miércoles, septiembre 26

Quinta y malísima entrega de…




La Rabiosa Bitácora de un Vampiro azotadamente adicto a una vouyerista autoflagelación …

Si de ensimismamiento y autocomplacencias se trata no hay nada mejor para un vampiro que ver películas de vampiros. Créanme queridísimos mortales que a pesar de sus primitivas limitaciones algunos de sus desplantes de ingenio han llegado a sorprenderme e incluso a maravillarme al vislumbrar aquello que las francesas llaman le petit mort y algún célebre filósofo denominó lo sublime. No miento cuando digo que muchos han sido los “artefactos” cuyo impacto mi vampírica memoria en piedra ha grabado. De entre tantos destaca una magnifica película sementera de un director cuyo nombre vale la pena traer a colación: David Cronemberg.

Rabia es la enfermedad que trae consigo el ejercicio de dos populararísimos pecados capitales: la soberbia desenfrenada representada por un médico con patológicas inclinaciones mengelianas; junto a la lujuria viciosa e incontenible encarnada en una buenérrima y despampanante rubia víctima de aquello que ustedes llaman casualidad y nosotros los hijos de Caín denominamos simple y llanamente por su nombre: la preclara estupidez humana. Porque es eso precisamente lo que da origen a la escatológica cinta cuya influencia nos orilla en la orilla (sic) del decir: “bien vale una vampírica reseña este artefacto digno del ingenioso Odiseo.”

Hay tienen a un imprudente cabulilla dueño de una horrenda chatarra que lo deja botado en medio de la carretera y a un frenético motociclista que acompañado de nuestra calendaría rubia se estrella a velocidad vertiginosa contra el despojo automovilístico para dar inicio a esta trama de apocalíptico desenlace. La bella en estado irreconocible es atendida en una clínica cercana regenteada por un locuaz cirujano plástico que sádicamente espera que del laboratorio vuelvan los injertos extraídos de los muslos exuberantemente sanos de una víctima con quemaduras de tercer grado. Después de la operación nuestra rubia despierta como de una noche de juerga sin el más mínimo resabio de cruda, pero si con la desesperante sed que le acompaña. Instintivamente nuestra amiga se dirige a extraer del primer incauto que se cruza en su camino aquel líquido vital que de ahora en adelante será para ella el único alimento. Un alacranesco aguijón alojado en la axila de esta cachonda rubia le permite utilizar sus encantos atrayendo inocentes víctimas para dotarles, no con beso de la muerte, sino con un mortífero abrazo chupasangre que los fulmina tras padecer 24 horas de salvaje y delirante rabia. De inmediato la ciencia médica identifica que la escatológica peste se transmite al contacto con la saliva del enfermo. Decenas de convoyes con soldados armados hasta los dientes recorren las calles tirando a discreción sobre aquellos que muestren abiertamente los síntomas de la enfermedad: cualquier actitud violenta por mínima que fuera debía ser reprimida con violencia y en el acto.

Esta maravillosa cinta nos inspira y hace pensar en tantos peligros para la humanidad invocados con el pasar del tiempo y tantas enfermedades mortíferas que han querido ser exterminadas de raíz por cualquier lugarteniente del imperio en turno: ¡invóquese al mismísimo chamuco! Llámese traición, deslealtad, herejía, locura, comunismo, terrorismo o simplemente rebeldía a ese primitivo terror que instintivamente nos produce el menor contacto con “los otros”. Llevar al extremo del pánico este miedo natural es el recurso favorito de tantos y tantos asesinos poderosos que han llegado incluso a sistematizar e institucionalizar el extermino. Y ya para despedirme, mis queridísimos y escasos lectores, queda finalizada está quinta que por ser entrega y recién estrenada pasa ya al terreno de la sexta: aquel que se que se constituye en dominio de las canchas oficiales.

viernes, septiembre 21

Cuarta Entrega

La Hematófilamente enfermiza Bitácora de un Vampiro enamorado del amooorr (arroooz!)

