jueves, octubre 11

Séptima y chabacanísima entrega de una Bitácora…


…que va de la mano con aquel grito de guerra ochenteno: ¡Mucha Policía!


Simón, el vampiro se acaba de mudar a otro sarcófago y en verdad extraña aquellos árídos parajes allende al extremo norte del Eje 3 Oriente (para quienes no se ubican, llendo por Talismán pasando Eduardo Molina) que sin miedo de perderse en lotananza del olvido se incrusta en el imaginario popular: en efecto mis contados lectores, me refiero a ese mi Arapunk querido que una vez dejé y que al cabo de tres años de nueva cuenta abandono. Actualmente habito un húmedo tugurio apropiado para un ser de la noche como yo, situado a tan solo unos metros de la Biblioteca donde encuentro mi cotidianamente grato refugio.

Y hacia referencia a la triste tira porque sin importar a donde me dirija no puedo librarme de su asfixiante y funestísima presencia. Entiendan este malestar mientras mi causa explico , porque ya sea uno o sean veinte, los años para un inmortal significan nada: en verdad les digo que a pesar de las centurias vivídas jamás presenciado había tanta pinche polícía en tantísimos formatos colores, sabores y versátiles presentaciones. Mi enojo (si tomamos en cuenta que durante mas de trescientas lunas el vampiro diambuló por esta zona alta de las barrancas del poniente sin que ningún alma irrumpiera su tranquila y desenfadada marcha) obedece a tanto a su aparación repentina como a su considerable número. Cual fue la sorpresa del vampiro que a pocos días de cambiarse de rumbos encontró empotrados en la esquina a infame par de cuicos que le daban la bienvenida a su nuevo y oscuro hogar.

“¿Porqué? ¿Por qué, justicia orden y ley?” canta el estribillo de la célebre rola que nos hace maldecir aquella chispa de maligno ingenio que institucionalizó el agandalle dándole forma de ley y legitimándolo científicamente. Son la tira y en ultima instancia el ejército, los que tienen en sus manos la salvaguarda de la propiedad y los intereses de quien de los privilegiados y los poosedores. Centenares de años han pasado desde que esta alma maldita se deja querer y despreciar por estos oscuros parajes de la “vida” para no haber sido amenazado, madreado, acalambrado, agandallado, taloneado, extorsionado, despojado o de plano cínica y descaradamente robado por aquellos guardianes de la ley que valiendo madre temporalidad o latitud barren parejo con todo aquel que no se pone trucha al momento que se arman los chingadazos. Porque la vida diaria es lucha y la tira no es el poderoso, sino sólo su guardián.

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