... de un vampiro que gusta guarecerse de la fama bajo el manto protector de la clandestinidad
Quiero comenzar el año con el pie derecho volviendo al tema anterior, y quiero también incluir dentro de la categoría "antro" (con todo y sus giros de significado) todos aquellos espacios clandestinos donde la banda puede caer a chelear sin andarse escondiendo tanto de la tira como de la mirada inquisitiva de los curiosos, vecinos y peatones.
Existen leyes inmutables que aplican por lo menos en el DeFectuoso y sus conurbadas periferias: 1) siempre existiran de uno a dos expendios clandestinos de chelas en el perímetro próximo a un Bachillerato, Facultad o Escuela Superior; 2) si no existen, es porque la banda: a) arma la fiesta dentro de las instalaciones de la escuela, o bien, b) hay espacios alternativos ad hoc (e.g. la banda de Prepa 9 usaba el estacionamiento ubicado sobre Insurgentes, entre Euzkaro y Montevideo. Por otro lado, nunca falta el "don" o la "ñora" que da chance de pistear afuera de su tiendita vendiéndote las chelas a precio justo, ¡ahi si que rayado el tigre!); y 3) el precio de la chela solo será 20 por ciento superior al precio de camión o depósito. En ese tenor recuerdo a "Don Salúd", que era un ruco cuya leyenda cuenta que empezó vendiéndole chelas a sus cuates de Auxilio UNAM. Pasó el tiempo y le fue cayendo la banda estudiantil. El ruco acondicionó su patio, allá por Coplilco el Alto, con troncos que hacían la vez de bancos y grandes carretes de cable como mesas, ¡con decirles que hasta baño exclusivo pa mujeres tenía!. Quien deseara entrar debía decir la contraseña (bastaba enunciar el lugar de procedencia: "venimos de filos" o "venimos de ciencias").
Retomemos la regla número 1 cambiando las referencias escolares por laborales. Plaza San Jacinto, San Ángel, lugar que congrega trabajadores de la construcción, se cuentan por docenas. Supongo, porque carezco de prueba empírica, que los contratistas buscan brazos en aquel sitio. A un par de cuadras se encuentra el Mercado Múzquiz y cruzando avenida Revolución el populoso paradero de "La Palma". Lugar de paso y contrastes. El caso es que a un costado de dicho mercado, detrás de unos puestos de piratería, existe una tiendita (en realidad tiendota) de anaqueles y refrigeradores repletos, coronada por un gran mostrador donde una chica gorda recarga sus voluminosos brazos sobre una franela color rojo. frente a ella se apilan varias torres de vasos desechables traslúcidos. Al pedirle una chela pregunta mecánicamente: "pa llevar o pa tomar aqui". El "tomar aqui" sirve cual ábrete sésamo para entrar en una chelería clandestina con mesas y sillas plegables, mingitorios y hasta rockcla con todo y baile.
En el Centro se ubican por lo menos dos vecindades donde la banda se congrega a inflar como los grandes: una en la calle de Doncéles, casi enfrente de Porrúa, y otra en la calle de Licenciado Verdad, frente a las ruinas remodeladas de Santa Teresa la Antigua, ex convento de monjas donde actualmente se hacen performance y cosas así. Cabe señalar que los dos expendios se encuentran cerquitita de las ruinas del Templo Mayor. En ex-Teresa una ruquita regordeta con mandil y cabecita de algodón te vende medias y caguamas de chela Indio o Sol. Para ir a mear hay que dejarse talonear mínimo con un varo por una banda de gandules apostados ex professo a las puertas del baño, a pesar de ello, la impresión de la agüelita no deja de darle un ambiente familiar a tan entrañable agujero. El segundo "antro" lo regentea una pandilla de cábulas que pasan el día viendo pornografía hard core. Una escalera de piedra en forma de caracol sirve de asiento a la banda que se acomoda donde quiere y como puede. En el baño no hay talón, pero si mojón y demás execrencias indolentemente acumuladas a lo largo del día. A dichos lugares acude la misma banda: ambulantes, artesanos, saltimbanquis y músicos callejeros, despistados del coctel, el infalible sector estudiantil, los punks...
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