... de un vampiro que se va a rolar por el centro
Un buen valedor lanza la provocación y yo escribo: "¿por que no hablas en tu blog sobre antros y demás lugares donde ir a cotorrear?" Eso de los antros luego luego me recordó al Kikis, un cábula del barrio, de esos que denominan los nóveles "la banda de antaño" y que hace mas de diez años hizo el favor de indicarme que en su época (el que hablaba era un Kikis ya casado, por no decir "maduro", con hijos y entrampado en la fiesta familiar) los antros eran tugurios de mala muerte con ficheras que tiraban a pirujas, rockola y pomo de bacachá (blanco o añejo) acompañado con cocas y peñafieles de a cuartito.
La distinción semántica pasó a segundo plano por ahí de la mitad de los años noventas: antro era cualquier lugar donde pudieras ir a reventar con tus cuates. para esos entonces la palabra "antro" ya no hace distinción entre cantina, bar familiar, putero, congal o simple lugar de esparcimiento nocturno, de ahí que hasta las niñas fresas puedan decir hoy en día "vámonos de antro güeeeey".
Por lo tanto, y siguiendo la antigua tradición, quiero relatar antros de mala muerte, aquellos que dan cabida a la banda marginada y trotacalles, esos mismos güeyes que apenas le cooperan con cinco varos pa la vaca y con eso quieren ponerse hasta la madre, ya sea con "granada de mano", "panalito" o "los reyes" (hace diez años, cunado iba a la prepa, los pomos mas pupulares eran el Richardson, el Corsario o el Uruapan: me refiero al celebérrimo "paquete-amigo-banda-eriza", que en aquel entonces consistía en un pomo de aguardiente, unos cigarros delicados y una toronja gasificada de dos litros. "Antros de vicio y perdición", siguiendo al pie de la letra la definición de los agüelos: pulquerias, cantinas, bares y puteros. Por eso quiero dedicar mi entrada no solo a los citados establecimientos, sino a esa banda que sin importar lugar o tiempo tiene el corazón enfiestado y a pesar de no traer un quinto en la bolsa llevan a buen término el convite estimulados por el puro impetu de aquellos que gozan de un envidiable espíritu fiestero.
Empecemos por los mas folclóricos: las pulcatas. cuando creces en un asentamiento artificial y sin historia como Aragón las pulcatas son algo desconocido por no decir exótico. La primera vez que visité una tenía yo como 17 abriles. Iba en mis ultimos años de prepa. Escuchando no sin emoción divertidísimas anécdotas de la "banda de antaño" en La Titina, mi imaginación de púber se daba vuelo pensando como mi jóven ímpeto se desgastaría frente a sendos vasos de curado de jitomate o avena expendidos en soñado recinto. No tardó en materializarse el sueño: ahi estaba yo, tal como me había imaginado, en la esquina de Calzada de Guadalupe y Robles Domínguez, por el rumbo de la Villa, casa de nuestra jefecita. Despues de "La Titína" concurrí otras pulcatas y tome otros pulques: de las primeras visité "La Risa" y "La Antigüa Roma" (sobrevientes del centro), la arriba citada junto a "La Tlaxcala", en la mera Peralvillo, "La Peor es Nada" cerca de San Angel. Tambien fui a pulcatas en Colpilco (había dos), Tacubaya, Molino de Rosas, Merced Gómez, Tepepan, La Noria y Xochimilco, de cuyos nombres, por obvias razones, no puedo acordarme. De pulques, ahi si me doy vuelo, pues probé deliciosos en Hixmiquilpan, Actopan y Santiago de Anaya (Valle del Mezquital en Hidalgo), Tehotihuacán y Texcoco (Estado de México). Chamontoya, Cuajilamlpa, San Bartolo Ameyalco, Santa Rosa Xochiac, San Mateo Tlaltenango y San Andrés Mixquic en el Distrito Federal.
Me comprometo a continuar con las cantinas, no en la inmediata siguiente, sino a posteriori... mi bitácora no se somete a entregas programadas ni a pronsoticos específicos, no se deja guiar por el anecdotario de los triunfadores ni por las narrativas auntocomplacinetes del mérito. Mi bitácora no sigue la línea estructuralita si se deja llevar por la simple voluntad humana, finita y mortal. Sólo quiere servir de receptáculo y medio para las letras de un vampiro que se deja llevar sin freno por sus impetus psicópatas, con una patología escatologica frustrada que desea el fin del mundo pero no quiere padecerlo...
viernes, diciembre 21
miércoles, diciembre 5
Trigésima y desafortunadísima entrega...
