En 2003 no había político mas sonado que el buen Peje, que desde su irrupción en la palestra se apañó de la agenda y definió los temas a tratar. La operación de sus programas sociales corrió a cargo de la DGPC, integrada principalmente por la estructura operativa de las Brigadas del Sol. El esquema de contratación fue por honorarios, y la principal tarea de los exbrigadistas fue operar en territorio los programas sociales “del Peje”. Además de sus funciones institucionales, los promotores intervenían en acciones emergentes o “bomberazos”. Casi tres años después, los compañeros no superaban el trauma de haber repartido placas, nomás por cumplir con el compromiso hecho por el Jefe de Gobierno ¡eso es motivación chingao! Yo caí en blandito tres años después de aquella terrorífica experiencia, que ya pa 2003 se había convertido en mito. Estrenábamos programa nuevo, el PPDC, o programa de participación y desarrollo comunitario. A partir de ahí, los promos nos coordinamos también por especialidad.
Las líneas de trabajo del PPDC se dividían en subprogramas como deporte, cultura, protección civil, seguridad pública, y no recuerdo que otra mamada, el caso es que, en papel, el planteamiento se veía chido, porque servía pa involucrar a los interesados en la gestión comunitaria, el gran pedo fue que, por aquel entonces, la DGPC no tenía atribuciones para gestionar más que ni madres, bueno, digamos que gestionaban lo elemental: espacios, lonas, sillas, tablones, sonido, piñatas, balones, medallas, trofeos, los despojos del tristemente célebre programa “libroclub”, cosas así. La vida se nos iba en operar putos programas y repetir choros, como en la pinche televisión. Recuerdo que mi entrañable Elos, que había entrado a trabajar junto conmigo, la armó de pedo porque la habían integrado al equipo de deporte. Siguiendo los consejos de Yara, la valedora que nos recomendó con la Celis, fue a Coyoacán a buscar al mísmisimo Cervantes pa decirle que la pusieran el equipo de cultura ya que era historiadora y actriz. El pedo es que nunca pudo hablar con Cervantes, aunque, según me contó después, pasó frente a sus narices mientras preguntaba a su asistente por él, pero lo que si logró fue hacerlo encabornar y quemar a Celis con toda la estructura de la DGPC. Elos no duró ni dos semanas, y le agarró gran resentimiento a Rufo, quien iba a ser su zonal, ya que pensábamos que había ido de chiva con Celis acusando a Elos de indisciplinada y rejega. En realidad, nunca supimos lo que realmente sucedió.
miércoles, abril 30
XXXV. Crónicas de un promotor comunitario IV
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