Cuando el vampiro se integró a la falange operativa del GDF ya se había chutado dos números de la pejerrevista. Con el escándalo de Ahumada, Bejarano y Ponce se comenzó a tramar la urdirme del celebérrimo “compló”, y como estrategia de comunicación de masas sus asesores recomendaron editar el tercer número de la celebérrima pejerrevista; y doy voto de confianza al suponer que el Peje consultó a sus asesores, porque ya lo veo encabronadísimo redactando el borrador de aquella cagadísima obra que nos haría botar a varios de la risa. Al vampiro se le desvaneció poco a poco la sonrisa al notar el hartero de revistas que tendría que repartir casa por casa. Te toca ir al Queso mi Sanjis –dijo al vampiro el buen JC. Vale madre –pensó el vampiro, que pinche güeva repartir estas chingaderas. No hay fijón mi JC, orita me lanzó a repartirlas –respondió el vampiro con fingido entusiasmo. Pero de veras las repartes cábula, aunque sea la mitad, porque luego nomas te andas haciendo pendejo y te vas por ahí a echar desmadre, quién sabe que chingaos haces con toda la propaganda que te doy –dijo JC al vampiro a sabiendas que un día los habían topado unas compañeras cheleando en el depósito del Olivar con los otros dos diablos, sentados sobre sendos paquetes de pejerrevista, y tratando los cuatro de hacerse pendejos para no ser reconocidos. O chinga, pus que le voy a hacer, pus la reparto valedor, presta y diligentemente la deslizo bajo todas y cada una de las puertas de mi Unidad Territorial –respondió cínicamente el vampiro mientras recogía dos grandes bultos de la dichosa publicación. Orale pues güey, a ver si es cierto –escuchó el vampiro mientras se dirigía despreocupadamente hacia la puerta.
Los dos bloques de revistas pesaban un chingo y el vampiro se cansó luego luego. Hacía un calor de la chingada. El vampiro tomó por avenida Revolución para agarrar el transporte que lo llevaría al Queso, aquel célebre hoyo ubicado al fondo de una barranca allá por los rumbos de Puerta Grande. El vampiro deshidratado pasó por un refresco amargo a la tiendita que está frente a la base de los micros; una banda se encontraba cheleando y el vampiro les regaló unas revistas, se entretuvo cabuleando unos 15 minutos con ellos mientras mitigaba la sed. Se despidió de la banda y marchó rumbo a la colonia de abajo, Palmas Axotitla. Si el Queso está en un hoyo Palmas se desliza al fondo de una cañada interminable. Había perros ladrando por doquier, banda cheleando en las esquinas, niños echando desmadre. El vampiro conocía la zona, varias veces había estado ahí, tenía ubicado un paraje baldío que daba al cauce de aquel rio unas veces puerco, otras tantas seco. Tomó con gran resentimiento el primer bloque y lo aventó con todas sus fuerzas al fondo del barranco y sus labios dibujaron una sonrisa satisfecha. Cogió el segundo bloque ya eufórico y riendo a carcajadas cómo un loco repitió la operación. Un tipo que inhalaba pegamento salió de su letargo y miró con temor al vampiro, se levantó de la banqueta y se alejó sacado de onda, como si hubiera visto al mismísimo chamuco. Sacudió sus manos y cayó en cuenta que lo acabado de hacer, bien hecho estaba. El vampiro miró a su alrededor y notó que un corrillo de cheleros le invitaban un trago, y como hacía mucho calor no pudo negarse. Después de un gran sorbo a la caguama el vampiro sonrió mostrando sus sarrosos colmillos: disculpen el pancho carnales, es que esos güeyes ya me tienen hasta la madre, ve nomás las mamadas que publican, de plano creen que la banda se chupa el dedo o qué pedo –dijo el vampiro tras refrescar la reseca garganta. Asi es carnal, por eso un dia de estos les vamos a armar un desmadre…
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