jueves, mayo 8

XXXVII. Crónicas de un promotor comunitario VI

Por esas fechas aun no nos pagaban. Resulta que en la otrora Ciudad de la Esperanza el gobierno de izquierda contrató a unos cuantos miles de trabajadores como prestadores de servicios profesionales y después bajo el régimen de honorarios asimilables a salarios (aquí la conciencia del vampiro se retorcía por la culpa –nunca declaró impuestos- y por el miedo –desconoce las atroces consecuencias de su omisión-…. ¡Hay nanita!). El pedo es que bajo esas condiciones, firmando contrato por un año, el puto gobierno no te paga sino pasados casi tres o cuatro meses. La coordinación zonal la componíamos como quince personas: cinco cábulas, de los cuales uno era el coordinador, las demás eran señoras. El brazo operativo, pues, eran cuatro infelices: uno de ellos vivía azotado por la tiranía del matrimonio, restaban tres, que gustaban particularmente de la fiesta. Corría el mes de marzo de 2005, morían de hambre, pero sobre todo morían de sed. Había terminado un ardúo día de trabajo. Después de compartir tres o cuatro pírricas y tristes caguamas fueron atacados por el hambre. Se miraron unos a otros con ojos vidriosos y famélicos, decidieron actuar para resolver su lamentable situación, y de los tres fue el vampiro quien prendió la mecha con su venenosa lengua:

-Pinche gobierno hijo de puta, vé como nos tiene el desgraciado, nomás nos trae en chinga y de nuestro respectivo varo, ¡puro chile!...

-¿Pero tu crees que el Roque Gandallita o Celis Charcos andan aguantando vara como nosotros? Ya vas, esos cábulas son de estructura y hasta les pagan por quincena.

-Simón, hijos de su chingada madre, deberíamos apañarnos unos botes de pintura y pasar acá arriba con el taquero y le cambiamos uno por la trama. De ahí le caemos al depósito de chelas del Olivar y cambiamos un par por unos cuantos cartones de chela…

-Óyeme cabrón, si nomas tienes la cara de pendejo. La neta yo estoy totalmente de acuerdo contigo, ¿y tú cómo vez Sanjis? (al vampiro siempre le emputó que le dijeran así).

-Pus que te voy a responder culey, “no, no mames güey, cómo crees, esto atenta contra mis principios morales”, que chinguen a su madre la ley, la estructura del GDF, Martita Sahagún, Onésimo Cepeda y pásame aquel bote de pintura rosa que ya me veo canjeándolo por un rico y delicioso cartón de veinte vikis.

-Agüevo pinche Sanjis, sabía que no te ibas a rajar, si nomás tienes la cara de putito.

Y así dio inicio la etapa del cinismo y la indolencia: si los conocían por fiesteros, a partir de ese momento les valió madre y sin recato institucionalizaron el desmadre. Aquellos tres pobres diablos entraron en un desparpajado frenesí que no terminó hasta diciembre de aquel año, y fue después que se convirtieron en leyenda, cuando sus hazañas alcanzaron el status del mito…

No hay comentarios: