viernes, diciembre 21

Décimocuarta y lúdica entrega...

... de un vampiro que se va a rolar por el centro


Un buen valedor lanza la provocación y yo escribo: "¿por que no hablas en tu blog sobre antros y demás lugares donde ir a cotorrear?" Eso de los antros luego luego me recordó al Kikis, un cábula del barrio, de esos que denominan los nóveles "la banda de antaño" y que hace mas de diez años hizo el favor de indicarme que en su época (el que hablaba era un Kikis ya casado, por no decir "maduro", con hijos y entrampado en la fiesta familiar) los antros eran tugurios de mala muerte con ficheras que tiraban a pirujas, rockola y pomo de bacachá (blanco o añejo) acompañado con cocas y peñafieles de a cuartito.


La distinción semántica pasó a segundo plano por ahí de la mitad de los años noventas: antro era cualquier lugar donde pudieras ir a reventar con tus cuates. para esos entonces la palabra "antro" ya no hace distinción entre cantina, bar familiar, putero, congal o simple lugar de esparcimiento nocturno, de ahí que hasta las niñas fresas puedan decir hoy en día "vámonos de antro güeeeey".


Por lo tanto, y siguiendo la antigua tradición, quiero relatar antros de mala muerte, aquellos que dan cabida a la banda marginada y trotacalles, esos mismos güeyes que apenas le cooperan con cinco varos pa la vaca y con eso quieren ponerse hasta la madre, ya sea con "granada de mano", "panalito" o "los reyes" (hace diez años, cunado iba a la prepa, los pomos mas pupulares eran el Richardson, el Corsario o el Uruapan: me refiero al celebérrimo "paquete-amigo-banda-eriza", que en aquel entonces consistía en un pomo de aguardiente, unos cigarros delicados y una toronja gasificada de dos litros. "Antros de vicio y perdición", siguiendo al pie de la letra la definición de los agüelos: pulquerias, cantinas, bares y puteros. Por eso quiero dedicar mi entrada no solo a los citados establecimientos, sino a esa banda que sin importar lugar o tiempo tiene el corazón enfiestado y a pesar de no traer un quinto en la bolsa llevan a buen término el convite estimulados por el puro impetu de aquellos que gozan de un envidiable espíritu fiestero.



Empecemos por los mas folclóricos: las pulcatas. cuando creces en un asentamiento artificial y sin historia como Aragón las pulcatas son algo desconocido por no decir exótico. La primera vez que visité una tenía yo como 17 abriles. Iba en mis ultimos años de prepa. Escuchando no sin emoción divertidísimas anécdotas de la "banda de antaño" en La Titina, mi imaginación de púber se daba vuelo pensando como mi jóven ímpeto se desgastaría frente a sendos vasos de curado de jitomate o avena expendidos en soñado recinto. No tardó en materializarse el sueño: ahi estaba yo, tal como me había imaginado, en la esquina de Calzada de Guadalupe y Robles Domínguez, por el rumbo de la Villa, casa de nuestra jefecita. Despues de "La Titína" concurrí otras pulcatas y tome otros pulques: de las primeras visité "La Risa" y "La Antigüa Roma" (sobrevientes del centro), la arriba citada junto a "La Tlaxcala", en la mera Peralvillo, "La Peor es Nada" cerca de San Angel. Tambien fui a pulcatas en Colpilco (había dos), Tacubaya, Molino de Rosas, Merced Gómez, Tepepan, La Noria y Xochimilco, de cuyos nombres, por obvias razones, no puedo acordarme. De pulques, ahi si me doy vuelo, pues probé deliciosos en Hixmiquilpan, Actopan y Santiago de Anaya (Valle del Mezquital en Hidalgo), Tehotihuacán y Texcoco (Estado de México). Chamontoya, Cuajilamlpa, San Bartolo Ameyalco, Santa Rosa Xochiac, San Mateo Tlaltenango y San Andrés Mixquic en el Distrito Federal.


Me comprometo a continuar con las cantinas, no en la inmediata siguiente, sino a posteriori... mi bitácora no se somete a entregas programadas ni a pronsoticos específicos, no se deja guiar por el anecdotario de los triunfadores ni por las narrativas auntocomplacinetes del mérito. Mi bitácora no sigue la línea estructuralita si se deja llevar por la simple voluntad humana, finita y mortal. Sólo quiere servir de receptáculo y medio para las letras de un vampiro que se deja llevar sin freno por sus impetus psicópatas, con una patología escatologica frustrada que desea el fin del mundo pero no quiere padecerlo...

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