martes, septiembre 11

Tercera entrega


... Una actitud melancólico chabacana es aquella que nos permite conjugar en una misma acción a la sinceridad con el cinismo o a la soberbia con humildad. Reducir esta última a un método para "vivir" entre humanos puede ser visto como la peor de las hipocresías. ¡Pobres mortales que todo lo reducen a lo que perciben "aquí y ahora"! ¡Enanos cuales burros de noria giran ensimismadamente con la esperanza de extraer unas cuantas gotas de unos mantos freáticos exhaustos! Ignorantes que hace cientos de años no existían norias que esclavizaran a los ancestros del hermano burro a una actividad que les eximiera de correr libremente por estepas, planicies y praderas. He ahí el gran problema de los mortales: pensar que todo se reduce a lo que pueden controlar con la mente o con las manos, ya sea con instrumentos tan rudimentarios como su escaso vocabulario o hachas de silex, o tan sofisticados como las ciencias "exactas" o los sistemas informáticos "inteligentes". Volviendo a lo anterior. Se que para muchos resulta difícil conciliar estas contradicciones. Tanto así que he sido testigo presencial de la fundación de sinúmero de sectas fanáticas y del actuar de varios individuos de diferentes colores, sabores y orientaciones, todas y todos ellos dispuestos a cometer atrocidades sin nombre en nombre (sic) de la razón, la civilización, la democracia, la revolución, y la gran mayoría de las veces de un Dios invocado en tantas formas como lenguas existen en el mundo. Se que me voy a los extremos, pero sólo ellos nos permiten concebir que significa esa actitud melancólico chabacana a la que desde la anterior entrega me refiero. Asumiéndola, o ya de perdis entendiéndola, quiero aliviar la repugnancia y náuseas que estoy seguro sienten cuando imaginan que se alimenta de sangre el que estas líneas escribe.

Un bibliotecario vampírico resulta más simpático a sus escasos lectores cuando abre su viejo y amargado corazón, incluso dándoles a entender que podría chupar su sangre a riesgo que las Bitácoras se queden solitas chiflando en la loma sin nadie que las pele. Espero que mis vampiritas lindas no se espanten con mi cínica sinceridad y se animen a entrarle con este sanjuditas hematómano y querendón que con el sanguinolento corazón en la mano espera paciente a que se incremente el número de lectores vivos y nomuertos de estas ociosas líneas que con tanto gusto escribe. Quiero pues, compartir algunas experiencias y reflexiones, no sin antes advertir que se requiere de amplio criterio y estomago fuerte para resistir a las tentaciones y el infinito placer resultado de la experiencia vivida a lado de un ser de la noche. Es por ello que, mis queridísimos mortales, los invito a conocer un poco mas su lado oscuro aprendiendo así a vivir con sus demonios (nadie, desde el mas experimentado vampiro hasta el ser mas inocente de la tierra, está exento de la presencia y acción de los demonios) sin culpa o pena que nos abata ni remordimientos de "conciencia", pues solo puede nombrarse así a la facultad de entender y conciliar en pensamiento y acción las impresiones grabadas por las contradiciones que van enfrentando a lo largo de su monótona, aburrida y exasperante vida. Mi exclusión de tan simplona existencia tiene una razón de ser y nada tiene que ver con mi vampírica soberbia, tan real y tangible que es imposible de negar: se refiere mas que nada la situación tan peculiar que me sitúa en un contexto fuera de la historia propia y colectiva, permitiéndome así librar sus golpes, traumas, maldiciones y reproches.

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