viernes, septiembre 21

Cuarta Entrega

La Hematófilamente enfermiza Bitácora de un Vampiro enamorado del amooorr (arroooz!)

De nueva y aburrida cuenta aquí mis escasísimos lectores que fielmente me acompañan en esta melancolica entrega que por ser cuarta prefiere ir a tono con la interpretación que de los números hace la tradición occidental. Cuatro también son las estaciones del año, las dimensiones del espacio y sus puntos cardinales: norte, sur, oriente y poniente. El número coincide con los cuatros padres de la Iglesia y cuatro son los evangelios canónicamente aceptados por Roma. Tampoco olvidemos que son cuatro los célebres jinetes que harán de las suyas cuando ocurra lo que ustedes simples y llanos mortales denominan el fin de los tiempos. Cuatro es el número de la Madre Tierra y cuatro los elementos (tierra, agua, viento y fuego) que sólo son representaciones sensoriales de la energía vital que compartimos todos y cada uno de nosotros con todas y cada una de las cosas del Universo, cosas como tales, porque el número cuatro nos recuerda a mortales e inmortales que en tanto "entes animados" somos parientes carnales de todas las formas de vida "conocidas" y por "conocer" ya sean plantas, animales u organismos aún inconcebibles. Siendo cuadrada la forma e indicativo el trazo del guarismo, démosle dentro de la numerología vampírica al número cuatro el atributo de esa magia que nos vincula con la naturaleza y el mundo vital: dejémoles entonces al número cinco el patético privilegio de ser el número denominativo de la simplona y mortal condición humana que los esclaviza a una existencia que a estas alturas del camino compran gustosamente a crédito con todo y número de serie, garantía y fecha de caducidad : me refiero a eso que apenas conciben como potencia (fuerza) y manipulan como energía (y que ustedes ¡oh mortales! reducen caricaturescamente al "estigma" del precio).

Volviendo al cinco, y sólo con el ánimo de establecer claras diferencias con respecto a los límites y atributos mágicos de los números, éste hace referencia al hombre ya sea por sus extremidades (cabeza incluida) o sus limitadísimos sentidos. El cinco es instrumental e interesado, no de balde sus múltiplos son monótonos y aburridamente predecibles pues se reducen a inferencias mentales básicas para la supervivencia y por ende inconcientes. No es gratuito que de las horrorosas tablas de multiplicar sea la del cinco la mas fácil de aprender.

Y es que mi cuarta y escatológica entrega no podía evadir el punto más significativo que caracteriza todos y cada uno de los procesos terrenales: el final irreductible de todas aquellas cosas determinadas por la puta y efímera temporalidad. El tiempo es un tirano y nadie mejor que ustedes los mortales para dar cuenta en carne viva de las atroces consecuencias de su indolente paso. Quiero ser claro y no distinguir entre argivos o troyanos para curarme en salud de las debilidades propias de las deidades griegas que comparten conmigo la inmortalidad pero no el signo de Caín, nuestro célebre ancestro. La escatología se refiere no solo a la caca mis queridos lectores, es necesario recurrir al sentido más lato del término para incluir en él todas aquellas cosas que están el las últimas tales como: los residuos, las ruinas, los desechos, la basura, la carne una vez viva en avanzado estado de putrefacción siendo corroída por gusanos, el amor...

Un inmortal cae enamorado por primera vez cuando un gusano barrena su fresco corazón inoculando a su paso su germen putrefacto; es el corazón podrido de un vampiro que palpita lágrimas de gusto y dolor cuando descubre de una vez que tan maravillosa alegría lleva perentoriamente inscrita la marca de su destrucción: la muerte del ser amado es la muerte del amor. Como puede un vampiro escapar a esta malévola tentación si se ha brincado la muerte para vivir libre de angustia y dolor. Una vez curado de espanto, el corazón vampirico asimila su triste realidad tolerando e incluso llegando a disfrutar como el ser amado se marchita lentamente con el tedioso pasar de los años. La primavera y el infierno de su fin no significan nada para quien ha visto tantísimos capullos florecer y consumirse en un fuego provocado por las culpas, los remordimientos, las traiciones y el maldito desamor.

Bienvaenturados sean los lectores de Bítácora que de ellos será la sangre de antemano extraída porque desde su abyecta soledad se despide el que estas líneas escribe dejando entre paréntesis el cínico misterio que encierra toda alma marcada por el transcurrir del tiempo. Prendan veladoras y échense un Rosario a mi salud que al inmortal los rezos le hacen lo que el trago al bebedor: lo embriagan con placer y lo ponen cachondón.

1 comentario:

Andoni dijo...

Cuatro las estrofas que escribo:

primero de pan
segundo tiempo
tercero sexo
último el olvido...


atte:
la lagartiha