martes, enero 8

Decimoctava...

... de un vampiro que gusta seguir hablando del coctel


Yo era promotor comunitario. Corría el año 2004 y me encontraba sentando nalga en el Centro Cultural Jaime Sabines. Nos habían convocada a un foro sobre la "Ley de Participación Ciudadana" para nuestro querido DeFectuoso. Quien se encargaba de aquel asunto en la Asamblea y exponía sus razones en el foro, era Aleida Alavés, diputada local por el PRD. No dijo absolutamente nada nuevo, o nada que no nos hubieran previa, redundante, tautológica e insistentemente reestregado en nuestros talleres semanales de "formación y capacitación". Como a mitad del soporífero rollo de nuestra desafortunada ponente me topé con Maron y Cara, dos entrañables y queridísimas vampiritas.

-¿Qué tranza Sabis? ¿Qué güeva de rollo no?- me dijo Cara con ese encantador desenfado que siempre la ha caracterizado.

-¿Simón valedora? ¿Qué les parece si nos hacemos perdedizos y nos vamos a cotorrear?- les propuse no sin malicia e intención.

-Oye, pus eso suena re bien- dijo Marón como despertando de un letargo milenario.

-Pus ya están. Cómo no quien quiere la cosa nos vamos juyendo de aqui y nos vemos ayá afuerita, en el paradero de la Palma. Ahí agarramos el micro pa Chapultepec. Las invito al Castillo.

-¡A chingá! ¿A cuál Castillo?- preguntó mi queridísma Cara con la ingenuidad de un niño.

-Pus al de Chapultepeeeec- dijo el que estas líneas escribe con el tono característico de quien hace burla al que "no entiende" (¿?).

Pues dicho y hecho. Nos vimos en La Palma, tomamos los tres el respectivo microbús con dirección al poniente, fuimos por Revolución, después por Patriotismo. Llegamos al paradero del metro Chapultepec. Caminamos rumbo al bosque. Topamos con postes unifila, Estado Mayor presidencial, sardos, guaruras y demás banda pedorra. Me acerqué a la mesa de recepción. Mis acompañantes lucían garras jipiosas, por no decir folclóricas, y un servidor portaba facha de estudiambre conjugada con la de paupérrimo promotor comunitario.

-Somos becarios del Instituto de Investigaciones Estéticas- dije frente a la mesa de registro al presentarme. -Venimos de parte del doctor Jorge Alberto Manrique-

-¿De la UNAM caballero?- me respondió quien llevaba la lista de asistencia.

-Ni mas ni menos- respondí con aire pedantesco.-Adelante por favor- respondió el tunante, mientras yo me abría paso tomando de los brazos a mis dos queridísimas y jipiosas vampirillas. Abordamos así el trenecillo del Bosque, que nos llevó a las mismísimas puertas del Castillo. De ahí pasamos los tres al alcázar. Había colocadas mesas con manteles largos. Ocupamos nuestros respectivos lugares. No recuerdo cual fue el motivo de la convocatoria, pero los bocadillos de caviar, jamón serrano y angulas fueron inolvidables, tanto como el champán que nos dieron pa brindar. Recuerdo que estuvieron presentes Fox, Martita y el Arzobispo Norberto, detalle que por supuesto, madre nos valió. terminamos comiendo fresas bañadas con chocolate y no dejamos propina al fiel mesero, como cualquier digno representante de la banda eriza hubiera hecho: -carnal, somos hermanos del mismo dolor y sólo la casualidá nos juntó: carezco de peculio mas no de buena intención y mis palabras agradecidas dejo, mis agradecidas palabras doy, porque se que las palabras no son monedas, porque las monedas pobres son- por supuesto, ese choro no convenció al mesero, que nos despidió con semblante hosco y actitud resignada...

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