... de un vampiro que se anticipa al doce y sobre la patroncita escribir quiere
A mi valedor el Oscar (q.e.p.d)
Antes de ser bibliotecario este vampiro prestó servicio para el gobierno del buen Peje. Es por ello que sin empacho, pudor o tapujo lo digo: si, yo fui promotor comunitario para la Dirección General de Participación Ciudadana adscrita a la Secretaría de Desarrollo Social. Yo percibía un salario, de acuerdo con la teoría, a cambio de promover la organización autónoma e independiente de las organizaciones de vecinos desperdigadas por las colonias marginadas al extremo poniente de la ciudad. Digo en teoría porque en realidad promovíamos la imagen del Peje y operábamos su campaña electoral en territorio. Porque nos guste reconocerlo o no la gestión del buen Peje no fue mas que una precampaña de cinco años financiada por el gobierno local y operada por trabajadores de honorarios: ¡dios bendiga a la izquierda institucional! El tiempo que no aprovechábamos en la dichosa precamapaña lo invertíamos en actividades nominadas "bomberazos" no por diplomacia o eufemismo, sino porque eran chambas de las cuales ningún otra dependencia quería encargarse. Hacer bola en la inauguración de distribuidores viales y segundos pisos, repartir las nuevas placas a domicilio, acudir religiosamente a la marcha y al mitin del Peje, deslizar por debajo de indiferentes puertas la "peje revista", invitar a la banda de Iztapalapa a pagar el agua (eso si fue poca madre) o hacerle valla al papa Wojtila son ejemplos de aquellas situaciones emergentes.
Si, también tuve que ir a la villita el once pa amanecer el doce de diciembre: día de la Virgencita de Guadalupe, patroncita de todos los mexicanos. Fui dos años consecutivos. Confieso que la primera vez acudí crudo y desvelado. Tenía dos meses de haber vuelto a Aragón, después de haber vivido cerca de cinco años allá por los rumbos de Taxqueña. La noche del día diez me había embriagado en una fiesta de cumpleaños anticipándome al célebre y folclórico maratón, ese que recorre el circuito guadalupe-reyes. Pus resulta que iba caminando por calzada de Guadalupe con una cruda de la chingada ya que por obvias razones el perímetro de la villita estaba cerrado al tránsito. Después de un buen trecho llegué a la puerta número dos, donde encontré a los compañeros. Rápidamente se nos indicó nuestra tarea: controlar y dirigir el flujo de los peregrinos que subían y bajaban la escalinata del templo de El Pozito. Recuerdo que éramos tantos los convocados al operativo y tan pocas las funciones a desempeñar que un buen número de los nuestros con toda la cara dura nos hicimos bien pendéjos. Simón, amparados con el manto de la virgen y armando con sendos vasos de ponche decembrino nos dispusimos a pistear pa ser partícipes de la alegría de un pueblo y con enjundiosa pasión cantarle las mañanitas a la jefecita. Recuerdo que ya en la mañana, caminando de vuelta a casa, a mi corazón se había embriagado con gran felicidad y dicha: esa madrugada mi ansiedad desapareció y puede vislumbrar, sin exageración, aquello que los místicos denominan Nirvana y algunos occidentales entendidos Pérdida Absoluta del Deseo.
La segunda vez fui por castigo. Andaba yo de rebelde, y ya el jefe de mi jefa me había llamado la atención más de dos veces. La mera verdad a este vampiro ya le habían cagado el alma tanto el Peje como su gobierno, pero aun mas la mezquindad y el pragmatismo de una dizque izquierda institucional, chupasangre, cortoplacista, procedimental y miope. Esa misma izquierda encabezada por Socorro Díaz, Manuel Camacho y su ex-lugarteniente Ebrad, Ricardo Monreal y Arturo Núñez (cuyo envidiable y vampírico aspecto le da tremendo parecido con nosotros los hijos de Caín) fue la que me mandó de castigo a "trabajar" a la villita. Y tanto así fue que mi peregrinar partió desde el mero inicio del eje 5 norte hasta el mismísimo santuario de mi Tonantzin querida. Recibí naranjas, dulces, café, atole, pan, tortas, tacos y sin número de vituallas que el buen corazón de mucha gente fue regalando a todos los peregrinos. Mientras marchaba pedía a la virgencita que me consiguiera una chambita, parecida a la que que tres años antes tenía como chalán de consultor y que el verdadero Snjudas con sus influiencias me coinsiguió (como podrán ver, los inmortales tenemos excelentes referencias y padrinos).
Recuerdo que esa noche fue muy divertida: me colé donde estaban los artistas, ví una ceremonia de concheros, canté las mañanitas a la virgen, jugué al ajedrez y a las damas, compartí con mis compas todo lo que mi peregrinar recogió, chalaneamos al coordinador y vimos en el cielo algo muy parecido a un OVNI. Agradecí mi castigo desde nenantes (sic) de caer en cuenta que el cierre de esté ciclo se estaba proyectando en la espiral. Aun mi vampírica memoria sigue guardando gratos recuerdos de aquella gente de veras auténtica y comprometida, gente de abajo seducida por la venenosa lengua de los políticos profesionales y demás ralea. Asimismo, este vampírico sujeto conoció un alma huraña y solitaria que le abrió las puertas al compromiso y al amor. Antes de conocer a su rata (que es ni mas ni menos esa alma solitaria de la cual hablo) este vampiro no sabía que al trabajo hay que ponerle corazón.
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