
La gente me pregunta qué es lo que hago yo en una biblioteca si estudié una licenciatura en Historia. También se extrañan porque soy capaz de recordar hasta el mas mínimo detalle y anécdota ocurrida hace cientos o quizá miles de años. Me doy cuenta cuando interactúo con mis compañeros y usuarios (así llamamos los bibliotecarios a la gente que usa de la Biblio) como se apantallan cuando les muestro alguna de mis mañas para buscar información en Internet: se ve un brillo particular en sus ojos. Solo me resta reír cuando les confieso mi condición vampírica y no me creen: “simón carnal” me dicen con ese tono característico de quién le da el avión a un cábula que afirma cosas que a uno francamente le valen madre.
Para un no muerto que ha vivido no miles pero quizá cientos de años, estudiar historia equivale a que un teólogo asista a cursos de catecismo. Dejénme me explico (valiéndome madre cacofonía alguna): Si yo estudié historia no fue por gusto, pasión , indolencia o falta de opción. Yo asistía a las aulas con la misma actitud que acude un adicto al “grupo” o un neurótico al psicólogo. Sentía pues exactamente lo mismo que siente el ansioso con Taffil o un maniaco depresivo con Prozac. Lo que quería expresarles a mis queridos lectores (saludos a Tahis que ella si me lee … ¿verdad que si Tahis?) era el sentido terapéutico que un servidor le vio a los estudios históricos para su vida.
Con esto también quiero decir que la historia del hombre no es heroica (el culto de los héroes es el culto del poder) sino irónica. Lo que quiero decir es que el juego que se da entre las acciones emprendidas por quienes en todas latitudes parten el queso y sus incalculables consecuencias, siempre mediará el sentido de la historia que apunta hacia una sola dirección … nuestra propia aniquilación. ¿No? ¿Apoco no es cierto que la fe casi religiosa en la divina trinidad que en su momento formaron la razón, la ciencia y el progreso nos llevó a la devastación ecológica y al desarrollo de armas de potencial destructivo inimaginable? Ya lo decía el maestro Goya: “Los sueños de la razón producen monstruos”.
Bueno, eso en cuanto a la Historia ¿pero que pedo con la Biblioteca? ¿Que otra actividad permitirá a un vampiro enfermo de años regodearse en el recuerdo leyendo páginas y páginas salpicadas por las culpas, traiciones y voluntades fallidas de sus propios autores. ¿Ahora tiene sentido o que digo? (en lo personal, la neta me vale madre si lo tiene o no). Afortunadamente mi larga vida vampírica me ha ayudado (de aquí en adelante no repetiré que me valen madre las cacofonías, sino que pondré entre paréntesis la palabra -sic-. Me cai de madre que ni mis inclinaciones pedantescas ni la censura del entendido me motivan para echar mano del término, sino la voluntad de economizar espacio y no obstaculizar el flujo de la narración…) a descubrir la clave para interpretar este peix y no hundirme en la depresión, sino mantener una paradójica actitud melancólico-chabacana (sic)… pero ya se me acabo el espacio.

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