1. Renegar de Dios.
2. Ser hijo rebelde de un rabino.
3. Polemizar y ridiculizar a sus “pares”.
4. Dotar de entidad, consistencia e inteligibilidad a los balbuceos que intentaban definir aquella cosa que él llamó Capital.
5. Sentar la terminología que permite, por un lado, imponer al tecnócrata su decisión, y por otro, ofrecer un nutrido repertorio de palabras mágicas y lugares comunes para las organizaciones de izquierda.
6. De plagiar la estructura narrativa del cristianismo y proponer una “historia de salvación”, incluida una edad escatológica de los justos, o sea: la sociedad sin clases.
7. Crear un andamiaje terminológico de carácter operativo que redundó en la constitución de una puta tecnocracia, tanto a la izquierda como a la derecha.
8. Porque dio pié a la aparición de santo, patrón, evangelio, doctrina y catecismo a sinnúmero de sectas cuasi satánicas.
9. Por traer a colación el milenario disfraz rojo del diablo.
10. Por influir en buena parte del “pensamiento occidental”: sus obras son las más citadas, después de la Biblia y los artículos de Freud.
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