De nueva y aburrida cuenta aquí mis escasísimos lectores que fielmente me acompañan en esta melancolica entrega que por ser cuarta prefiere ir a tono con la interpretación que de los números hace la tradición occidental. Cuatro también son las estaciones del año, las dimensiones del espacio y sus puntos cardinales: norte, sur, oriente y poniente. El número coincide con los cuatros padres de la Iglesia y cuatro son los evangelios canónicamente aceptados por Roma. Tampoco olvidemos que son cuatro los célebres jinetes que harán de las suyas cuando ocurra lo que ustedes simples y llanos mortales denominan el fin de los tiempos. Cuatro es el número de la Madre Tierra y cuatro los elementos (tierra, agua, viento y fuego) que sólo son representaciones sensoriales de la energía vital que compartimos todos y cada uno de nosotros con todas y cada una de las cosas del Universo, cosas como tales, porque el número cuatro nos recuerda a mortales e inmortales que en tanto "entes animados" somos parientes carnales de todas las formas de vida "conocidas" y por "conocer" ya sean plantas, animales u organismos aún inconcebibles. Siendo cuadrada la forma e indicativo el trazo del guarismo, démosle dentro de la numerología vampírica al número cuatro el atributo de esa magia que nos vincula con la naturaleza y el mundo vital: dejémoles entonces al número cinco el patético privilegio de ser el número denominativo de la simplona y mortal condición humana que los esclaviza a una existencia que a estas alturas del camino compran gustosamente a crédito con todo y número de serie, garantía y fecha de caducidad : me refiero a eso que apenas conciben como potencia (fuerza) y manipulan como energía (y que ustedes ¡oh mortales! reducen caricaturescamente al "estigma" del precio).

Volviendo al cinco, y sólo con el ánimo de establecer claras diferencias con respecto a los límites y atributos mágicos de los números, éste hace referencia al hombre ya sea por sus extremidades (cabeza incluida) o sus limitadísimos sentidos. El cinco es instrumental e interesado, no de balde sus múltiplos son monótonos y aburridamente predecibles pues se reducen a inferencias mentales básicas para la supervivencia y por ende inconcientes. No es gratuito que de las horrorosas tablas de multiplicar sea la del cinco la mas fácil de aprender.

Y es que mi cuarta y escatológica entrega no podía evadir el punto más significativo que caracteriza todos y cada uno de los procesos terrenales: el final irreductible de todas aquellas cosas determinadas por la puta y efímera temporalidad. El tiempo es un tirano y nadie mejor que ustedes los mortales para dar cuenta en carne viva de las atroces consecuencias de su indolente paso. Quiero ser claro y no distinguir entre argivos o troyanos para curarme en salud de las debilidades propias de las deidades griegas que comparten conmigo la inmortalidad pero no el signo de Caín, nuestro célebre ancestro. La escatología se refiere no solo a la caca mis queridos lectores, es necesario recurrir al sentido más lato del término para incluir en él todas aquellas cosas que están el las últimas tales como: los residuos, las ruinas, los desechos, la basura, la carne una vez viva en avanzado estado de putrefacción siendo corroída por gusanos, el amor...

Un inmortal cae enamorado por primera vez cuando un gusano barrena su fresco corazón inoculando a su paso su germen putrefacto; es el corazón podrido de un vampiro que palpita lágrimas de gusto y dolor cuando descubre de una vez que tan maravillosa alegría lleva perentoriamente inscrita la marca de su destrucción: la muerte del ser amado es la muerte del amor. Como puede un vampiro escapar a esta malévola tentación si se ha brincado la muerte para vivir libre de angustia y dolor. Una vez curado de espanto, el corazón vampirico asimila su triste realidad tolerando e incluso llegando a disfrutar como el ser amado se marchita lentamente con el tedioso pasar de los años. La primavera y el infierno de su fin no significan nada para quien ha visto tantísimos capullos florecer y consumirse en un fuego provocado por las culpas, los remordimientos, las traiciones y el maldito desamor.

Bienvaenturados sean los lectores de Bítácora que de ellos será la sangre de antemano extraída porque desde su abyecta soledad se despide el que estas líneas escribe dejando entre paréntesis el cínico misterio que encierra toda alma marcada por el transcurrir del tiempo. Prendan veladoras y échense un Rosario a mi salud que al inmortal los rezos le hacen lo que el trago al bebedor: lo embriagan con placer y lo ponen cachondón.

martes, septiembre 11

Tercera entrega


... Una actitud melancólico chabacana es aquella que nos permite conjugar en una misma acción a la sinceridad con el cinismo o a la soberbia con humildad. Reducir esta última a un método para "vivir" entre humanos puede ser visto como la peor de las hipocresías. ¡Pobres mortales que todo lo reducen a lo que perciben "aquí y ahora"! ¡Enanos cuales burros de noria giran ensimismadamente con la esperanza de extraer unas cuantas gotas de unos mantos freáticos exhaustos! Ignorantes que hace cientos de años no existían norias que esclavizaran a los ancestros del hermano burro a una actividad que les eximiera de correr libremente por estepas, planicies y praderas. He ahí el gran problema de los mortales: pensar que todo se reduce a lo que pueden controlar con la mente o con las manos, ya sea con instrumentos tan rudimentarios como su escaso vocabulario o hachas de silex, o tan sofisticados como las ciencias "exactas" o los sistemas informáticos "inteligentes". Volviendo a lo anterior. Se que para muchos resulta difícil conciliar estas contradicciones. Tanto así que he sido testigo presencial de la fundación de sinúmero de sectas fanáticas y del actuar de varios individuos de diferentes colores, sabores y orientaciones, todas y todos ellos dispuestos a cometer atrocidades sin nombre en nombre (sic) de la razón, la civilización, la democracia, la revolución, y la gran mayoría de las veces de un Dios invocado en tantas formas como lenguas existen en el mundo. Se que me voy a los extremos, pero sólo ellos nos permiten concebir que significa esa actitud melancólico chabacana a la que desde la anterior entrega me refiero. Asumiéndola, o ya de perdis entendiéndola, quiero aliviar la repugnancia y náuseas que estoy seguro sienten cuando imaginan que se alimenta de sangre el que estas líneas escribe.

