jueves, mayo 8

XXXVI.Crónicas de un promotor comunitario V

Como toda nueva chamba, al principio no encajaba, pero nomás me aclimaté y comenzaron los problemas. Recuerdo que vinimos aquí, a mi ahora entrañable pueblito, cuando se andaban levantando los puentes de Los Poetas. Toda la coordinación delegacional se presentó pa entrarle parejo a la chamba. Nos citaron frente al Gigante de Santa Lucía, como a las 10 de la mañana. Se daba inicio a un proceso de diagnóstico que culminaría con la entrega de botes de pintura para las colonias marginadas de la zona. Mi mente perversa elucubraba mientras mi lengua bífida destilaba su corrosivo veneno: “huy si, no quieren que los ricos se depriman cuando pasen por aquí hechos la chingada en sus coches, teniendo por vista las casas de los chingados pobres, ‘pus ahí de menos que pinten sus fachaditas’ se me hace que dijeron en la pinche Secretaría”. Algunas compañeras nomas se cagaban de la risa con las pendejadas que decía, ya saben, “comunicación popular”. Peinamos la zona desperdigándonos por la barranca, tocamos puertas, llenamos formularios: ¿cuántas personas viven aquí?, ¿cuántos focos tienen?, ¿ingreso promedio de la familia al mes? , ¿cuántos cuartos tiene sin incluir cocina y baño?, ¿vive aquí algún beneficiario de los programas sociales de López Obrador?... pura puta miseria que vertida en formularios sirvió, no sólo pa regalar pinturita, también pa recabar información y levantar todo un padrón de la zona. Acciones similares se realizaron en toda la ciudad, poco a poco fue posible localizar a los elementos que harían talacha durante campaña, y ya consumado el fraude, quienes se movilizarían enjundiosamente a posteriori. Comenzaba el entramado que degeneraría en una “estructura paralela” al PRD: las redes ciudadanas.

Cuando fuimos a Las Águilas fue él mismo pinche pancho. Resulta que en la colonia donde vivía Feli-Pillo se construía por aquel entonces un chingado “deprimido” que los comunicaría en corto a Rómulo O´Farril pa después quedarse atascados un ratín en Periférico. Pus resulta que acabando las casas de los ricos, al fondo de la barranca de Tarango, se desperdigan las míseras viviendas de cartón, lámina tabla o tabique formando callejones estrechos y sinuosos. Cómo íbamos a buena hora era fácil topar a las doñas en pleno trajín doméstico: fregando platos, lavando ropa, oyendo el radio, cantando. Tomamos como centro de operaciones la casa de Lolis, en una pinche colonia compuesta de unas cuantas manzanas ubicada detrás de las instalaciones de la Cervecería Cuauhtémoc, a un lado de la unidad Plateros. Las doñas nos invitaban a desayunar, nosotros poníamos los chescos, o íbamos por las tortillas, o nomás nos sentábamos a tragar y después nos íbamos a chingarle…

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