A Karlita
Si, yo vi el disco tirado, abandonao, sobre una alfombra gris, tan gris como la calle donde fue encontrado el “bandoneón arrabalero, viejo fuelle desinflado”. No era pues, de madrugada, pero ahí lo vi, emitiendo prismáticos reflejos de sol. No pude resistir la tentación y lo recogí. Era un CD de tangos, cuyo membrete aludía a “Dos Ídolos” del género. ¿A quienes refería y cual era el genio que a dicho disco correspondía? Ni puta idea. Sólo se que dos rolas llamaron mi atención: Cuesta Abajo y Yira Yira, del compositor Enrique Santos Discepolo. Rolas miserablemente tristes, espacio donde la esperanza se hace trizas. Me encantan. Volteé para ver a Karlita:
-Cámara, te laten los tangos.
-La verdad no mucho, si quieres te lo regalo.
-¿A chinga? No, cómo crees. Es original y está en buenas condiciones.
-No, de veras. Quédatelo.
-¿Tons no te gustan?
-No es eso. Es una larga historia. Después te contaré.
Íbamos en su coche, un Ford Ka. Karlita andaba en busca de un departamento, quería vivir, de preferencia, cerca de la chamba. Me preguntó por chat si sabía dónde se ubicaba un prospecto: Avenida Desierto de los Leones, colonia Tetelpan: “me dijeron que tomara por los puentes” me aclaró. Yo le contesté “simón, pero orita hay rete harto tráfico”. Ella me preguntó: “¿sabes cómo llegar? ¿Me acompañas? “. Yo le respondí que si, que de paso me lanzaba para CU porque tenía que tomar un curso a las cuatro de la tarde. Pasó por mi a la Biblioteca y una vez en marcha le pregunté: “¿tomamos los puentes o nos vamos puebleando?”. Ella eligió la segunda opción: “vámonos por todo Tamaulipas hasta dar con San Mateo, de ahí jalamos pa Santa Rosa. Una vez en Santa Rosa agarramos Desierto de los Leones pasando por San Bartolo y de ahí bajamos a Tetelpan, ¿Cómo ves?”. A Karlita le pareció buena idea, y fue en aquel instante que recogí el dichoso disco.
El tango es triste porque nació en “el arrabal”: los barrios bajos de Buenos Aires, hogar de padrotes, pirujas y ladrones. El tango primero fue música y baile; a principios del siglo XX comenzó a tener letra, recitada en lunfardo: el dialecto del ladrón. Por eso pa entender la letra de los tangos tempraneros hay que consultar el diccionario. El instrumento por excelencia del tango es el bandoneón, primo hermano del acordeón, acompañado por violín y piano. Yo no soy experto en tangos, pero a mi exesposa le encantan: conserva y disfruta una increíble colección en diversos formatos: acetatos, Cd’s, cintas…
El tango fue música de lacras, música underground, de resistencia, digamos que fue contracultura, pero alcanzó altos grados de sofisticación: la música de Astor Piazzola se interpreta por conjuntos de cámara y es ejecutada en salas de concierto. Todo parece indicar que en la actualidad (mi formación de historiador me permite adjudicar al término “actualidad” un rango temporal mínimo de cientociencuenta años a la fecha), la música de vanguardia se ha generado en el underground. el Jazz, el Blues y el Hip-Hop. El reggae y el Punk, el Tecno, música del barrio, música rudimentaria de los marginados: tierra y arena que es oro molido desde la perspectiva del historiógrafo.
Cuando llegamos al lugar nos topamos con el prospecto de casera: imagen horrorosa: blue jeans y camiseta blanca. Anteojos, pelo teñido de rojo y cola de caballo. Entre cuarenta y cinco y cincuenta años: casi seguro que dos hijos: hombres, diecinueve y veinticinco. Señora torbellino pocas pulgas: la casera del terror. El espacio en cuestión parecía un hotel de pueblo colonial, donde los departamentitos se acomodaban en tres plantas erigidas alrededor de un patio central. El departamento se ubicaba hasta el fondo de la última planta. La casera parloteaba sin parar comentando las ventajas que Karlita obtendría por rentar el espacio:
-Aquí no viven vagos, puros estudiantes y trabajadores, y por el carro ni se preocupe que por eso pagamos vigilante toda la noche
-O sea que no hay estacionamiento- interrumpió Karlita.
-Ni falta que hace, si algunos de mis inquilinos traen buenos carros, se queda un Peugot, un Bettle, un Honda y hasta un Ka verde como el tuyo.
-Y se me hace que han de armar sendos reventones, si el patio está re puesto. Ya me imagino ahí en el patio la hielera con las chelas y la musicota y el cotorreo estudiantil. –comenté con la intención de medir el agua a los camotes.
-No, para nada, si todos saben que eso aquí está estrictamente prohibido: nomás se les ocurre y los pongo a todos de patitas en la calle- dijo perentoriamente la terrorífica-casera. Yo dentro de mi pensé: “esta pinche vieja ha de cerrar la puerta a las diez de la noche después de soltar a los perros, ¡hay nanita que miedo!”.
-O sea que no hay estacionamiento- interrumpió Karlita.
-Ni falta que hace, si algunos de mis inquilinos traen buenos carros, se queda un Peugot, un Bettle, un Honda y hasta un Ka verde como el tuyo.
-Y se me hace que han de armar sendos reventones, si el patio está re puesto. Ya me imagino ahí en el patio la hielera con las chelas y la musicota y el cotorreo estudiantil. –comenté con la intención de medir el agua a los camotes.
-No, para nada, si todos saben que eso aquí está estrictamente prohibido: nomás se les ocurre y los pongo a todos de patitas en la calle- dijo perentoriamente la terrorífica-casera. Yo dentro de mi pensé: “esta pinche vieja ha de cerrar la puerta a las diez de la noche después de soltar a los perros, ¡hay nanita que miedo!”.
Karlita y yo salimos de aquel deprimente lugar, y como todavía quedaba tiempo me ofrecí a indicarle la ruta de vuelta; tomamos por río Guadalupe para subir a calzada de la Águilas, una vez ahí no había pierde. Me despedí de ella y tomé mi disco de tangos. No se Karlita, pero por mi parte estaba feliz con la idea de no pisar ese sitio jamás, y nunca tenérmelas que ver con una casera tan horrenda, que no me dejaría invitar a mis cuates a cotorrear, o poner mi disco de tangos a todo volumen mientras canto mi vampírico dolor, u organizar una fiestota con todos los inquilinos y además invitar a una bandota de locos extravagantes que nunca deben faltar en toda buen reventón. Qué vida más miserable si no.

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