martes, enero 8

Decimoseptima entrega...

... de un vampiro que gustaba de cazar cocteles

En la dimensión "ondergraunt" de la cultura, habita una especie exotica a punto de extinguirse. Un cerradísimo círculo de banda selecta, que siempre al tanto de la agenda cultural de la semana, no pierden pista de cuando se inaugura una expo en el museo, ni de cuanto libro, diseño o artefacto en los recintos se presenta, es por eso que de manera contundente y efectiva, !me refiero a los que gustan ser de cocteles cazadores!

Yo desconocía esa dimensión de la "cultura", esa misma que hace referencia a los que unos llaman la bohemia y otros la fiesta del desparpajo y el desmadre. Elis me llevó por primera vez a un coctel. Elis conocía (conoce) todos y cada uno de los recintos culturales en el DF (y sabía donde servían los mejores bocadillos). Fue por ahí del año 99 que me invitó por primera vez a salir, nuestra cita sería en un museo.

-Qué onda, vamos al Museo Mural, ahí en la Alameda. Exponen obra plástica y van a dar vinito- me dijo la Elis con actitud de vampiresa y aires de quien sabe lo que dice.-Nel, que güeva- respondí desde la mas abyecta y supina de las inopias.-No seas güey. Ya le dije a una banda y están bien apuntados, saliendo de ahí nos regresamos y seguimos la fiesta aquí, en la Fac- dijo Elis con la paciencia característica del sabio. Estábamos en huelga y los compas habían tomado las instalaciones universitarias, nosotros éramos de Filos, en CU.

-Oye, pus suena bien- respondí de inmediato. Tomé un costal de cebollas que amablemente nos había donado la banda de la central de abasto, lo cargué y colocándolo en el hombro me dirigí a la bodega de una cafetería que se había convertido en comedor comunitario. Elis y yo salimos del comedor rumbo al "aeropuerto", descanso de escalera que hacía la vez de espacio de reunión. La banda ya estaba ahí. Éramos cerca de seis, tal vez ocho. Nos trasladamos en metro. Corría el mes de mayo. Aprovechamos para "brigadear". Nos organizamos por parejas, Elis y yo tomamos un vagón:

-Señores pasajeros, a sólo un mes de haber estallado la huelga en la UNAM, la oligarquía nacional junto con las autoridades universitarias se empeñan en llevar a cabo su plan privatizador y despojar al pueblo de México de un derecho que ha sido ganado con sangre por el pueblo mismo. Es Zedillo, ese tecnócrata y títere de las transnacionales que siguiendo la línea del Fondo Monetario Internacional, y del Banco Mundial, instruyó a su chalán Barnés para que subiera las cuotas. ¡Los estudiantes concientes no daremos un paso atrás en nuestra lucha por la defensa de la educación pública y gratuita! ¡"La universidad es del Pueblo, el Pueblo de la Universidad", dijo algún día el maestro Siqueiros! es por tal motivo que venimos a solicitar su colaboración para mantener esta lucha que no es sólo de nosotros, los estudiantes, sino de todo un pueblo que se levanta por defender su derecho a la educación. !Ora si que con lo que gusten cooperaaar!- dijo Elis de corridito dirigiéndose a su vasto público, mientras yo me limitaba a pasar el bote al mismo tiempo que recogía los volantes de los que no se mochaban.

Cabe destacar que para entonces no se me había soltado la lengua. Mi cabeza estaba hueca. Era incapaz de expresar coherentemente mis ideas (mejor dicho, carecía de las mismas) y mucho menos defender mis puntos de vista (idem). Yo admirba a Elis, considerándola parlanchina, contundente y locuaz. Elis era actriz de teatro y modelo de pintores, escultores y fotógrafos: digamos que no le tenía miedo a casi nada. Cambiamos de vagón, llegamos a la estación Hidalgo, nuestro destino.

-Camarón, ya llegamos. Pasamos por parejas, recorremos la expo y nos vemos en el lobby- indicó a todos y cada uno de nosotros la Elis.

-Simón- respondieron, no al unísono, sino pausadamente y a intervalos, todos y cada uno de los miembros de la brigada.

Los alumnos del Claustro de Sor Juana habían elaborado el montaje tridimensional de "Una tarde de domingo en la Alameda" con maniquíes y monigotes. El coctel se limitó a combinar vino tinto y blanco de mediana calidad. Salimos del museo, construido sobre los escombros del antiguo Hotel del Prado. Ese día me enteré que le buen Diego se había metido en sendos pedos por pintar ese mural. Resulta que al célebre y enjundioso pintor se le ocurrió representar en el fondo del parque, allá en gayola, a Ignacio Ramirez, "El Nigromante" portando carteleta con célebre leyenda: "Dios no existe". No tardaron los estudiantes de arquitectura, universitarios todos, en manifestarse frente al atentado que Rivera cometía contra Dios, las instituciones, y las buenas costumbres. ¡Rojo! !Ateo! ¿Comunista?... ¡Rojo! ¡Ateo!...

Volvimos en metro. Ya no brigadeamos. Pasamos al ahora extinto "De Todo" en avenida Universidad a comprar un pomo, cortesía de un buen camarada que se hacía llamar "Lenin". Seguimos la fiesta. Ya en un salón de la Facultad, Elis bailó como sevillana al compás de música gitana; tenía menos de año y medio que la película Underground había puesto esa música de moda. Recuerdo que en esos años no dejaba de sonar ese "soundtrack" alternándose con Clandestino de Manú Chau. Día y noche, día y noche...

Fue así que yo entré al gremio del cazacoctel...

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