Oficialmente, yo era promotor vecinal. Fue un poco extraño. Caí por pura casualidad. Unos amigos recomendaron a mi entrañable Elos. A mi también me llamaron. Me cayó de perlas porque andaba, para variar, otra vez buscando chamba. Corría el año 2003. La propuesta sonaba tentadora. No hay horario, tu solito te organizas, es de campo, queda a 15 minutos caminando desde Filos. Nombre, pus suena chingón.
Nos organizábamos por zonas. Un coordinador zonal a cargo de quince promotores. La división territorial, por obvias razones, seguía la pauta prescrita por el IFE, y su lenguaje burocrático fue moneda de cambio entre los cuadros administrativos de la Dirección General de Participación Ciudadana. En resumen nos desperdigamos en colonias que, a mi precario entender, cumplían con dos condiciones: marginación y votos a favor de la izquierda institucional. Tiempo después me di cuenta que muchas de las organizaciones afines sólo habían cambiado de color, ya que mis camaradas “pedorristas” se montaron sobre los restos de la estructura que dejó la operación territorial del tristemente célebre PRONASOL (Programa Nacional de Solidaridad, quien no recuerda aquellos jodidos comerciales, “don Chema, don Chema, ya tenemos carretera”… ¿era don Chema?, ya ni me acuerdo tu). Cierta vez tuve que ir a parlar con una tal doña Lupe, antaño operadora del PRI y en ese entonces desencantada del efervescente pejismo. “No joven, yo no quiero que me vengan a chingar, a mi denme dinero, me vale madre la comunidá. Mire joven, años que me chingué pal puto partido, ¿y qué me dejo?, pura de aire jóven, pura de aire, si me perdona usté la expresión. Mire, ya tiene un rato que vino otro joven con chingo de carteles y putería y media que me dijo, con otras palabras, las mismas pendejadas que me acaba de decir usté, por supuesto le contesté igual que a usté: a mi denme varo, lana, dinero, billete. Si no trais dinero no me estés chingando”. Con todo y todo, la ruca tenía su personalidad, hagan de cuenta Isela Vega tal como luce hoy día y hablando como si fuera la Marquesa del la Rivera del Puto Río Guadalupe de Ampliación las Águilas Colindas Pasadas con San Clemente.
Después conocí a don Rafa (¿era don Rafa, o habrá sido don Felix o don Beto?, la mera verdad no recuerdo muy bien a cual nombre respondía aquel cábula). La misma finta, mismo choro, pero en lugar de la cantaleta sobre el varo aquí preponderaba la relevancia dentro de la política del barrio. “Yo no fui cualquier baba de perico joven, yo fui coordinador distrital del partido- me iba diciendo mientras sacaba de su cartera una credencial amarillenta con el membrete del puto PRI- mire nomás joven, pa que vea que no le miento, aquí mero dice: “Co-or-dinador, Dis-tri-tal”- me dijo mientras sostenía la credencial frente a mis ojos y señalaba con su mugrienta uña el triste título que lo acreditaba como operador social del salinismo. En la foto lucía bigote y canas al estilo J.J. Jason, pero como tirándole a un Mauricio Garcés ya muy dado a la chingada. Pa no hacer el cuento largo, digamos que las mismas mamadas que me había dicho doña Lupe me las dijo, con otras palabras, el chingao don Rafa…
jueves, abril 24
XXXII. Crónicas de un promotor comunitario I
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