Un bibliotecario vampírico resulta más simpático a sus escasos lectores cuando abre su viejo y amargado corazón, incluso dándoles a entender que podría chupar su sangre a riesgo que las Bitácoras se queden solitas chiflando en la loma sin nadie que las pele. Espero que mis vampiritas lindas no se espanten con mi cínica sinceridad y se animen a entrarle con este sanjuditas hematómano y querendón que con el sanguinolento corazón en la mano espera paciente a que se incremente el número de lectores vivos y nomuertos de estas ociosas líneas que con tanto gusto escribe. Quiero pues, compartir algunas experiencias y reflexiones, no sin antes advertir que se requiere de amplio criterio y estomago fuerte para resistir a las tentaciones y el infinito placer resultado de la experiencia vivida a lado de un ser de la noche. Es por ello que, mis queridísimos mortales, los invito a conocer un poco mas su lado oscuro aprendiendo así a vivir con sus demonios (nadie, desde el mas experimentado vampiro hasta el ser mas inocente de la tierra, está exento de la presencia y acción de los demonios) sin culpa o pena que nos abata ni remordimientos de "conciencia", pues solo puede nombrarse así a la facultad de entender y conciliar en pensamiento y acción las impresiones grabadas por las contradiciones que van enfrentando a lo largo de su monótona, aburrida y exasperante vida. Mi exclusión de tan simplona existencia tiene una razón de ser y nada tiene que ver con mi vampírica soberbia, tan real y tangible que es imposible de negar: se refiere mas que nada la situación tan peculiar que me sitúa en un contexto fuera de la historia propia y colectiva, permitiéndome así librar sus golpes, traumas, maldiciones y reproches.

Segunda entrega


La gente me pregunta qué es lo que hago yo en una biblioteca si estudié una licenciatura en Historia. También se extrañan porque soy capaz de recordar hasta el mas mínimo detalle y anécdota ocurrida hace cientos o quizá miles de años. Me doy cuenta cuando interactúo con mis compañeros y usuarios (así llamamos los bibliotecarios a la gente que usa de la Biblio) como se apantallan cuando les muestro alguna de mis mañas para buscar información en Internet: se ve un brillo particular en sus ojos. Solo me resta reír cuando les confieso mi condición vampírica y no me creen: “simón carnal” me dicen con ese tono característico de quién le da el avión a un cábula que afirma cosas que a uno francamente le valen madre.

Para un no muerto que ha vivido no miles pero quizá cientos de años, estudiar historia equivale a que un teólogo asista a cursos de catecismo. Dejénme me explico (valiéndome madre cacofonía alguna): Si yo estudié historia no fue por gusto, pasión , indolencia o falta de opción. Yo asistía a las aulas con la misma actitud que acude un adicto al “grupo” o un neurótico al psicólogo. Sentía pues exactamente lo mismo que siente el ansioso con Taffil o un maniaco depresivo con Prozac. Lo que quería expresarles a mis queridos lectores (saludos a Tahis que ella si me lee … ¿verdad que si Tahis?) era el sentido terapéutico que un servidor le vio a los estudios históricos para su vida.

Porque la biografía de un no muerto y la historia del mundo (entendida ésta no como la “historia universal“ hegemónicamente eurocéntrica, sino como la historia del mundo de a de veras) son casi una y la misma cosa. Explícome (si, así, me vale madre): son el relato de las atrocidades hechas por el “hombre” a nombre de su propia humanidad sin ningún pudor, conciencia o empacho. ¡Por tal motivo me pregunto yo! ¿Cómo chingaos quieren que no me deprima? La vida (ya sea individual o comunitaria) está compuesta paradojas y la neta nadie sabe para quien trabaja. Y cito un dicho popular acompañado de una neta (créanme, y se los digo con sinceridad: me caga profundamente tirar netas) porque paradójico resulta que en casa del herrero haya azadón de palo.

