lo saque de tan abyecta aburrición. Espero por lo menos mañana levantarme ligeramente crudo.