miércoles, diciembre 5

Trigésima y desafortunadísima entrega...

... de un vampiro que se anticipa al doce y sobre la patroncita escribir quiere

A mi valedor el Oscar (q.e.p.d)
Antes de ser bibliotecario este vampiro prestó servicio para el gobierno del buen Peje. Es por ello que sin empacho, pudor o tapujo lo digo: si, yo fui promotor comunitario para la Dirección General de Participación Ciudadana adscrita a la Secretaría de Desarrollo Social. Yo percibía un salario, de acuerdo con la teoría, a cambio de promover la organización autónoma e independiente de las organizaciones de vecinos desperdigadas por las colonias marginadas al extremo poniente de la ciudad. Digo en teoría porque en realidad promovíamos la imagen del Peje y operábamos su campaña electoral en territorio. Porque nos guste reconocerlo o no la gestión del buen Peje no fue mas que una precampaña de cinco años financiada por el gobierno local y operada por trabajadores de honorarios: ¡dios bendiga a la izquierda institucional! El tiempo que no aprovechábamos en la dichosa precamapaña lo invertíamos en actividades nominadas "bomberazos" no por diplomacia o eufemismo, sino porque eran chambas de las cuales ningún otra dependencia quería encargarse. Hacer bola en la inauguración de distribuidores viales y segundos pisos, repartir las nuevas placas a domicilio, acudir religiosamente a la marcha y al mitin del Peje, deslizar por debajo de indiferentes puertas la "peje revista", invitar a la banda de Iztapalapa a pagar el agua (eso si fue poca madre) o hacerle valla al papa Wojtila son ejemplos de aquellas situaciones emergentes.
Si, también tuve que ir a la villita el once pa amanecer el doce de diciembre: día de la Virgencita de Guadalupe, patroncita de todos los mexicanos. Fui dos años consecutivos. Confieso que la primera vez acudí crudo y desvelado. Tenía dos meses de haber vuelto a Aragón, después de haber vivido cerca de cinco años allá por los rumbos de Taxqueña. La noche del día diez me había embriagado en una fiesta de cumpleaños anticipándome al célebre y folclórico maratón, ese que recorre el circuito guadalupe-reyes. Pus resulta que iba caminando por calzada de Guadalupe con una cruda de la chingada ya que por obvias razones el perímetro de la villita estaba cerrado al tránsito. Después de un buen trecho llegué a la puerta número dos, donde encontré a los compañeros. Rápidamente se nos indicó nuestra tarea: controlar y dirigir el flujo de los peregrinos que subían y bajaban la escalinata del templo de El Pozito. Recuerdo que éramos tantos los convocados al operativo y tan pocas las funciones a desempeñar que un buen número de los nuestros con toda la cara dura nos hicimos bien pendéjos. Simón, amparados con el manto de la virgen y armando con sendos vasos de ponche decembrino nos dispusimos a pistear pa ser partícipes de la alegría de un pueblo y con enjundiosa pasión cantarle las mañanitas a la jefecita. Recuerdo que ya en la mañana, caminando de vuelta a casa, a mi corazón se había embriagado con gran felicidad y dicha: esa madrugada mi ansiedad desapareció y puede vislumbrar, sin exageración, aquello que los místicos denominan Nirvana y algunos occidentales entendidos Pérdida Absoluta del Deseo.
La segunda vez fui por castigo. Andaba yo de rebelde, y ya el jefe de mi jefa me había llamado la atención más de dos veces. La mera verdad a este vampiro ya le habían cagado el alma tanto el Peje como su gobierno, pero aun mas la mezquindad y el pragmatismo de una dizque izquierda institucional, chupasangre, cortoplacista, procedimental y miope. Esa misma izquierda encabezada por Socorro Díaz, Manuel Camacho y su ex-lugarteniente Ebrad, Ricardo Monreal y Arturo Núñez (cuyo envidiable y vampírico aspecto le da tremendo parecido con nosotros los hijos de Caín) fue la que me mandó de castigo a "trabajar" a la villita. Y tanto así fue que mi peregrinar partió desde el mero inicio del eje 5 norte hasta el mismísimo santuario de mi Tonantzin querida. Recibí naranjas, dulces, café, atole, pan, tortas, tacos y sin número de vituallas que el buen corazón de mucha gente fue regalando a todos los peregrinos. Mientras marchaba pedía a la virgencita que me consiguiera una chambita, parecida a la que que tres años antes tenía como chalán de consultor y que el verdadero Snjudas con sus influiencias me coinsiguió (como podrán ver, los inmortales tenemos excelentes referencias y padrinos).
Recuerdo que esa noche fue muy divertida: me colé donde estaban los artistas, ví una ceremonia de concheros, canté las mañanitas a la virgen, jugué al ajedrez y a las damas, compartí con mis compas todo lo que mi peregrinar recogió, chalaneamos al coordinador y vimos en el cielo algo muy parecido a un OVNI. Agradecí mi castigo desde nenantes (sic) de caer en cuenta que el cierre de esté ciclo se estaba proyectando en la espiral. Aun mi vampírica memoria sigue guardando gratos recuerdos de aquella gente de veras auténtica y comprometida, gente de abajo seducida por la venenosa lengua de los políticos profesionales y demás ralea. Asimismo, este vampírico sujeto conoció un alma huraña y solitaria que le abrió las puertas al compromiso y al amor. Antes de conocer a su rata (que es ni mas ni menos esa alma solitaria de la cual hablo) este vampiro no sabía que al trabajo hay que ponerle corazón.

1 comentario:

Monik_UNAD dijo...

No pues ya te falta poco para la peregrinación de este año, y si la neta es que varios hemos sido victimas de ideales que se parecen a los nuestros y que luego te das cuenta de que en realidad no son lo que parecen; en fin como decían los pobres de la pelicula de Pedro Infante, ni hablar mujer traes puñal.