Con esto también quiero decir que la historia del hombre no es heroica (el culto de los héroes es el culto del poder) sino irónica. Lo que quiero decir es que el juego que se da entre las acciones emprendidas por quienes en todas latitudes parten el queso y sus incalculables consecuencias, siempre mediará el sentido de la historia que apunta hacia una sola dirección … nuestra propia aniquilación. ¿No? ¿Apoco no es cierto que la fe casi religiosa en la divina trinidad que en su momento formaron la razón, la ciencia y el progreso nos llevó a la devastación ecológica y al desarrollo de armas de potencial destructivo inimaginable? Ya lo decía el maestro Goya: “Los sueños de la razón producen monstruos”.

Bueno, eso en cuanto a la Historia ¿pero que pedo con la Biblioteca? ¿Que otra actividad permitirá a un vampiro enfermo de años regodearse en el recuerdo leyendo páginas y páginas salpicadas por las culpas, traiciones y voluntades fallidas de sus propios autores. ¿Ahora tiene sentido o que digo? (en lo personal, la neta me vale madre si lo tiene o no). Afortunadamente mi larga vida vampírica me ha ayudado (de aquí en adelante no repetiré que me valen madre las cacofonías, sino que pondré entre paréntesis la palabra -sic-. Me cai de madre que ni mis inclinaciones pedantescas ni la censura del entendido me motivan para echar mano del término, sino la voluntad de economizar espacio y no obstaculizar el flujo de la narración…) a descubrir la clave para interpretar este peix y no hundirme en la depresión, sino mantener una paradójica actitud melancólico-chabacana (sic)… pero ya se me acabo el espacio.

Primerísima entrega


Primera entrega… o de cómo el que nace pa tamal, del cielo le caen la hojas.

Cuando aun era escolapio y daba mis primeras vueltas por la Biblio de la Facultad, recuerdo haber visto con envidia a un cábula de bata que estaba en la salida detrás de una rampa por la que dejabas deslizar los libros que traías encima. El dichoso embatado se limitaba a revisar los sellos que marcaban las fechas en que los ejemplares extraídos debían ser devueltos y a parar oreja cuando algún despistado olvidaba pasar sus libracos por la rampa y hacía sonar la alarma del sensor instalado frente al torniquete de salida. Recuerdo bien aquel día porque vi con verdadera envidia a quien tenía tan mecánica encomienda. Inmediatamente me vino a la mente a un sanjuditas ahí, a toda madre, con una bata que cubriera sus ropas de civil y realizando tan encomiable labor que me daría tiempo para poner en práctica mis inquietudes de diletante amateur. A casi 10 años de tales acontecimientos !me invitaron a integrarme al “staff” de una biblioteca universitaria! -!A güevo! Me dije a mi mismo. -!Que chingón! Me volví a repetir. Estaba pues en mi elemento. No voy a negar que me sentí medio destantiado (sic) por la novedad, pero sobre todo por la emoción que despertaba el mi el hecho de tener acceso a uno de mis principales vicios, aquel que muchos relacionan única y erróneamente con los libros: la lectura. El horario estaba de fábula, ya que iba a prestar mis servicios de dos de la tarde a diez de la noche, lo que me permitía dejar mi ataúd a eso del medio día (eso de que los vampiros nos morimos con la luz del sol es puro choro, como también lo son las máximas de lo que yo llamo el individualismo tecnocrático y aquello que escriben los promotores de la meritocracia y la superación personal) dejándome abierta la opción de regresar a él como a eso de la media noche, hora que marca el inicio de actividades para aquellos que disfrutamos del manto emancipador de la noche. Porque los seres de la noche, sépanlo bien, somos seres libres. Estábamos pues en le momento que me vi a mi mismo en una Biblioteca. Como fueron pasando los días me fui sintiendo como una mosca en una letrina, como un gusano sobre carne putrefacta, como una cucaracha en cocina, como una rata en alcantarilla, como teporocho en la banqueta… no se si me explique… ¿Qué siente un padrote paseando en la merced? ¿Acaso cualquier muláh no se siente casi casi como el mismísimo Mahoma cuando esta entre las chicas de su harem? ¿No me digan que un narco en Ciudad Juarez, Tijuana o el Golfo no se siente amo y señor de la situación? ¿A poco no la impunidad que da una placa no hace sentirse reyes a aquellos que sumisamente agachan la cabeza cuando un superior les ordena “caerse con la renta”? Bueno, bueno, ya nos estamos desviando. Lo único que yo les quería expresar es la sensación que despertaba en el que estas líneas escribe el hecho de integrarse al staff de una Biblioteca. Me sentía, en resumidas cuentas, como pez en le agua…